2019/01/06

Cultura
IKER FIDALGO ALDAY
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La cultura es el lugar en donde se aloja el imaginario de una sociedad. Las maneras de comunicarnos, entender y relacionarnos depositan sus sedimentos en una estructura multicapa que se conforma desde la experiencia, la tradición, la ruptura y el trauma. Con todo, la cultura es también cambiante, volátil y alterable. Los acontecimientos sociales moldean las formas, reconstruyen la noción de frontera y mixtura replanteando así los paradigmas para la vida.

El arte, desde su lugar, es el elemento principal de todos estos procesos. La construcción visual del mundo o, lo que es lo mismo, la manera más rápida y directa de comunicación, es tarea inapelable de la creación artística y los múltiples roles que ha asumido en cada periodo histórico. Pero la comunicación no es solo la trasmisión de un mensaje, es también información, imposición y discurso. Por eso la producción cultural es responsable directa del manto hegemónico que inunda y esteriliza los espacios para la diferencia, pero a su vez, es vehículo para la disidencia, la reivindicación de los márgenes y la capacidad de la imaginación.

El periodo entre el Renacimiento y la Ilustración emerge como acotación temporal protagonista de la propuesta que el Museo San Telmo de Donostia inauguró el pasado noviembre y que se extiende hasta el 17 de febrero. La idea comisarial plantea este periodo como un momento en el que el concepto de cuerpo y su representación se convierten en un elemento cambiante y que muta hacia un lugar antes no visitado.

Lo anatómico irrumpe como fidelidad fotográfica, aceptando un poder de veracidad que las composiciones esquemáticas y simples no podían asumir. La necesidad de conocer, la disección, la proporcionalidad o lo gestual entran en la ecuación conformando nuevos lenguajes que acaban por contribuir en la creación de lo religioso, los roles e incluso el género. Seis capítulos diferenciados dan forma a “La invención del cuerpo. Desnudos, anatomía, pasiones”, bajo la que se encuentran nombres tan relevantes en la cultura artística occidental como Berruguete, Ribera, Rubens, Zurbaran o Juan Valdés, gracias a la colaboración y el préstamo de instituciones tales como el Museo del Prado, Biblioteca Nacional, Museo Thyssen, Museo Lázaro Galdiano, Museo del Louvre y Galleria Borghese.

A finales del verano de 2018 abrió sus puertas “Oroi. Queda mucho pasado por delante”, una nueva relectura de la colección del Centro Museo de Arte Vasco Artium de Araba que estará disponible hasta el 25 de agosto. Prácticamente un año para disfrutar de una jugosa representación de los fondos de la pinacoteca alavesa. De nuevo un ejercicio básico para dotar de valor a las obras que se encuentran en los almacenes del centro, de un nuevo papel que ayude a construir una mirada diferente al público visitante. La memoria es el motivo aglutinante de este nuevo camino actuando desde la complejidad que la conforma.

Los objetos artísticos y su función como depositarios de experiencias y símbolos asumen una responsabilidad como transmisores y creadores de lugares de encuentros. Entra en juego una mirada hacia adentro de la propia institución pública y sus funciones, como custodio de reliquias contemporáneas que se activan dentro de nuevos relatos con cada nueva mirada que los interpela. El elenco lo conforman más de cien creaciones con autorías tan recomendables de seguir de cerca como Txomin Badiola, Txuspo Poyo, Richard Serra, Ixone Sádaba, Avelino Sala, Elena Blasco, Elena Mendizabal, Azucena Vieites, Joan Fontcuberta o Mirari Echávarri.