2018/07/29

¿Cómo?
IKER FIDALGO
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El sistema del arte se encuentra siempre en un permanente estado de cuestión. La función de los diferentes elementos que lo componen es revisada constantemente como un espacio para la reflexión. Sin ir más lejos, esta página busca ubicarse dentro del propio engranaje como un punto difuso entre la divulgación y la crítica de arte. El texto crítico, en la época de la superproducción de contenido, parece condenado a legitimar teóricamente el proyecto artístico y el estudio profundo engrosa las listas de artículos académicos que solo trascienden a las líneas curriculares de la academia. Sin embargo, el papel de la escritura en tono de reseña es un ejercicio de responsabilidad que, si bien por un lado, requiere abandonar cualquier atisbo paternalista que dirija la mirada del que lee, se encuentra ante la difícil tesitura de no traspasar los difusos límites entre el análisis y el carácter aleccionador. Esta autocrítica deberemos aplicarla al resto de piezas del gran puzzle del arte y es solo desde este nivel de exigencia desde donde podremos mantener vivo uno de los principales motivos de su existencia: ser un vehículo de trasmisión cultural a través del que poder ejercer el derecho a lo poético, como una herramienta perteneciente al momento concreto de su propia existencia.

Al hilo de esto, el centro Artium de Gasteiz presenta una secuela de la exposición “El arte y el sistema del arte” que celebró con motivo de su pasado aniversario, en el 2017. En ella, varias piezas de su colección fueron expuestas mostrando una realidad en la que la visibilidad de la creación femenina se encontraba en un estado francamente débil y poco coherente con la realidad social que vivimos. “ARTres. El Museo como deba ser” es, por tanto, una nueva puesta de largo de la colección en la que, con la condición de ser piezas de reciente adquisición con una visión de una sensibilidad diferente, constituye una apuesta comisarial eminentemente condicionada por la representación femenina. Por eso Ángeles Agrela, Elena Aitzkoa, Juncal Ballestín, Zigor Barayazarra, Cabello/Carceller, June Crespo, María Luisa Fernández, Miriam Isasi, Iratxe Jaio & Klaas van Gorkum, Concha Jerez, Aníbal López, Liliana Porter, Mabi Revuelta, María Ribot, Ixone Sádaba, Montserrat Soto y Eulalia Valldosera conforman el elenco de esta muestra colectiva que se extiende hasta el 26 de agosto. Por otro lado, cabría preguntarnos si es el museo el que debe contestar a estas reflexiones, y si es el propio aparato el que debe decir cómo “debe ser” el arte y cuán legítima es su voz para realizar esta enunciación. Sin duda, la presencia femenina es un paso imprescindible para ello, pero ni por asomo todo el trabajo está hecho. Quizás necesitaríamos asumir y apoyar modos de hacer feministas que integraran las políticas públicas y así trabajar realmente por un escenario en donde la hegemonía masculina fuese atacada de raíz.

El museo Guggenheim de Bilbao alberga hasta el 23 de setiembre “Arte y China después de 1989. El teatro del mundo”. Sesenta artistas que han trabajado tanto en China como en otros territorios, muestran sus trabajos mediante una división cronológica que pretende señalar la diversidad política y social del país a través de las creaciones artísticas. Nociones de individualidad, igualdad o control gobiernan las líneas conceptuales de un abanico de trabajos de gran diversidad disciplinar. El subtítulo de la exposición debe su nombre a una pieza conformada por reptiles vivos que trajo consigo una gran polémica. Si bien el trabajo de Huang Yong Ping (Xiamén, 1954) finalmente no fue retirado, vuelve a poner sobre la mesa hasta qué punto la creación artística puede chocar con cuestiones éticas para justificar el éxito de una producción.