Sergio Iglesias
Periodista, especializado en información cultural / Kazetaria, kulturan espezializatua

Sobreponiéndose a la adversidad de la mejor manera

A pesar de la baja a última hora de Tom Morello, las personas que asistieron a la primera jornada puedieron disfrutar con los conciertos de Dea Matrona, Cracker y Chris Isaak, quien cvelebró con el público su 70 cumpleaños. 

El concierto de Chris Isaak puso la guinda a la primera jornada.
El concierto de Chris Isaak puso la guinda a la primera jornada. (Aritz LOIOLA | FOKU)

Tras una semana extremadamente sofocante, todo estaba preparado para comenzar una nueva edición del BBK Legends, que cumplía sus diez años de vida, y que comenzaba con el disgusto recibido en la víspera con la caída del cartel de Tom Morello, a causa de problemas de salud de su ama. Así que, lo primero, desearle todo lo mejor al músico estadounidense y su familia.

Pero bueno, que las circunstancias son las que son, así que, en vez de lamentarnos, es mucho mejor disfrutar de lo que ha quedado… que no es poco.

Para comenzar, un menú triple para la jornada inaugural que, sin duda, le ha quedado de lo más variado a la organización.

Como aperitivo, pudimos disfrutar de una gran sorpresa con la actuación de Dea Matrona, o lo que es lo mismo, la banda liderada por las irlandesas Orláith Forsythe y Mollie McGinn, admiradoras del hard rock y el blues clásico, y que llegaron a Bilbo con la intención de dejar claro que no venían como simple relleno del cartel. Y sin verse intimidadas por la presión de los bolos de festival de primera hora, las artistas supieron ganarse al público, que fue llenando poco a poco el Bilbao Arena, enganchado por la original y auténtica propuesta de Dea Matrona.

Con un setlist en el que combinaron temas de sus dos trabajos discográficos editados hasta el momento, “For your sins” y “Hate that I care”, comenzaron muy arriba, con “Red Button”, un recital de alrededor de una hora en el que demostraron su capacidad vocal y musical en todos los aspectos, transitando por el pop de piezas como “Stuck on you”, “Magic spell”o “My own party”, intercaladas con la crudeza de “Get my mind off”, o el espíritu country de esa preciosa balada que es “Glory Glory (I am free)”.

También se sintieron muy cómodas en registros más cercanos al blues rock, como en “So damn dangerous”, y cuando se acercaron a la canción tradicional con la combativa “A rebel song”, homenaje a su idolatrada Sinead O´Connor, y en la que reivindican su identidad irlandesa. Pero es que eso no es todo, porque las de Belfast tampoco hacen ascos a los sonidos ochenteros, como demostraron en la empoderada “Nobody´s child”.

Esencia de rock americano

Tras este primer chute de energía, todo estaba preparado para recibir a Cracker, una de las bandas más prestigiosas de los 90 y los 2000, y que llegaban hasta Bilbo para traer la esencia del rock americano, haciendo las delicias de la amplia legión de seguidores y seguidoras que tienen por aquí, tal y como atesora el hecho de que, hace tan sólo hace unos meses, agotaran las entradas para su concierto en la bilbaína Sala BBK, en un bolo que parecía anunciar el principio del fin de la banda.

Algo que, por suerte, todavía no ha sucedido, y que esperemos que no suceda en mucho tiempo, porque los de Virginia son una de esas bandas infalibles, por las que siempre merece la pena pagar una entrada. El concierto del Legends no fue una excepción, y es que salieron con todas las ganas del mundo con un “St. Cajetan” que sonó como una declaración de intenciones de lo que íbamos a vivir en los siguientes 60 minutos: una hora de puro ROCK… así con mayúsculas, en la que David Lowery, Johnny Hickman y los suyos demostraron por qué existen tantos grupos actuales que los nombran como referentes.

Perfección absoluta en un repertorio que repasó las diferentes épocas de la banda, con himnos ya clásicos como “Euro Trash Girl” o la cruda y maravillosa “Low”, intercalados con medios tiempos como “The Golden age Steel”, o piezas más rockeras cercanas al punk como “Teen Angst (What the world needs now)”. Destacó en una banda sobresaliente la potencia escénica de su última incorporación: la violinista Anne Harris, un auténtico torbellino que aportó una nueva visión a las canciones de Cracker, que también cuentan en sus filas con un fuera de serie como el bajista Bryan Howard, que se lució cantando el “You Aint Goin’ Nowhere” de Dylan.

Lowery y Hickman, como ya es habitual, intercalaron su trabajo en las voces y repasaron las ya habituales versiones de Status Quo y el emocionantísimo “Loser” de Jerry García, para acabar en todo lo alto con la estremecedora “Another song about the rain”, con el que se daba por finalizado un concierto perfecto, pero eso sí, demasiado corto. Una pena no haber podido disfrutar un rato más de la que, sin duda, es una de las grandes –si no la más grande– bandas del rock americano.

Celebración de cumpleaños

Para finalizar, en el Legends teníamos una cita marcada en rojo desde hace meses, con la celebración del cumpleaños de Chris Isaak, quien justo cumplía 70 años el mismo 26 de junio. ¡Y qué mejor forma de celebrarlo que disfrutando de un bolo superlativo en Miribilla!

Y es que ya se nos acaban los adjetivos para describir el directo del californiano, que al igual que hiciera hace tres años en este mismo recinto y en este mismo festival, nos volvió a dejar entusiasmados con un espectáculo mayúsculo, en el que creo que no faltó ni uno solo de esos himnos que todos y todas esperábamos.

Comenzando con “Beautiful homes” y terminado con el swing de “The way things really are”, el músico y actor estadounidense ofreció un show en el que demostró con creces su reinado en un género, el del rock and roll clásico, que se le queda pequeño, y que completa con revisiones a estilos como el country en “Don´t leave me on my own”, el boogie en “Put out your hand”, los ritmos fronterizos de “Spanish sky”, el pop de “Two hearts”, e incluso el espíritu cabaretero de “Baby what you want me to do”.

Siempre acompañado de una banda impecable, Isaak se lució a las voces, e interactuó continuamente con un público entusiasmado y entregado a su ídolo, quien supo corresponder a ese cariño –el artista recibió un cálido homenaje en forma de obsequio y un “Zorionak zuri”, cantado por todos y todas las presentes– con una entrega absoluta, regalando momentos únicos, como cuando bajó a cantar a la pista, o como cuando se hizo el silencio en el recinto con su interpretación de “Wicked Game”, uno de esos temas que no podía faltar en su repertorio, al igual que “Blue hotel”, “Speak of the devil”, “San Francisco days”, “Black Flowers”, o por supuesto, “Baby did a bad bad thing”.

Tampoco faltaron los homenajes ya habituales a sus grandes ídolos Roy Orbison y Elvis Presley, e incluso una revisión del “I´ll go crazy” de James Brown, y otra de “Shake your hips” de los Stones. También tuvo tiempo el héroe de la noche para repasar su castellano con una valiente versión de “La tumba será el final”.

Un set-list que corta la respiración solo con leerlo, y que el californiano supo, como siempre, llevar a buen puerto, dejándonos para el recuerdo otra noche mágica, como cada vez que se deja caer por aquí. Un ejemplo de actitud, de saber hacer y de amor por la música. Sin duda, lo más importante para convertirse en la auténtica leyenda que es a día de hoy.

Así es cómo ha dado comienzo una nueva edición del Legends que, de momento en su primera jornada ha demostrado que siempre hay que saber sobreponerse a la adversidad y a los imprevistos. Y si es con conciertos y bandas como las de hoy, muchísimo mejor.