2017/07/16

Perspectiva
IKER FIDALGO ALDAY
964_panoramika

El devenir de los acontecimientos marca los parámetros de la sociedad en la que vivimos. Las circunstancias socioeconómicas condicionan –y son condicionadas– por los códigos culturales que nos definen. A la creación cultural debemos exigirle, por tanto, una adecuación a su tiempo, una cercanía al mundo al que pertenece y una sensibilidad con el entorno en el que se desarrolla. Por otro lado, desde una visión crítica, es nuestro deber entender el terreno en el que se desenvuelve, así como ser conocedores de los puntos de origen. Dicho esto, la exposiciones que presentamos a continuación, aunque desde una perspectiva dispar, requieren este esfuerzo en su valoración. Una, por tratarse de dos artistas de épocas diferentes pero unidas bajo el lazo familiar. Otra, por tratarse de un creador multidisciplinar de amplio bagaje, capaz de controlar la realización de un complejo montaje digno de visitar.

La sala Luis de Ajuria de la Fundación Vital de Gasteiz acoge hasta el 29 de este mes la muestra “Los Arraiz”. El tiempo que separa las generaciones de Clemente Arraiz (Gasteiz, 1879-1952) y su hijo Jesús Arraiz (Gasteiz, 1898-1980), se hace visible en el espacio que ambas trayectorias pictóricas comparten en la capital alavesa. Una decena de trabajos del primero, junto a casi una treintena de piezas del segundo, componen una sugerente propuesta en la que dos estilos diferentes encuentran un espacio compartido. De un encuentro generacional casi tan real como una conversación padre-hijo en la que distintos mundos están condenados a quererse pero no necesariamente a entenderse, surge un diálogo entre dos formas de hacer pintura completamente diferenciadas. Frente a la quietud del bodegón y los cuadros florales de Clemente, surgidos de una práctica aparentemente sosegada, encontramos la representación de la figura dominada por la luz, el tintineo del reflejo y un coqueteo con el impresionismo que denota una cercanía al que fuera su maestro, el también pintor gasteiztarra Ignacio Díaz de Olano.

Por su parte, el espacio bilbaino Carreras Múgica nos ofrece hasta el 21 de julio la oportunidad de disfrutar del trabajo del creador peruano Armando Andrade Tudela (Lima, 1975). “El hueso tallado” es una propuesta de instalación que demuestra una de las vertientes creativas del autor cuyo espectro disciplinar incluye un uso regular de técnicas fotográficas, vídeo, dibujo, escultura e incluso espacios para el lenguaje documental. Estas maneras garantizan entonces un control espacial y expresivo que se hace notar en el proyecto que nos ocupa. De una pulcritud formal muy reseñable, varios elementos se apoderan de un lugar que bien podría jugar en su contra. El dominio de la disposición sobre suelo y de la convivencia matérica articula el diálogo interno del compendio total de piezas, en donde las relaciones que provoca entre ellas son capaces de mantener distintos puntos de interés que juegan con las intensidades que conviven con la arquitectura de la sala. Serigrafía, video, escayola..., todos ellos se conjugan en un equilibrio que merece la pena ser escuchado.