2015/06/07

El quién es quién de la nutrición
XANDRA ROMERO
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Vamos a intentar desenmascarar a los “buenos” y los “malos” en este juego de la alimentación. Y es que, aunque parezca que está todo dicho, en cuestiones de ciencia nunca hay un punto final. Porque sí, la nutrición es una ciencia y, como tal, avanza y cambia constantemente.

Los carbohidratos. Si hay un grupo de nutrientes eternamente vapuleados, esos son los carbohidratos. Hay un mito que se puede encontrar en boca de casi todos, incluidos profesionales sanitarios (sí, también algún dietista-nutricionista), y que se basa en la idea de que los carbohidratos se absorben muy fácilmente. Por lo tanto, a la noche, nuestro cuerpo, al no tener en qué gastar esa energía, la va a almacenar en forma de grasa. Sin embargo, según varios estudios, durante el tiempo de sueño nuestro gasto calórico no se ve apenas alterado con respecto al gasto en reposo cuando estamos despiertos.

Además, no hay estudios de calidad que demuestren que, a igualdad de calorías, los que comen hidratos por la noche engorden o que los que los eviten, adelgacen.

Las grasas saturadas. Hasta ahora, las grasas saturadas eran el diablo de la nutrición. Pero los avances han conseguido que, así como en su día se atribuyó a todas las grasas un perfil negativo sobre la salud y hoy sabemos que no es así, ahora conocemos que todos los ácidos grasos saturados no son iguales en su estructura química y, por ello, su funcionamiento metabólico tampoco.

De hecho, la Academia Americana de Nutrición y Dietética (AND) afirma que ningún estudio científico de los publicados hasta el momento en humanos ha sido capaz de asociar el consumo de grasa saturada con enfermedad cardiovascular.

El huevo. Hasta hace relativamente poco era del bando de los “malos”, ya que aumentaba el colesterol, por el alto contenido en este que tiene, y podía pasar a la sangre, incrementando así nuestras cifras de colesterol. Pero, en la realidad, los huevos contienen 211 mg de colesterol y al ingerirlo, no todo es absorbido. Además, el cuerpo (sano) tiene la capacidad de regularlo fabricando menos colesterol.

Los estudios han demostrado que los huevos aumentan el “colesterol bueno” y no incrementan el riesgo de enfermedades del corazón. Ahora es de los “buenos”, aunque algún sanitario aún recomiende prescindir de él en esas “dietas del cajón”.

Los lácteos. Hay quien asegura que «somos los únicos animales que consumimos leche durante la edad adulta». ¿En serio? ¿Qué tiene esto de científico? Nada. Somos el único animal que hace muchas cosas.

Por fortuna, aparte de la charlatanería, se han publicado muchísimos estudios epidemiológicos (aquellos que establecen la relación entre las causas de la enfermedad y su influencia en la aparición de la dolencia) en los que se ha demostrado, por ejemplo, que a diferencia de lo que argumentan algunas voces pseudocientíficas, un mayor consumo total de lácteos se relaciona con una menor incidencia de cáncer de mama, de cáncer colorrectal, de diabetes y síndrome metabólico. Además, estos estudios determinan que una mayor ingesta de lácteos se relaciona con una mayor supervivencia. Conclusión, los lácteos son saludables y se asocian a una menor mortalidad.