2018/07/22

«Compartiment tueurs»
MIKEL INSAUSTI
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El verano es una buena época para un cambio de tercio, que consistirá en que hagamos un repaso a algunos de mis clásicos favoritos, los cuales a veces ni siquiera serán considerados como películas de culto, pero, cuando menos, se tratará de títulos de los que despiertan curiosidad. Considero que los clásicos están más presentes que nunca, gracias a los canales de televisión especializados y a las plataformas digitales, aunque en ningún caso tanto como las nuevas series. Pese a ello, sigue siendo una buena elección y el interés aumenta cuando la presa es escurridiza y no se deja atrapar.

No es tarea fácil dar con una buena copia de “Compartiment tueurs”, la ópera prima de Costa-Gavras, una adaptación de la novela homónima de Sébastien Japrisot, publicada en el año 1962, y la cual tampoco se encuentra, así como así, en las librerías. En la red pública de bibliotecas de Nafarroa se conservan dos únicos ejemplares, y tuve que hacer una petición expresa para que me pudieran prestar uno de ambos, que fue contestada en sentido positivo. Se trata de un valioso ejemplar de la Colección Club del Misterio número 31, editado por Bruguera en 1981, con ilustraciones muy de la época, obra de Julio Vivas, y una foto de la película, estrenada en su versión original en 1965. La traducción responde al título de “El tren de la muerte”, mientras que la versión cinematográfica se distribuyó como “Los raíles del crimen”.

No lo sé, pero estoy convencido de que “Compartiment tueurs” es una joya deseada por cinéfilos tipo Tarantino, que aprecian el valor genuino de productos irrepetibles e inimitables. Una de las razones por la que me parece una rara avis es debido a que Costa-Gavras, que se dejó en su Grecia natal el nombre de Konstantinos, ya nunca volvió a hacer una película de género como esta, ni tan siquiera en el par de incursiones que hizo en Hollywood con “El sendero de la traición” (1988) o “Mad City” (1997), a donde llegó a raíz del éxito internacional de “Missing” (1982), que era un thriller político que respondía mucho más a su carrera autoral en el viejo continente cimentada con “Z” (1969), “Estado de sitio” (1973) y “Sección Especial” (1975).

La lectura que el debutante Costa-Gavras hizo del texto de Japrisot es puro cine, porque supo trasladar al tempo fílmico lo que para el autor son paréntesis existenciales en la vida y modo de pensar de los personajes, transformándolos en imágenes representativas de una cotidianidad opresiva. Le bastan meros apuntes sicológicos para implicar a policías y sospechosos en la trama a un ritmo frenético, como el del propio tren nocturno que solo deja un fulgor a su paso. Costa-Gavras logra una atmósfera absolutamente noire, que sale reforzada, contemplada hoy, por lo llamativas que resultan las conversaciones desde los teléfonos públicos de los bares, en los que además todo el mundo fuma, cargando el ambiente de ese humo tan ligado a la fotografía en blanco y negro, aquí obra de Jean Tournier. Los créditos iniciales son una maravilla pulp, apoyada en la partitura serial de Michel Magne.

Para ser primerizo, llama la atención que nuestro cineasta consiguiera el mejor reparto posible en el mercado francófono de la época, pero ya era conocido de la profesión por su labor de ayudante de directores importantes, y la mayoría de actores y actrices colaboró desinteresadamente. Del lado de los sospechosos que viajan en el compartimento del tren coche-cama de Marsella a París donde se comete el primer asesinato aparecen Simone Signoret, Catherine Allégret, un Jacques Perrin adolescente, Michel Piccoli, Charles Denner, Pascale Roberts o Jean-Louis Trintignant.

Por la parte de la investigación policial están Yves Montand, Pierre Mondy y Claude Mann. Este último encarna al personaje clave en el giro argumental, que desvela la realidad oculta tras la cadena de crímenes relacionados con lo ocurrido en el compartimento con literas del título.