2019/01/27

Lugar
IKER FIDALGO ALDAY
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La imagen está unida a la noción de veracidad. La representación como un reflejo fiel de la realidad, un soporte sobre el que volcar una recreación que contenga un pedazo de vida. La creación artística o visual no es nunca un espejo. La interpretación es inevitable en el momento en el que se elige un encuadre, una limitación. Por muy realista que sea una pieza, pasa por una elección desde la mirada y su posterior materialización.

Si el surgimiento de la fotografía pareciera ensalzarla como la disciplina portadora de la captura fidedigna de lo que acontece en el mundo, el arte la sitúa en un lugar en el que la producción desde la subjetividad la atraviesa como a cualquiera de las grandes técnicas. Sin embargo, aún en la actualidad, los diarios y las revistas continúan plagadas de fotografías que nos alimentan de mosaicos infinitos de imágenes. Los teléfonos móviles comenzaron a incluir la cámara como elemento de primera necesidad que pudiéramos guardar en el bolsillo, siempre disponible para cualquier momento.

Con todo, las tecnologías de la información, que encuentran su cénit actual en las redes sociales, comparten miles de capturas por segundo, provocando a su vez una variación irreversible en nuestra forma de recordar y de vivir los momentos. La pérdida de soporte físico y la entrada de lo digital la convierten en el contenido más veloz, barato y fácil de consumir mientras que sigue manteniendo un estatus dentro de la jerarquía cultural o la documentación periodística.

La sala Kutxa Kultur situada en la plaza del Centro Internacional de Cultura Contemporánea Tabakalera de Donostia, inauguró el pasado 23 de noviembre “Historia portátil de la fotografía. Colección Lola Garrido”. Las 120 piezas que completan la muestra forman parte de un patrimonio de casi mil instantáneas que atraviesan la historia de la fotografía y en consecuencia de la creación visual del pasado siglo en Occidente.

Con una intención comisarial que renuncia a la disposición cronológica de su contenido, encontramos grandes nombres del pasado de la fotografía así como icónicas obras cuyo lugar está más que asegurado en el imaginario colectivo de nuestra sociedad. La afamada coleccionista cuenta entre su elenco con autores y autoras como Berenice Abbott, Robert Capa, Robert Mapplethorpe, Man Ray, Dorothea Lange, Cecil Beaton, Henri Cartier-Bresson, William Klein o René Magritte. Los dos pisos de la sala alojan hasta el 17 de febrero esta visión “portátil” que ya ha visitado lugares como Niza o Moscú.

El último Festival Internacional de Cine de Donostia fue testigo de la participación de la película “Dantza” del director Telmo Esnal (Zarautz, 1967). Un filme de ficción que se estrenó el pasado diciembre y que encuentra en la danza tradicional el hilo conductor para una narración aterrizada en lo poético y de una factura estética impecable. En este escenario se encontró Xabier Artola (Donostia, 1957) cuando asistió a las primeras sesiones de rodaje y comenzó a registrar el proceso de la película. Aquel trabajo de más de dos mil imágenes se condensa hoy en veinte instantáneas que conforman “Bailando ante las cámaras: una colección de fotos de Dantza” en la sala de exposiciones Alberto Fernández Ibarburu de la Sociedad Fotográfica de Gipuzkoa.

La inauguración del pasado 11 de enero marcó el inicio de esta oportunidad para conocer de cerca y hasta el 6 de febrero el universo de la propia película. Un ejercicio que vuelve a llevarnos a repensar las barreras entre el registro documental y la creación artística. El cine como proceso creativo que es a su vez retratado por otra lente.