2018/07/08

Una habitación con vistas
IBAI GANDIAGA PÉREZ DE ALBÉNIZ
015_arkitektura02

Estamos en un momento curioso, en lo que la arquitectura se refiere; el mazazo que supuso la crisis de 2008 a la actividad de la construcción, actividad que se lleva un pellizco del PIB del Estado español, dejó el sector temblando, y a un buen número de arquitectos, jóvenes y veteranos, repensando su futuro. En esa época se comenzó a hablar de rehabilitación como una salida a la falta de financiación para construir de nuevo. Se podrían incluso pensar que el que los poderes públicos quisieran apostar por regenerar el tejido urbano no era sino un asunto económico, para mantener “caliente” el mercado y así poder salvar puestos de trabajo. Hoy por hoy, las promociones de nueva planta comienzan a florecer de nuevo, los planes urbanísticos se han desatascado, las grúas aparecen de nuevo en el horizonte…y es momento de reflexionar sobre qué significa rehabilitar un edificio.

El estudio bilbaino Behark, compuesto por los arquitectos Gentzane Goikuria y Beñat Saratxaga, se estableció en un momento en el que la crisis llegaba a su punto álgido. En su formación en la Escuela de Arquitectura, los ejercicios que se planteaban poco tendrían que ver con lo que el mercado les depararía; grandes infraestructuras, bloques de viviendas o museos emblemáticos aparecían en el programa del curso; pero de cómo rehabilitar un edificio, nada. La rehabilitación del edificio de calle Dique, del barrio bilbaino de Olabeaga, se convirtió en una tour de force que demostraba la importancia del compromiso de clientes, arquitectos y administración a la hora de realizar un proyecto que transforme dignamente la arquitectura existente para dotarla de la tan necesaria accesibilidad.

El edificio primero fue un baserri, que veía seguramente cómo descargaban los minerales en los muelles de Olabega en el Bilbo fabril de principios de siglo XIX. Posteriormente, y construido sobre los propios muros del caserío, se construyeron cuatro pisos en la misma ladera. Años más tarde, la necesidad de garantizar la accesibilidad llevó a los arquitectos de Behark a buscar una solución para insertar un ascensor donde, simplemente, no cabía uno.

La solución que adoptaron era comprometida: adosarían una nueva sección al edificio, donde se colocaría un ascensor con una nueva escalera que lo circundase. Donde antiguamente había un patio, se colocaría la entrada a las casas. Como colofón, el nuevo volumen añade una terraza, con vistas a la ría, a cada vivienda.

«La obsesión de los vecinos era no quitarles la vista a la ría», dice Saratxaga, en su estudio de la bilbaina calle San Francisco. Goikuria completa con rapidez su frase: «La terraza era también un modo de rehabilitar el edificio no solo energéticamente, sino funcionalmente. Son casas pequeñas, de 45 metros cuadrados, y la terraza permite que las personas mayores salgan a un espacio de calidad».

Me reciben en su estudio haciendo un parón del frenesí del día a día. «El proyecto ha requerido mucho trabajo, hemos tenido una gran implicación personal, pero eso requiere un esfuerzo añadido, claro», prosigue Saratxaga. La palabra compromiso es adecuada, y la sociedad de rehabilitación municipal de Bilbo, Surbisa, así lo entendió. Se acogieron a una ayuda de un plan Renove, destinado a rehabilitar energéticamente el edificio, y consiguieron una financiación de, aproximadamente, el 50% del importe total. Desde Surbisa gestionaron la modificación urbanística que requería el añadir un nuevo volumen al edificio actual, algo que está muy regulado y no es sencillo de conseguir.

El edificio es heredero de la escuela de los franceses Lacaton & Vassal, según reconocen sus propios autores. «La guinda del pastel es que, con un mismo elemento adosado a la parte norte, conseguimos resolver la accesibilidad a los pisos creando un acceso desde un semisótano a cota con la calle», reconoce la pareja de arquitectos.

¿Qué hace falta para rehabilitar un edificio de modo que lo construido acepte y mejore lo anterior? Durante los últimos años estamos contemplando añadidos, pegotes, chepas y jorobas a edificios, la mayoría con poco acierto. Soluciones como la de “ganar” una sección de edificio –que en este caso era relativamente sencillo, al ser el terreno sobre el que se construía propiedad privada– pueden dignificar las rehabilitaciones y hacer que, cuando echemos la vista atrás, lo construido cree ciudad nueva y de calidad. Y eso solo se consigue con compromiso, trabajo y talento.