2018/11/04

La amenaza de los OGM
XANDRA ROMERO
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Aunque quizá muchos aún no han oído hablar de ellos, los OGM pronto estarán en boca de buena parte de la población. Las siglas corresponden a Organismo Genéticamente Modificado, que son aquellos organismos resultantes de una serie de procesos biológicos dirigidos con el objetivo de modificar ciertas especies recurriendo a la tecnología que conocemos como modificación genética. Esta técnica genera cambios muy concretos en las características heredadas, dotando a dicho organismo de características de las que antes carecía.

En este punto hay quien pensará que, así descrito, puede suponer una ventaja, como cuando a Peter Parker le pica una araña y genera cambios en sus genes convirtiéndolo en Spiderman y dotándolo de la capacidad de trepar y disparar tela de araña; o por el contrario, otros pensarán que se trata de transgénicos y que esa denominación tiene demasiado mala fama como para resultar ventajosa.

Por tanto, en cuanto a si suponen o no una ventaja, lo dejaré al criterio de cada uno; eso sí, no sin antes puntualizar varias cuestiones, empezando, por ejemplo, por decir que no es correcto afirmar que los OGM son transgénicos. Y es que, aunque todos los transgénicos son OGM, no todos los OGM son transgénicos. Técnicamente, los transgénicos son organismos a los que a través de la manipulación genética se les añaden genes de otra especie. Por otro lado, son modificados genéticamente para inhibir o potenciar uno o varios genes propios.

En este punto, continúa la pregunta de si comer OGM resulta perjudicial para nuestra la salud. En primer lugar, cabe explicar algo tan obvio como que cuando comemos, por ejemplo, muslo de pollo comemos todos los genes de ese pollo, así con el brócoli, la patata o lo que le pongamos de acompañamiento. Así que sí: desde que el mundo es mundo comemos genes de otras especies. Por otro lado, dejando aparte la “obviedad” anterior, es cierto que la manipulación genética puede dar lugar a la introducción involuntaria de sustancias tóxicas, pero se entiende que, en principio, este es un riesgo fácil de identificar y controlar. No obstante, si aún así nos preocupa la presencia de OGM en los alimentos que consumimos de forma habitual, debemos tener claras varias cuestiones:

La primera es que aunque legalmente y desde hace un buen montón de años estemos listos para poner a la venta alimentos transgénicos en mercados y supermercados, la realidad es que es tremendamente difícil encontrar alimentos o productos elaborados con transgénicos porque productores y distribuidores no tienen ninguna gana de jugársela poniéndolos abiertamente en el mercado, a causa del rechazo que estos conceptos generan en la sociedad.

En segundo lugar, después de varias investigaciones realizadas sobre el asunto, parece que la mayoría de los OGM que se producen o llegan hasta nosotros se destinan a la alimentación animal.

Y en tercer y último lugar, si tuviésemos alguna duda sobre la forma de cultivo de algún alimento que nos llevamos a casa, sepamos que está establecido por ley que la presencia de ingredientes procedentes de plantas OGM debe ir anunciada en la etiqueta del alimento cuando su presencia es igual o superior al 0,9% de la composición, y el etiquetado lo ha de expresar como modificado genéticamente o producido a partir de [nombre del ingrediente] modificado genéticamente. Además, los alimentos que tengan OGM solo podrán ponerse a la venta tras haber pasado estrictos controles en los que se puede controlar cualquier problema de toxicidad.

A partir de aquí, que cada cual tome la decisión que considere, pero que esté basada en datos reales, datos científicos de fuentes independientes y no solo en el miedo.