2018/07/22

Habitar una escultura en equilibrio
IBAI GANDIAGA PÉREZ DE ALBENIZ
017_arki2

Hay ocasiones en las que la distinción entre arquitectura y escultura no resulta sencilla. A muchos arquitectos, aquellos más preocupados por el aspecto social y funcional de su trabajo, considerar que sus edificios son esculturas podría parecerles poco menos que un insulto; otros, sin embargo, podrían tomarlo como un punto de partida del proceso de diseño, y dejarse llevar por el canto de sirenas de una forma rotunda. En este caso, echamos la mirada atrás hacia el año 2008 para analizar la obra de Ensamble Studio en la localidad madrileña de Las Rozas y comprobar cómo se puede habitar una escultura de 400 metros cuadrados.

El proyecto de la casa Hemeroscopium requirió un año entero de cálculo estructural, pero su estructura, compuesta por gigantescas vigas de hormigón postensado, se montó en apenas una semana. Ese hecho en sí mismo ya es una declaración de intenciones; aunque en el Estado español los arquitectos calculan las estructuras, a diferencia de los estados europeos, donde se deja esa labor a los ingenieros civiles, este cálculo normalmente suele darse en una fase final, adaptando el diseño y la distribución a pequeños cambios de dimensiones de vigas y pilares obtenidos una vez metidos en la harina de las ecuaciones de cálculo.

En el caso que nos ocupa, es más que evidente que la estructura vino antes que nada. Siete son las piezas que, ensambladas una sobre la otra, forman un patio interior a la vivienda, creando un ritmo que poco a poco aligera las piezas apiladas: sobre una enorme viga de hormigón, similar a las que se usan para crear los tableros de los puentes, descansa otra viga en “U” de casi 50 metros, que se usará para crear una piscina longitudinal. Sobre la primera viga, descansa otra igual de gigantesca; sobre esta, una cercha metálica, sobre esta última, otra cercha que, a su vez, recoge otra viga de hormigón, que descansa sobre una anterior. Como colofón de todo, el último elemento es una enorme piedra de granito que se coloca en el punto más elevado.

Esta última piedra, que los arquitectos llamaron irónicamente “el punto G” (de gravedad) de la casa, bien podría ser un guiño a los pináculos de los arbotantes o contrafuertes. de las catedrales góticas. Los contrafuertes, aquellas estructuras que aparecían como costillas exteriores a la nave central de las altísimas iglesias medievales, aguantaban mejor las cargas si se colocaba un peso en su parte superior, ya que eran muy esbeltas. Esos pináculos acababan siendo elementos muy decorados, visibles, y configuraban el aspecto exterior de las iglesias tanto o más que la portada de la catedral.

Cuando la decoración de ese pináculo medieval era excesiva, la arquitectura desaparecía y comenzaba la escultura. De hecho, es posible que algunos constructores medievales no supieran muy bien por qué se debía de colocar esos pesos en lo alto de los arbotantes, y simplemente repetirían soluciones que sabían habían dado buenos resultado en otros lugares, sin ser conscientes de la leyes físicas que tras ello se escondía.

En la casa Hemeroscopium, las leyes de la física estaban más que presentes. El edificio se proyectó en un momento en el que la arquitectura del Estado español era un referente mundial. Durante los años que van desde 1992 y 2008, las revistas de arquitectura del mundo se volcaron sobre los arquitectos estatales. Se da la circunstancia, antes mencionada, que el currículo del arquitecto conjuga los cálculos estructurales y la formación humanística, dándole un control sobre la obra acabada total. Si a eso sumamos clientes que, en aquella atmósfera de gran fervor especulativo, crediticio y del pelotazo, querían darle a su vivienda el valor añadido de lo único, nos encontramos con este tipo de arquitectura.

El gesto del apilamiento, y del equilibrio aparente de la piedra que corona la estructura –digo aparente porque, en realidad, se encuentra firmemente sujeta por cuatro pernos anclados a la viga inferior– dota a la casa de su singularidad debido a la tensión del equilibrio, del mismo modo que, por ejemplo, el auditorio de Tenerife de Santiago Calatrava, el Granero Inclinado de los holandeses MVRDV o, por ir a un ejemplo más cercano al público común, la Torre Inclinada de Pisa. ¿Habitaríamos una escultura? Lógicamente, sería disparatado meterse a vivir en un edificio que solo tuviera la ventaja de representar fielmente las leyes de la física arquitectónica, pero no tuviera luz o no creara espacios funcionales o atractivos. Pero, ¿y si se las arreglara para proporcionarlo todo a la vez?