2017/08/13

Erreportajea
El colorista mundo de las portadas de LPs
Discos tatuados

De los simples textos explicativos del producto, en la prehistoria discográfica, a la fascinante evolución posterior, las portadas de discos son un peculiar reflejo de la creatividad contemporánea. El nuevo libro «Vinilos» homenajea a los LPs y analiza 250 emblemáticas muestras de esa particular disciplina artística que un día invadió la cultura universal.

Iñaki Zaratiegi
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El comercio del ocio para jóvenes se expandió en los años 50-60 del siglo XX sobre la ola del desarrollismo consumista. La música popular fue el negocio mayor y emergió un mercado de soportes grabados y aparatos reproductores. En 1877, Thomas Edison había descubierto los cilindros del fonógrafo y en 1894 vio la luz el gramófono de Emile Berliner para discos de goma o pizarra cortados lateralmente y envueltos con textos explicativos. En 1911, las tiendas empezaron a personalizar los envoltorios. En 1939, la compañía Columbia sustituyó el cartón marrón por portadas diseñadas. Los discos a 33 revoluciones (long play o LP) en policloruro de vinilo acompañaron pronto a las copias a 45 revoluciones. La explosión del jazz, folk, pop-rock y otros géneros tuvo eco en el diseño, la estética y la moda, y se asentó la práctica de usar portadas (covers), contraportadas e interiores, el círculo interno de los plásticos y hasta el propio vinilo (picture discs) como espacio creativo.

El diseño para discos se convirtió en nuevo campo artístico y aparecieron los primeros libros sobre el fenómeno: la colección inglesa “Album Cover Album”, a cargo de los diseñadores Roger Dean y David Howells. Hoy, los libros que analizan carátulas se cuentan por docenas. Por ejemplo, “Vinilos. Historia ilustrada del disco”, “Las mejores portadas de discos” o “Veneno en dosis camufladas” (sobre la censura franquista). Y hasta “Gracias por la música. Portadas de CD y cassette hechas en casa”, de Xavier Carbonell y Joaquín Gáñez, en colaboración con Arteleku y BilbaoArte.

Este año ha salido “Vinilos. Las mejores portadas de discos de la historia” (editorial Lunwerg), de los franceses Richard Gouard, Christophe Geudin y Grégory Bricout. Un homenaje al «objeto» disco con más de 250 tapas, rarezas y desplegables. Incluye conversaciones con diseñadores y la colaboración de Ian Anderson (Jethro Tull) y Jon Anderson (Yes). También son numerosas las páginas web, tipo Coveralia.

Pioneros y los felices 60. Existió ya un núcleo de grafistas para discos antes del boom de los 60. El gran pionero fue Reid Miles para el sello jazzístico Blue Note, con más de quinientas carátulas en once años. Desde el inicio hubo referencias artísticas y modernismos: el pintor expresionista Buffet se sirvió del ojo de Ella Fitzgerald en “EF Sings the George and Ira Gershwin Song Book” y en otro disco de Ella se usó una pintura de Matisse. En el noveno disco de Sinatra “In the Wee Small Hours” (1955) el fotógrafo Claxton y el grafista Steele consiguieron que la cubierta hiciera justicia al triste tono de las canciones. “Kind of Blue”, de Miles Davis, lució también una carátula, a cargo del fotógrafo Jay Maisel, a la altura de la elegancia del trompetista.

Y llegó el rompedor rock&roll. El álbum de debut de Elvis Presley en 1956, con un juego de letras en rosa y verde, marcó influencia y sería «homenajeado» después por los Clash, remedados a su vez por Siniestro Total, cambiando la guitarra por la gaita gallega. Otras muestras de pionerismo fueron, por ejemplo, “Here’s Little Richard” (1957) o “After School Session” de Chuck Berry (1957). Bob Dylan estrenó en 1966 con “Blonde on Blonde” el formato de álbum doble, abierto y desplegado. Los músicos más relevantes contaron pronto con una rica colección de portadas tras las que había un gremio de especialistas. El sencillo envoltorio que protegía al acetato sonoro se metamorfoseó mezclando diseño, foto, ilustración, tipografía, pintura, dibujo, cómic, serigrafía y otras novedosas combinaciones. Se llegó incluso a innovar con el material: Camel usaría madera, Chicago algo similar al cuero o The Durutti Column ¡lija con la que rayar las portadas vecinas!

