2018/07/29

Horizontes de cristal
IñIGO GARCIA ODIAGA
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Un gran lingote vítreo de proporciones forzadas, cuya materialidad inquietante apoya una abstracción geométrica total, es el último proyecto finalizado por Jean Nouvel. Este edificio situado en La Haya, en unos antiguos terrenos ganados hace muchas décadas al mar, alberga el cuartel general de la EPO, la Oficina Europea de Patentes. El área de Patentlaan 2, en Rijswijk, representa el pólder característico, con la horizontalidad de un mar formado ahora por tierra y piedra. Las grandes estructuras de los edificios administrativos o de oficinas se alinean también como barcos en el agua.

Al igual que en muchas de sus obras, Nouvel centra su propuesta en una reflexión sobre la verdadera naturaleza del lugar en el que se asienta, en el problema eterno de la magia específica de un lugar. Es precisamente la realidad artificial del pólder, de un terreno ganado al mar, lo que dota de una poética especial a este lugar. Un espacio que surge de la inmensidad de esa área de tierra estrictamente horizontal, que hace que el horizonte parezca inalcanzable ya que se funde en un cielo infinito. Es ahí, en ese paisaje tan extremo y tan holandés donde Jean Nouvel inscribe su proyecto. Un paisaje que describe casi como un cuadro impresionista en el que el aire tiene espesor, en el que el vacío se vuelve denso, el sol brumoso y las nubes parecen flotar en un cielo infinito.

El proyecto parte de esa idea de introducir en un mundo que es marino y, al mismo tiempo, terrestre el buque insignia de una gran administración, un prisma de 156 metros de largo, por 107 metros de alto y 24 de ancho. Este edificio de grandes proporciones es, a pesar de sus grandes dimensiones, tranquilo y sereno. Es, en realidad, elegante, liviano. Gracias a las láminas de vidrio ultra-claro que recubren sus fachadas y al acero inoxidable que construye horizontalmente las carpinterías, el edificio asume el color del cielo tornándose inmaterial, un espejismo. Y tal y como Jean Nouvel ha afirmado, desde esa condición se vuelve mágico, nadie puede tocarlo, ya que es parte del cielo.

Cuando uno decide acercarse aún más a la nueva sede de la EPO, la simplicidad de su geometría, la rotundidad de su volumen, así como la horizontalidad de sus líneas, construyen en el espectador una percepción que roza la sorpresa, en parte también por el descubrimiento de que la estructura emerge de un estanque de agua en el que se refleja. La entrada se materializa como una gran marquesina de acero inoxidable que se inclina hacia el agua. A cada lado de este acceso, las banderas de los 38 países miembros de la EPO flotan sobre el agua y se reflejan a diferentes alturas en el vidrio a lo largo de toda la longitud de la fachada. De esta manera, los signos de la dignidad de una gran institución internacional se incorporan al proyecto de arquitectura y se garantiza su carácter distintivo. Esta característica se enfatiza dentro de la naturaleza de las áreas de recepción. La secuencia de entrada es única: comienza llevando al transeúnte bajo la lámina de agua y obligándole a transitar un pasillo cuyo techo de vidrio permite el paso de la luz solar que viaja a través del agua.

El vestíbulo, en cambio, está inundado principalmente con luz natural que barre los seis metros de altura del espacio, que queda acotado entre las áreas de espera y el bar-cafetería que se encuentra en el nivel del agua.

Todas las oficinas se agolpan en las plantas superiores, organizadas sobre una planta abierta, lineal y ortogonal en relación con el cielo, dado el escaso grosor del edificio. Las largas perspectivas del corredor central se abren hacia el espacio vacío, el horizonte. La oficina en sí está diseñada para sentarse en el aire, en continuidad con el paisaje. Algunas extensiones como la de la cubierta, en la que un jardín lineal de líquenes protegido por paneles metálicos finamente perforados ofrece a los trabajadores un espacio de descanso al aire libre, completan el proyecto.

Estos espacios simbólicos, directamente vinculados a cada unidad, son una extensión visual que acentúa de nuevo la relación de la construcción con el horizonte.

De alguna manera, la nueva sede de la Oficina Europa de Patentes reivindica también a nivel simbólico la transparencia de la institución a la que sirve, aportando a sus trabajadores un sentimiento de privilegio, pero también de placer.

El privilegio de apropiarse del cielo y del horizonte como los principales materiales del paisaje que domina el edificio; y el placer de trabajar en un mundo claro, abierto, exacto, pero también protegido, cerrado y amigable. Todo ubicado dentro de un rectángulo vítreo que se confunde con el cielo, cuya única ambición es hacernos conscientes de las variaciones en la atmósfera y, por lo tanto, de la arquitectura.