2018/07/15

Herencia
IKER FIDALGO
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Toda lectura está condicionada por la óptica de nuestro presente. Si la fecha de realización de una pieza nos marca una posición desde la que enfrentarnos a ella, cualquier muestra retrospectiva nos obligará a realizar un recorrido temporal acompañados por la contextualización del momento al que pertenece. Nuestro espacio de disfrute deberá gestionarse a través de dos perspectivas que acabarán convergiendo: una decodificación de la propia carga formal y conceptual de la obra y una comprensión de la relevancia del contexto político y social desde el cual se enuncia el trabajo. Esta conjunción permitirá una visión completa, un disfrute que superará la relación contemplativa y una posibilidad para encontrar los matices que convierten al arte contemporáneo no solo en un portavoz de la situación actual, sino en repositorio de nuestro pasado más próximo. Una de las cuestiones más vitales de la creación es su capacidad para mantener viva una potencia poética capaz de manifestarse sea cual sea el escenario. Siempre de una manera diferente, pero, a fin de cuentas, siempre presente. Al hilo de este planteamiento, reseñamos dos propuestas cuyo carácter está marcado por la visión actual de un momento pasado. Sus influencias, su vigencia y su papel en la historia reciente marcarán las pautas de nuestra visita.

Con motivo del cumplimiento de sus 110 años de existencia, el Museo de Bellas Artes de Bilbao inauguró el pasado 9 de mayo “110 años, 110 obras” (hasta el 17 de setiembre). La amplísima colección que alimenta los fondos del museo, conformada por más de 14.000 piezas entre las que encontramos escultura, pintura o gráfica, es la base para la selección cronológica que compone la exposición. Ubicadas principalmente entre el siglo XIII y el siglo XX, un abrumador elenco de firmas ofrece todo su potencial para que podamos valorar el peso del centro, inaugurado el 5 de octubre de 1908. La sala BBK y la estancia número 32 son los escenarios escogidos para dar cabida a un compendio en el que hasta la videocreación aparece representada. El románico del siglo XIII y el gótico del siglo XV dan paso al renacimiento y manierismo de los siglos XVI y XVII respectivamente. El barroco, con nombres como Zurbarán, o el siglo XVIII, con Goya, preceden a un núcleo de artistas vascos del XIX y el avance hasta el costumbrismo de Sorolla. Este viaje en el tiempo no se olvida del siglo XX ni de las vanguardias y se atreve a terminar con tres artistas cuya relevancia es ya una marca generacional: Ángel Bádos, Sergio Prego y Miquel Barceló. Una prueba del buen estado de salud del que goza la pinacoteca bilbaína, que reivindica su papel en una ciudad marcada por la revolución del Guggenheim y la maquinaria publicitaria que lo sustenta.

El pasado 30 de junio el Museo Vasco de Baiona inauguró una recomendable muestra dedicada al conocido grupo “Gaur”, colectivo vasco fundado entre 1965 y 1966 al que ya le fueron dedicadas varios retrospectivas con motivo de su aniversario el pasado 2016. Los ocho artistas que lo conformaban eran Eduardo Chillida, Nestor Basterretxea, Amable Arias, Jorge Oteiza, José Luis Zumeta, Remigio Mendiburu, Rafael Ruiz Balerdi y José Antonio Sistiaga, quienes decidieron, en pleno franquismo, asumir una responsabilidad militante desde el arte y reclamar el lugar de la creación vasca en el oscuro panorama de la dictadura. La muestra alberga trabajos de todos los componentes, así como archivos, documentos y fotografías que ayudan a ubicar el clima político en el que surge el grupo. “Gaur, 1966. Arte Vasco durante el Franquismo. Resistencia y vanguardia”, podrá visitarse hasta el 4 de noviembre de este año.