The Beatles encabezaron la renovación gráfica desde sus singles en blanco y negro a portadas de LPs como la muy copiada “Sgt. Pepper’s”, el enmarañado “Revolver”, el paso de peatones de “Abbey Road” o el atrevimiento de una cubierta en blanco. Jethro Tull editó “Stand Up” con el truco pop-up de las figuras elevables de los libros infantiles y elaboró también un periódico desplegable para “Thick as a Brick”. Se inauguraba la variante discos objetos (de la ruedita giratoria de Led Zeppelin al mechero Zippo de Marley). La sicodelia aportó obras de los propios Beatles, Cream, Doors, Grateful Dead, Pink Floyd, Santana y otros. Las nuevas libertades permitían polémicas portadas sexuales: Blind Faith, Jimi Hendrix, Led Zeppelin, Velvet Underground o los calentorros Ohio Players. Hicieron aparición como portadistas pioneros del cómic adulto (Crumb, Liberatore, Moebius) y surgió la cultura del poster o el logotipo rockero: de la lengua Rolling Stones y la manzana Beatles al rayo AC/DC o el monstruo Eddie de Iron Maiden que está hasta en los videojuegos.

Los «arties» años 70 y la explosión punk. El pop-art se asomó a las salas de exposiciones con Andy Warhol, autor del plátano de “The Velvet Underground & Nico” o la cremallera de “Sticky Fingers” de los Rolling. Se notó la influencia del Art Deco o del Art Nouveau, desplegó su imaginería la elegancia chic (Roxy Music, David Bowie…), renovadores fotógrafos (Avedon, Mapplethorpe, Leibovitz, Robert Frank, Toshi, Newton, Irving Penn o más tarde Anton Corbijn) consagraron nuevas estéticas y hasta los músicos pintaron sus portadas, incluidos autorretratos (Bob Dylan, Joni Mitchell).

Destacaron los trabajos del estudio británico Hipgnosis o de Roger Dean, que convivieron pronto con la nueva savia (Jamie Reid, Peter Saville) y el portadismo vivió años brillantes: las fantasías del rock sinfónico, la modernez de Peter Gabriel, Robert Fripp y Brian Eno..., el diseño industrial de los germanos Kraftwerk, la sofisticación de B-52’s o el artwork casi adolescente de las pioneras Runaway, que compartían espacio con el refinamiento de Joe Jackson o la originalidad de Todd Rundgren, entre otros muchos.

El rock duro introdujo la estética de lo oscuro y mortal y la cultura musical sería reinventada por el punk, con notoria influencia en el diseño: la tipografía de Sex Pistols, el equilibrio entre naturalidad-marketing de The Clash (sus fotos de la Policía londinense eran del fotógrafo pamplonés Jesús Redondo, firmadas como Rocco Macauley), el desaliño macarra de Ramones, el tartazo de The Damned...

Prolíficos años 80. La época que precedió a la popularización del CD y caída en desgracia del LP fue también rica en el campo gráfico con presencia de creadores como Basquiat, Haring o Jean-Paul Goude y guiños como el de Bow Wow Wow con el cuadro “Almuerzo sobre la hierba” de Manet. La desaceleración punk tuvo su emblema en “End of the Century” de Ramones, modosamente fotografiados en camisetas de colores por Mick Rock (que trabajó para Lou Reed, Queen o Iggy Pop). Más atrevida fue Debbie Harry, que debutó al margen del grupo Blondie (con grandes portadas como “Parallel Lines”) atravesada por agujas de acupuntura, idea del suizo HR Giger, creativo de “Alien”. “A Broken Frame” (Depeche Mode) fue portada de la revista “Life”. La mala leche infantil en “Boy” (U2) fue también influyente carátula.

