2022 UZT. 20 - 09:00h Vuelve el Palio de Siena, vuelve Italia Tras el parón por la pandemia, este julio ha vuelto una de las carreras de caballos más famosa del mundo. Con cambios y polémicas, pero el mismo espíritu. Es Siena, es Italia. Velocidad y riesgo máximos en esta competición ancestral. (Alberto Pizzoli | AFP) Alessandro Ruta Imaginémonos una ciudad del tamaño de Irun o Santurtzi que tenga 17 equipos de fútbol o 17 traineras. Sería bastante locura simplemente establecer donde tienen que jugar todos. E imaginémonos entonces que se dispute una única competición, o mejor dicho, dos, en el mismo lugar: la plaza más icónica del centro. Sería otro tipo de locura. Pero no estamos en Euskal Herria, sino en una de las zonas más encantadoras, de Italia sin duda y de Europa también: Siena. En la Toscana profunda, con sus colinas verdes y sus «strade bianche» recientemente descubiertas por el ciclismo profesional, la ciudad y sus entornos son unas auténticas maravillas. Y, sin embargo, en este escenario idílico persiste uno de los ritos más salvajes de la cultura y del gusto italiano, que este año ha vuelto después del parón provocado por la pandemia: es el Palio, la carrera de caballos que sigue haciendo estallar polémicas y debates. Y que en cualquier caso es el alma viva de Siena, una representación en pequeño del Belpaese.Vocabulario paliesco Se disputan dos Palios durante el año: el del 2 de julio y el del 16 de agosto, el de «la Virgen de la Assunta», seguramente el más importante con todo el respeto al primero. Los habitantes de Siena, sin embargo, viven la carrera durante los doce meses: todos son amigos hasta que la pista decide, pero en las semanas anteriores al evento hay gente que ni se mira ni se habla. Tensión, rabia, a veces odio, y verdadero disgusto para el perdedor. Lágrimas de emoción por la victoria en el Palio de julio. (Alberto Pizzoli | AFP) Solamente las guerras pararon el Palio, hasta que llegó el covid. Y siendo la carrera un exagerado productor de aglomeraciones, nada mejor que suspender todo hasta nuevo aviso: nada en 2020, nada en 2021, y al fin semáforo verde para 2022. Han vuelto así los días del Palio, con todo su vocabulario incluido, un léxico que entra con fuerza no solo en Siena, sino en Italia entera. La palabra «palio» significa «premio», pero no es la única popularizada. Los barrios de la ciudad se definen «contrade»: cada una tiene un símbolo, que puede ser un animal (jirafa, pantera...), un edificio (torre), otras expresiones de la naturaleza (una ola, la selva, el bosque...). Todo ello con una pronunciación toscana imposible de obviar, tipo la «tartuca», tortuga, que hay que pronunciar sin la «c», «tartuha». Y luego el caballo «scosso», o sea «sacudido», cuando ha perdido a su jinete por caída. O el «di rincorsa», el que viene desde atrás al principio de la carrera y establece el momento más oportuno para empezar después de haber visto a su rival mal colocado. Hay obvio riesgo de matar a algunos caballos (42 desde 1975) pero nadie ha podido parar esta tradición hasta ahora. Allí, con la «mossa» entre «canapi», entre las cuerdas, se da el pistoletazo de salida y empieza la verdadera locura, tres vueltas a la Piazza del Campo con las inverosímiles curvas del Casato y San Martino, a toda velocidad. Con el obvio riesgo de matar a algunos caballos, como ha ocurrido tantas veces (42 desde 1975) provocando el enfado de los animalistas. Pero el Palio es una tradición tan milenaria y erradicada que nadie ha podido pararlo. Menos las guerras mundiales y el covid, como queda dicho. Un jinete herido en la carrera de este julio. (Alberto Pizzoli | AFP) Cambio de plan La carrera de este año ha generado muchas expectativas, como todas las manifestaciones que en el mundo han vuelto después del parón pandémico. Para empezar, ¿cómo gestionar los nuevos protocolos de distanciamiento social? Piazza del Campo