2018/08/12

Bajo los árboles
IñIGO GARCÍA ODIAGA
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Tal vez la arquitectura más ancestral, la más primitiva sea la de cobijarse bajo un árbol. Puede que el hombre aún sienta en su interior la llamada del animal que alguna vez fue y que buscaba refugio en las copas más altas. Esa es la lógica de los oasis del desierto, donde las palmeras ofrecen una bóveda verde que da sombra y, al mismo tiempo, protección y humedad. El siguiente estadio surge cuando esos árboles se transforman además en material de construcción, alimentando pequeñas estructuras, entramados o construyendo con sus hojas cubiertas improvisadas.

Así funcionaban, por ejemplo, las cabañas más primitivas o los poblados de los indios de la Amazonía. Aún hoy en día, los indios yanomami usan unas casas temporales, tradicionalmente construidas principalmente con hojas de palmera y madera llamadas shabonos. Se hace un claro en la jungla, utilizando la madera despejada para realizar una empalizada con un techo de paja, que se ordena alrededor de un gran vacío central. Algunos pueden albergar hasta 400 personas; cada familia tiene su propio hogar donde se prepara y cocina la comida durante el día. El área central se usa para actividades tales como rituales, fiestas y juegos. Al anochecer, se cuelgan hamacas cerca del fuego que se aviva durante toda la noche para mantener a la gente abrigada.

Esta relación entre lo vegetal y su valor como material constructivo se ha mantenido a lo largo de toda la historia. Utilizar aquello que más fácilmente puede alcanzarse es de una lógica inmediata, de modo que Asia está construida con madera de bambú, uno de los recursos naturales más abundantes del continente. DnA, Design and Architecture, un estudio de arquitectura afincado en China, ha utilizado esa madera como la única materia prima para la estructura de su Bamboo Theatre, un pequeño recinto abovedado que hace las veces de teatro al aire libre en el pueblo de Hengkeng, una localidad típica de montaña al sudoeste de Zheijiang.

El teatro se formaliza con los bambúes del lugar, que se van arqueando, hasta formar un dosel alrededor de un simple círculo de bancos de piedra. Utilizan la cubierta natural de sus hojas para crear un espacio, un recinto acogedor para alojar una representación.

El bambú es una planta de crecimiento rápido que se encuentra en todos los jardines chinos y que genera grandes bosques en muchas regiones montañosas a lo largo del país. Pero además de por su abundancia, la importancia del bambú en la cultura china surge también de una gama de cualidades tales como su estructura flexible, el efecto de la luz verde brillante que engendra un bosque de esta planta, sus muchas variedades y sus propiedades técnicas como material.

Una arquitectura viva y natural. La construcción de esa cúpula de bambú tiene su origen en un diseño que aprovecha la baja tecnología de una mano de obra abundante pero poco cualificada y las condiciones más específicas del propio bambú. Una vez instalada, la cúpula requiere de un mínimo mantenimiento regular. Gracias al rápido crecimiento y la gran flexibilidad de la planta, hace que los brotes de bambú más jóvenes se vayan atando a la cúpula existente, para ir trenzando poco a poco una estructura más densa, más compleja y, por lo tanto, más fuerte.

Del mismo modo, la pequeña ladera en la que se sitúa la intervención ha sido tallada para escalonar el terreno formalizando de ese modo tan primitivo un pequeño graderío que permita la visión de la función a todos los espectadores. Unos muretes de piedra hacen la doble función de elementos de contención y de bancos para el público.

Esta arquitectura viva, ya que los árboles lo están, se mantiene inmersa en un entorno natural que aporta un contexto magnífico a los espectadores reunidos bajo sus copas para disfrutar de los pequeños espectáculos teatrales. Además, hay que tener en cuenta que el teatro tradicional chino desarrolla en gran medida sus obras en los bosques de bambú donde habitan los seres que protagonizan esas historias ancestrales.