2018/12/02

Visual
IKER FIDALGO ALDAY
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Vivimos en la era de lo visual. La vista es el sentido al que se dirigen todos los estímulos de nuestro mundo y, a su vez, es la primera barrera perceptiva desde la que se expande cualquier interpretación emocional. La publicidad es consciente de esta línea directa entre vista y emoción y es capaz de conectarlas sin pasar por el filtrado de la opinión crítica. Nuestra manera de enfrentarnos a un texto o a una imagen es completamente diferente. Mientras que al primero, de forma inherente a la lectura, le ofrecemos una primera parada en el camino, a la segunda la dejamos penetrar casi sin pensar debido a un flujo constante que nunca cesa. Podemos dejar de leer, pero no podemos dejar de ver a no ser que conscientemente cerremos fuertemente nuestros párpados.

El arte como un ingrediente más de la era a la que pertenece, conoce y domina estas estrategias para enarbolar los discursos que sus piezas son capaces de sostener. De todas maneras, el análisis tiene mucho más recorrido que la evidencia de que los ojos son en la mayoría de ocasiones el punto de partida. El mundo actual ha conformado, desde las posibilidades de la creación visual, múltiples maneras de relación que superan los terrenos de la creación contemporánea proponiendo una realidad saturada de contenido. Las y los artistas actuales deben convivir con una sobreproducción de imágenes cuyo consumo es prácticamente instantáneo. Esta situación parece chocar frontalmente con una de las características del arte, el anhelo de trascendencia y de durabilidad. Formamos parte de un cambio de paradigma que está sucediendo ahora mismo y, desde nuestra posición, debemos ser conscientes de cómo las maneras de entender y contar nuestra realidad aún no han asentado completamente sus cimientos.

La sala Amárica de la capital alavesa, situada en la emblemática plaza dedicada al pintor vitoriano, inauguró el pasado octubre el proyecto “Ur Aitz” del fotógrafo guipuzcoano Jon Cazenave (Donostia, 1978). Una propuesta cuyo punto de partida eminentemente fotográfico acaba por alcanzar una serie de resoluciones formales que añaden un potencial indiscutible al registro de la cámara. El paisaje, como construcción cultural y espacio relacional entre la acción humana y la naturaleza, domina por completo la muestra, que podrá verse hasta el próximo 20 de enero. Un mosaico con capturas en blanco y negro de la acción del mar contra la costa domina la vista principal de la sala que, con una primera impresión, pareciera querer desplazarnos hacia una abstracción de píxeles blancos, negros y grises. Varias cianotipias nos hacen vincularnos con los procesos químicos de revelado y la gestualidad manual de lo fotográfico, mientras unas fotografías intervenidas de manera pictórica nos transportan a un espacio híbrido entre el diseño gráfico y la pintura. Cazenave realiza aquí una continuación de su anterior proyecto “Ama Lur” y nos sitúa dentro de su propia percepción del territorio, la tierra y el transitar.

La sala Film & Video del Museo Guggenheim de Bilbo presentó el pasado jueves la instalación de Diana Thater (EE.UU., 1962) “Un mundo a la fuga”. Una doble puesta en escena que toma su título de un video en el que retrata a una manada de elefantes en las colinas de Chyuku (Kenia) y que convive con las imágenes que muestran en Sudán el cuidado del último rinoceronte blanco, y que lleva como nombre “Tan radical como la realidad”. Ambas se complementan proponiendo un espacio experimental, en el que podemos asistir a los dos relatos como una reflexión respecto a la acción de la raza humana y la explotación de la naturaleza. Una obra de marcado carácter político que estará disponible hasta el próximo 18 de marzo.