2019/01/06

Seguridad en internet
BERTA GARCIA

Año nuevo, propósitos nuevos o, al menos, eso es lo que dice ese viejo pronóstico que sirve para darse ánimos cada 1 de enero... aunque, en general, sea difícil de llevar a cabo, porque seguimos cumpliendo más años que menos. Esa certidumbre nos la da la experiencia y, como decía el padre de la relatividad: «El aprendizaje es experiencia, todo lo demás es información». Bueno, pues pongamos la teoría en práctica.

Como empezamos a tener consciencia de lo vulnerables que somos con el uso de las nuevas tecnologías, tendremos que ir dar pasos para cuidarnos mejor poniendo cortapisas en nuestras puertas de entrada, que es por donde se nos cuelan los ciberladrones. Un caso archiconocido es el de las alertas que recibimos con frecuencia por whatsapp, recomendando ir al enlace correspondiente para obtener más información, mientras en ese mismo acto se nos ha descargado una app.

De estos engaños y falsas noticias la red está repleta. Y quienes los difunden saben bien que se corren como la pólvora, pues incluso las personas de nuestro entorno colaboran generosamente creyendo que nos hacen un favor. El resultado: Campañas de phising o epidemias de gripe cibernética que, para empezar, ya sabemos que tienen por objeto captar las direcciones de correo electrónico, los datos personales, las listas de contactos o el tipo de dispositivo utilizado, datos que se utilizan luego para fines lucrativos propios. De entrada, lo mejor es aplicar el remedio de la abuela; es decir, optar por lo sencillo y sin contraindicaciones. Así que desconfiemos de las cadenas de alertas, no accedamos a los enlaces que se adjuntan, no instalemos aplicaciones para ver una noticia y, sobre todo, no reenviemos mensajes con noticias alarmistas.

La cuestión de la seguridad da para mucho y vamos a tener que dotarnos de herramientas, pues la codicia por nuestros datos personales ya no se va a limitar al gremio de los delincuentes. Así que seguiremos hablando del Gobierno, que entre políticos anda el juego. Lo dicho, primero información, después experiencia. ¡Qué razón tenía Einstein!