2018/07/15

Ciberataques y responsabilidad
BERTA GARCIA

Los fraudes por hackeos masivos están a la orden del día y los cibernautas no ganamos para sustos. El último caso tuvo lugar el pasado 23 de junio y la afectada fue Ticketmaster, la compañía vendedora de entradas para espectáculos. Es cierto que la empresa actuó con celeridad en cuanto detectó el hackeo, pero el desaguisado se había consumado con el robo de datos de las tarjetas de pago y las contraseñas de miles de usuarios.

Según ha informado Ticketmaster, habría más de 40.000 personas afectadas y que ya estarían localizadas, aunque podría aumentar la cifra, ya que el abanico de fechas de compra de entradas va desde setiembre de 2017 a junio de 2018. Toca depurar responsabilidades, pero lo urgente para el usuario es sanear el sistema y cambiar de contraseñas.

La normativa de servicios de pago considera que, en casos como este, «si se produjera un pago fraudulento con los datos robados, por lo que se trataría de una operación de pago no autorizada, el banco emisor de la tarjeta deberá devolver de inmediato el importe total de la operación, sin que el usuario deba responsabilizarse de ninguna cantidad».

Las organizaciones de consumo aconsejan que se cancelen las tarjetas o los medios de pago asociados a la cuenta de Ticketmaster y añaden otra medida de seguridad que es también importante: si nos han “robado” la dirección de email y la contraseña de Ticketmaster y si esa misma combinación de email y contraseña la estamos utilizando en sitios como Facebook y Gmail, entre otros, también es conveniente que la cambiemos en esos sitios.

La cuestión es limitar o minimizar los riesgos, porque nadie se libra. Antaño, el robo de la cartera o bolso se hacía mediante el “tirón” y más o menos podías percatarte de que te estaban robando. Ahora los ladrones son de guante blanco y, hasta que no te llega el estadillo del banco con los gastos, ni te enteras.

Próximamente dedicaremos sendos artículos a esta cuestión, porque el que avisa no es traidor: también a través de los inocentes correos electrónicos nos las cuelan.