El post punk decadente dio obras como “In Cold Blood”, del ex New York Dolls Johnny Thunders, a cargo del muy reclamado fotero galo Jean-Baptiste Mondino. El heavy metal y su amor por lo medieval inundó el merchandising de camisetas con la imaginería de Iron Maiden, Manowar y otros grupos duros. La réplica la dio Van Halen con su travieso fumador “Angel”. Y el multi ventas “Master of Puppets” de Metallica era nueva iconografía thrash metal, ilustrado por Don Brautigam, diseñador de discos para los Rolling o AC/DC y para Pepsi.

El capítulo cool lo protagonizó Peter Saville (Joy Division, New Order, Factory Records). El estudio Malcolm Garrett diseñó a otros grandes del pop británico: Buzzcocks, Magazine, Duran Duran, Simple Minds. Destacó la finura de Vauughan Oliver (sello 4AD), el original “The Modern Dance” de Pere Ubu, la imaginería cinematográfica de The Smiths o la modernidad de Laurie Anderson. La rica saga gráfica rapera la representó Cey Adams (sello Def Jam, Public Enemy, Beastie Boys, Jay Z).

 

Malditos CDs. En los 90 el CD arrinconó al LP y visionar las tapas en tamaño enano fue un tormento, pero siguió habiendo grandes portadas. Las fantasías de la vieja guardia palidecían ante propuestas como “Goo” (Sonic Youth), “Nevermind” (Nirvana), el perro Komondor de Beck, los impactantes Offspring, el siniestro Marilyn Manson, las invenciones de Björk... Sellos como ECM, de jazz-new age, marcaron la diferencia con su exquisito diseño.

Ya en el siglo XXI, la pluralidad viajaba de la imaginería siniestra de Misfits a la geometría urbana de Travis, la oda a la naturaleza de Bon Iver y la elegancia campestre de Biffy Clyro o el mareante juego geométrico de Animal Collective. El juego con agua de Afghan Wings, el corazón-granada de Green Day, la estética marina de Future Islands y cientos más. La efervescencia electrónica dio también docenas de buenas obras, desde el estilismo geométrico a las ovejas “Chill Out” de KLF, el cangrejo de The Prodigy o los cascos de Daft Punk.

La particularidad del CD exigió nuevas variantes y cambió en parte la estética con juegos desplegables y lúcidas ediciones de Pearl Jam, Flaming Lips o Spiritualized. La forma parecía tener más carisma que el propio diseño. Los raperos Wu-Tang Clan protagonizaron el récord con “Once Upon a Time in Shaolin”, caro juego de cajas metálicas con una sola copia editada, pensada para museos o coleccionistas adinerados. Para la risa quedará la selección de portadas más horteras. Desde la simpleza naif de los discos románticos a cubiertas desastrosas: Grand Funk, Frank Zappa, Iron Maiden, Manowar, Poison, Ted Nugent, Black Sabbath, Modern Talking, Village People, Emerson Like & Palmer, Elton John y toda una lista de horrores gráficos.

No English, please. El rock y su imaginación gráfica han sido protagonizados sobre todo por anglosajones, pero el resto del mundo también ha aportado original grafismo melómano. En el Estado español la riqueza de fundas se ha visionado en exposiciones como “Pop Tops”, 150 portadas de la época franquista, o las 1.500 piezas de “Días de vinilo”, de Javier Panera. En ellas se reúne obra de pintores-diseñadores como Equipo Crónica, Juan Genovés, Antoni Miralda, Alberto Corazón, Iván Zulueta, Enric Satué… o dibujantes tipo Eric Sió y Nazario. Los fotógrafos Schommer, Oriel Maspons, Colita, Tony Catany, Alberto García-Alix, Ouka Lele, Miguel Trillo…

Miró, Picasso, Dalí o Barceló trabajaron para Raimon, Camarón, Paco Ibáñez o Juan y Junior. Daniel Gil, responsable en los 60-70 del sello Hispavox, fue pionero diseñador de carátulas y en el amplio capítulo del portadismo español hay aciertos como la censurada “Mundo, demonio y carne” (Los Brincos), Camarón-Paco de Lucía, Triana, Asfalto, Seguridad Social, Los Planetas, Joaquín Sabina & Fito Páez o más recientemente el rapero Kase.O, Triángulo de Amor Bizarro y docenas más. Abundantemente creativo es también el mundo de las carátulas en la música latina. El puertorriqueño Jorge, Juan Gatti, Alejandro Ros o Carlos Amorales son algunos de los diseñadores más destacados y esa creatividad latinoamericana se ha podido comprobar en exposiciones como “¡Mira qué lindas!”, con más de 530 diseños seleccionados entre casi 9.000 fundas.

