2018/07/08

«Rodin»
MIKEL INSAUSTI
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Aunque parezca mentira, nunca se había hecho un biopic sobre Auguste Rodin, que sí aparece como coprotagonista en la película “La pasión de Camille Claudel” (1988), interpretado por Gérard Depardieu. Esto ya sería, de por sí, suficiente justificación para defender la existencia de “Rodin”, proyecto surgido en realidad para conmemorar el centenario de la muerte del escultor en 1917. Por eso, cuando se presentó en Cannes, no faltaron las críticas relativas a aquellas producciones lanzadas al amparo de la efemérides o el aniversario oficial de turno. También se le acusó al comité de selección de haber incluido en competición una obra más apta para una proyección especial fuera de concurso y cuya razón de ser era la de servir de vehículo promocional para la gran exposición-homenaje de París. En cualquier caso, nadie le podrá negar su valor divulgativo, al dar a conocer al gran público la figura de uno de los grandes padres del arte moderno, por su ataque a la escultura academicista mediante un erotismo simbólico que por primera vez plasmó el placer femenino.

En principio, “Rodin” iba a ser un documental, pero en el 2017 ya se estrenó otro documental de procedencia chilena titulado “Robar a Rodin”, que reconstruye el caso ocurrido en Santiago el año 2005, cuando un estudiante de arte robó una valiosa escultura, según él como parte de un trabajo de aprendizaje. Se barajó una segunda opción en forma de montaje con segmentos cortos, pero al final el Museo Rodin financió la película biográfica que llegará a nuestras pantallas el próximo 24 de agosto. Puede que, por todas estas circunstancias, el realizador Jacques Doillon se haya visto algo atado de pies y manos a la hora de mostrarse reverencial con respecto a la figura retratada, sin poder permitirse demasiadas licencias creativas.

Si se le exigía más de entrada a Jacques Doillon es debido a que se le considera heredero directo de la Nouvelle Vague, ya que su primer largometraje, “L’an 01” (1973), lo realizó junto a Alain Resnais y Jean Rouch. Sin embargo, el prestigio en el mercado francófono lo adquirió con la adaptación del clásico literario de Joseph Joffo “Una bolsa de canicas” (1975). La consideración autoral se la ganó con “La mujer que llora” (1979) y, sobre todo, con “El pequeño criminal” (1990), premiada en la Berlinale, en los César y en la gala del cine europeo. En medio queda su etapa con la actriz Jane Birkin, que fue su pareja en los 80 y protagonizó “La fille prodigue” (1981) y “La pirata” (1984). De la relación nació su hijo Lou Doillon, al que ha dirigido en “Demasiado poco amor” (1997), Carrement a l’ouest” (2001) y “Un enfant de toi” (2012). A lo largo de sus casi cinco décadas en el cine profesional ha destacado como descubridor de jóvenes actrices, labor que llevó al extremo con la niña de 4 años Victoire Thivisol, que obtuvo la Copa Volpi a la Mejor Actriz en la Mostra de Venecia por “Ponette” (1996).

Vincent Lindon hace una meritoria interpretación bajo las barbas de Rodin, a través de una intensa y observadora mirada. No es culpa suya el abuso que se hace del fácil recurso consistente en los monólogos que expresan su pensamiento en voz alta mientras trabaja, explicando sus obras más conocidas. La escultora Camille Claudel, que fuera su asistente y amante, es encarnada por Izïa Higelin, hija del famoso cantante Jacques Higelin; mientras que su pareja Rose Beuret toma el cuerpo robusto de Séverine Caneele. Aparecen otras modelos del artista como Thérèse Fontaine o la italiana Adèle Abruzzesi, respectivamente personificadas por Morgane de Vargas y Louise Le Pape. El desfile de celebridades históricas cuenta con Victor Hugo (Bernard Verley), Paul Cézanne (Arthur Nauzyciel), Claude Monet (Olivier Cadiot), Rainer Maria Rilke (Anders Danielsen Lie), Octave Mirbeau (Laurent Poitrenaux) y François Pompon (Edouard Duthuillé).