2018/07/29

«Whisky Galore!»
MIKEL INSAUSTI
018_zinema

Alexander Mackendrick era originario de Glasgow, pero nació en Boston, que es a donde emigraron sus padres. A los 7 años de edad perdió a su madre, y fue enviado de nuevo a Escocia con sus abuelos. Durante la guerra le tocó formarse como documentalista, realizando películas de propaganda para la RAF. Al volver a la vida civil tuvo la suerte de entrar en los estudios Ealing, en los que iba a iniciar su carrera contribuyendo de paso a hacer grande y mítica a la productora, cuyo nombre define un tipo de comedia típicamente británica, que nunca se pudo exportar ni imitar, por más que se hayan empeñado en ello cineastas modernos como los hermanos Coen. Mackendrick vivió la época dorada y de relanzamiento del anciano estudio, bajo el liderazgo del productor Michael Balcon entre mediados de los años 40 y mediados de los 50 del pasado siglo. Allí hizo cinco títulos para la posteridad, y el primero de ellos fue “Whisky Galore!” (1949), ópera prima a la que siguieron “El hombre del traje blanco” (1951), “Mandy” (1952), “La bella Maggie” (1954) y “El quinteto de la muerte” (1955). Su talento sobrevivió después, incluso en su postrera etapa en Hollywood, con otras cinco obras maestras: “Chantaje en Broadway” (1957), “El discípulo del diablo” (1959), “Sammy, huida hacia el sur” (1963), “Viento en las velas” (1965) y “No hagan olas” (1967).

Para entender la significación e importancia histórica de “Whisky Galore!” (1949) hay que fijarse en el remake que el propio cine británico ha llevado a cabo recientemente, y que ha pasado sin pena ni gloria. La nueva “Whisky Galore!” (2016) es una versión en color dirigida por Gillies McKinnon, que en ningún momento atrapa la autenticidad del original en blanco y negro, debido a que en las casi siete décadas transcurridas la concepción de la comedia localista ha cambiado por completo, por no decir que ha degenerado con respecto a sus antecedentes más ilustres. Alexander Mackendrick fue un pionero en muchas cosas y, entre otras, acuñó la comedia coral, a la que unos años después se sumaría Berlanga. En la versión doblada al castellano se estrenó con el título descafeinado de “Whisky a gogó”.

Mackendrick quiso recuperar sus raíces culturales con la adaptación de la novela escocesa de Compton Mackenzie, la cual se hacía eco de unos hechos reales acaecidos en la isla de Eriskay en el año 1941, cuando su población estaba en plena guerra desesperada por la falta de whisky a causa del racionamiento. Quiso el azar que un barco cargado con miles de cajas del preciado líquido fuese a naufragar en sus costas, por lo que a la noche saquearon con sus barcas tan valioso cargamento. La película se rodó en los escenarios naturales de Eriskay, así como en otras localidades y enclaves próximos de las Western Isles o Hébridas Occidentales como Barra, Castlebay, Allasdale, Eoligarry, Vatersay o North Uist.

La divertida y chocante tipología desplegada en la película se corresponde con un trabajo de casting que convierte a todos y cada uno de los personajes en igual de inolvidables, destacando las interpretaciones de las hermanas incorporadas por Joan Greenwood y Gabrielle Blunt, junto con el capitán de navío inglés al que daba vida Basil Radford, secundado por el sargento de igual procedencia caricaturizado por Bruce Seton. Entre la fauna local de bebedores de scotch funcionaban como un tiro las intervenciones de Gordon Jackson, James Robertson Justice y Wylie Watson, sin dejar fuera a John Gregson, Alastair Hunter o a la anciana Jean Cadell. Por su apología de una bebida nacional pero alcohólica hoy en día, “Whisky Galore!” (1949) resulta de lo más políticamente incorrecta. Sin embargo, debe tenerse en cuenta el contexto bélico en el que surge esta entrañable anécdota colectiva, comparable al que mostró John Ford en sus películas irlandesas.