En Portugal sobresalen, entre otros, las románticas portadas fadistas, refinamientos de Rodrigo Leâo o Mariza, dureza punk o localismos como el emblemático puente de Oporto (grupo GNR) o el desplegable geográfico de Júlio Pereira. En Brasil hay grandes tapas de Milton Nascimento, Jorge Ben, Tom Jobim, Selvagens o Sepultura. En Alemania, Can, los comentados Kratfwerk, Scorpions (con alguna de cal y otras de arena), Nina Hagen, etc. En el Estado francés ha habido acertadas covers (Hallyday, Montand, Sylvie Vartan, Françoise Hardy, Léo Ferré, Bashung, Magma, Thomas Leer, Mano Negra, Noir Désir, Passion Fodder, Orchestre Rouge, La Femme...) y también mucha horterada. Destacó el dúo creativo Huart & Cholley (sello New Rose). También el fotógrafo Tony Frank, quien retrató a Jane Birkin para “Melody Nelson” (Gainsbourg) o el culo hippy de Michel Polnareff.

Italia ha acumulado originales tapas para Lucio Dalla, Banco del Mutuo Soccorso, Enzo Jannacci o los radicales 99 Posse, Giardini di Mirò y Dividing Opinions, con la participación de dibujantes como Gipi. Se puede tener una visión del portadismo italiano en la web de Luciano Tallarini.

Euskal «covers». El artwork de la música popular vasca tiene su escaparate en el libro “Azaletik sustraietara. Euskal Musikaren azalak 1960-2010”. Desde el simplismo de los primeros EPs a la participación de pintores como Agustín Ibarrola (Imanol), Martín Romero (serie Ez Dok Amairu, Oskarbi) o José Luis Zumeta (Mikel Laboa), el estilismo de Artze Anaiak, la introducción del dibujo o la acuarela (Oskorri, Txomin Artola, Haizea, Izukaitz, Errobi…), los naturalismos de Lertxundi, la fotografía (Itoiz)… La ruptura vendría con la carátula proto punk de Sakre y el afilado diseño de Simónides (Hertzainak), Manolo Gil (Kortatu, Negu Gorriak) y otras impactantes portadas de la época: RIP, La Polla Records, Cicatriz, Barricada...

El modernismo se ha reflejado en el diseño de Eguillor (Ordorika), el juego de colores de Lanzagorta (Puskarra), las fotos y diseños de Zabala (Imanol, 21 Japonesas) o el estilismo de Aramburu (Family, Le Mans, Aventuras de Kirlian, La Buena Vida…). Desde la lata de conservas con un casete de Akauzazte, el calzoncillo de MCD, la tiritona de Lau Behi sumergidos en el Bidasoa en invierno al sofoco de Xabier Montoia con zamarra invernal en plena canícula playera, las abstracciones gráficas de Delorean o Lisabö o las carátulas de Berri Txarrak, la música vasca ha acumulado su particular colección de cubiertas artísticas.

Como explica Julián Hernández, los especialistas trabajan hoy pensando en portadas más simples que se puedan visionar en formato electrónico. Pero su propio grupo Siniestro Total y otros muchos creadores siguen apostando por la mayor nobleza artística del disco físico y grande y sus espléndidas carátulas. Para lo que sí sirve la red es para visualizar todo tipo de diseños musicales clasificados incluso por motivos: fotos en primer plano, naturaleza, arquitectura, coches, trenes, besos, culos… O, para gentes más serias, los trabajos agrupados en “Classical Records Covers”, con estupendas sorpresas.