Consentimiento en la alimentación infantil
A los niños, como a la mayoría de las personas, se les debe recomendar la mejor alimentación posible, y lo ideal es fomentar una dieta sana y equilibrada. El consentimiento de madres y padres sobre la nutrición de sus hijos e hijas es un derecho y ellos pueden hacer valer esa condición.

El consentimiento de madres y padres en la alimentación infantil es un derecho fundamental y un proceso continuo donde los progenitores toman decisiones autónomas sobre la nutrición de sus hijos, respaldados por la patria potestad, especialmente en contextos escolares, familiares o médicos y cuyo objetivo es respetar la autonomía del niño y fomentar hábitos saludables.
Algunos aspectos generales, pero que son clave en este hecho, son, por ejemplo, que solo los padres y madres tienen la responsabilidad de guiar la alimentación de sus hijos, lo que incluye la toma de decisiones informadas sobre la dieta. Para ello, deben estar debidamente informados sobre las recomendaciones nutricionales y el desarrollo del niño. Por tanto, este consentimiento debe incluir la toma de conciencia sobre el tipo de alimentos ofrecidos, promoviendo una dieta equilibrada y evitando productos ultraprocesados y aquellos no recomendados por ser peligrosos en relación a la edad y el desarrollo de la criatura.
En este sentido, está claro que en el entorno escolar los padres pueden (y deben) firmar formularios de consentimiento que autoricen o denieguen ciertas prácticas alimenticias, como el refuerzo en comedores escolares. No está permitido forzar a un niño a comer en la escuela, prevaleciendo la voluntad de los padres, así como el ofrecimiento de alimentos malsanos (yogures azucarados, galletas, bollería...).
Pero, ¿qué ocurre cuando el menor está al cuidado de algún familiar? Pues que el consentimiento, en este caso verbal, debería implicar exactamente lo mismo; no obligar a la criatura a comer bajo ningún pretexto y sin practicar ninguna maniobra de despiste (pantallas) o chantaje (usar juegos u otros alimentos como moneda de cambio), no ofrecer ningún alimento que los padres hayan expresado que no desean que su criatura coma y, por supuesto, no dar ningún alimento que pueda poner en riesgo al menor (algunas frutas como uvas enteras, frutos secos enteros o caramelos, ya que por su tamaño suponen alto riesgo de asfixia).
Recordemos que la educación y seguridad alimentaria tiene como objetivo asegurar el bienestar y la salud a corto y largo plazo del menor. No son manías, ni son modas, es avance en la evidencia científica.