llena durante el Palio es un party para cualquier virus, así que imaginadlo para uno muy contagioso tipo ómicron 5. También las calles laterales, donde se consuman las cenas, las bendiciones de los caballos y los desfiles de las «contradas». «Pues a mí el ‘bicho’ me ha pillado –admite Andrea, periodista que ha ido al Palio del 2 de julio. Afortunadamente, no de forma grave, porque ya tenía bastantes anticuerpos. Pero entre miles de personas es claro que te puede pasar». Los puristas han puesto en el grito en el cielo por Pierluigi Pardo, el locutor elegido; algo así como poner a Manolo Lama a comentar los encierros El caso es que había que estar este año, sí o sí. En la plaza o en frente de una televisión, a pesar del cambio radical que han padecido las emisiones: de hecho por primera vez el Palio no ha sido emitido por la RAI, la cadena pública, sino por la privada La7. Y como comentarista se ha optado por un rostro conocido pero muy vinculado con el futbol: Pierluigi Pardo. Prácticamente como poner a Manolo Lama comentando los encierros de Sanfermines. Para los puristas esta es una tomadura de pelo sin antecedentes. A pesar de eso la retransmisión ha sido una de las mas vistas en la historia de La7, con una audiencia del 10%. ¿Y Pardo? «Sanza infamia e sanza lode», como diría Dante Alighieri en su ‘Divina Comedia’, «sin fallos pero sin elogios». La primera carrera del año se ha visto plagada por inconvenientes de la última hora, incluso el retiro de cuatro participantes: Istrice, Civetta, Leocorno y Bruco. Dos de ellos por razones veterinarias; los otros durante la «mossa», antes del pistoletazo de salida. De esa forma solamente han sido seis en la Piazza del Campo, con victoria de la «contrada» del Drago y el jinete Tittía triunfador por tercera vez consecutiva. Orgullo y fiesta «Lo más importante ha sido volver a respirar el aire de fiesta –nos asegura Riccardo, «senese» de la Torre, «contrada» de color morado y que mantiene una extrema rivalidad con la Onda–. El Palio es el vestido bonito que cada uno se pone el domingo, es intensidad y dolor, orgullo para los ciudadanos y curiosidad para los turistas. Es la imagen bonita que Italia da en el mundo». Una micro-Italia, sí, eso también es la carrera de Siena. Un todos-contra-todos sin iguales probablemente en el mundo, donde la derrota del rival, igual en una foto finish, puede ser más celebrada de una victoria de la propia «contrada». Fervor en cada «contrada» en este pugna entre particularismos. (Alberto Pizzoli | AFP) «El Palio es vida, es la posibilidad de tener una segunda familia, la ‘contrada’, que te sigue desde el bautismo hasta las bodas: si no estuviese te dejaría un vacío enorme», explica Claudio, un colega que me invitó en 2009 a vivir los días de la carrera en su barrio, el de la Onda. Cabe recordar que antes de la unificación no solo la región de Toscana era un Estado aparte (un Gran Ducado, más concretamente, con la familia Medici a la cabeza), sino que la misma Siena era a su vez independiente. Estamos hablando realmente de un mundo único. La «contrada» es la manifestación del «particulare» de Gicciardini, que pensaba que el aspecto más propio y característico del ser humano era el cultivo de su entorno La palabra «contrada» es única, y lleva incluido ese «contra» que lo dice todo. Cada una piensa en su propia satisfacción, el vecino es un enemigo, pero no en el sentido de la destrucción sino de la prevalencia del particular, el mítico «particulare» que inspiró Francesco Guicciardini en el siglo XVI. Este historiador, que fue también embajador de Florencia en el Reyno de Nafarroa, pensaba que el aspecto más propio y característico del ser humano era el cultivo de su entorno sin preocuparse mucho de los demás. Una actitud muy italiana, pueblo probablemente demasiado individualista, pero que sabe regalar manifestaciones de su esencia como el Palio di Siena.