2019/02/10

Recuperar el meandro
IñIGO GARCÍA ODIAGA
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En el año 2010, Gante organizó un concurso de ideas para el diseño de una nueva biblioteca en el centro de la ciudad flamenca. Un ambicioso proyecto que proponía un programa mixto que, de alguna manera, perfilaba lo que las bibliotecas de la era de internet debían ser. La construcción tenía que albergar una biblioteca más o menos tradicional, además de salas de trabajo y de reuniones, una cafetería con vistas a la ciudad, así como oficinas y laboratorios para la Universidad de Gante y un centro para nuevos medios de transmisión del conocimiento.

El proyecto ganador fue el realizado por el estudio catalán RCR en colaboración con la oficina local Coussée & Goris Architecten. El monumental edificio, construido como resultado de todo este proceso, pretende ser una casa abierta para el conocimiento y la innovación, y un nuevo catalizador cultural para el lugar. La gran estructura metálica de plantas apiladas recorre el frente del río y ofrece un contraste interesante con los monumentos históricos que la rodean. Lo que solía ser un rincón descuidado de la ciudad, una parcela extramuros del núcleo medieval, se ha convertido ahora en un balcón hacia el centro histórico y la memoria de Gante.

Además, el nuevo edificio, llamado Krook, también tenía que convertirse en un digno compañero de obras maestras cercanas de la arquitectura moderna como las de Henry Van de Velde, el Boekentoren o la Torre del Libro y la biblioteca de la universidad. Es, por tanto, un elemento vital en la regeneración de un vecindario en decadencia que pretende recuperar un lugar perdido en un ámbito de reunión para los residentes locales. El Krook se encuentra junto al río Scheldt, que alcanza su punto más bajo junto a la biblioteca en su viaje a través de la urbe y al hacerlo dibuja una curva, un meandro o un krook, en neerlandés antiguo, declarando incluso con su nombre su relación con el sitio.

Con su construcción de acero, organizada como una pila de mesetas horizontales rígidas que vuelan desalineándose unas respecto de las otras, el proyecto parece estratificarse en capas que podrían entenderse sedimentadas por el río. Los arquitectos optaron también por reflejar en el Krook, mediante un quiebro, la curva del arroyo, reduciendo así ópticamente el volumen del edificio y permitiendo más áreas públicas y zonas verdes a su alrededor. En el interior, el hall de entrada de doble altura se multiplica en los pisos superiores creando un flujo de relaciones verticales y horizontales, mientras que la atmósfera íntima y hogareña, bañada por una luz filtrada suave, se combina con una vista abierta a Gante. Los diferentes niveles del inmueble crean además una gradación de intimidad pasando del bullicio de la ribera del río a los espacios más acotados destinados a los investigadores en las plantas superiores.

Una conexión directa con el entorno. En el exterior, dos nuevos puentes permiten a los peatones y a los ciclistas un fácil acceso a la plataforma, creando un novedoso paisaje urbano que da la bienvenida a los visitantes y los habitantes del barrio por igual. En cierto modo, el edificio persigue sumarse a la ciudad existente, por lo que es fundamental que se establezca una conexión fluida con su entorno real. Como primer paso los arquitectos decidieron elevar el nivel de la entrada principal, colocando un parking público a la cota del río, para que el Krook quedase conectado con el tejido urbano circundante. En el interior, el proyecto imita una urbe con sus calles, plazas y espacios públicos de reunión. El vínculo físico con la ciudad circundante se crea a través de atractivas vistas, provocando de ese modo una conexión visual directa entre la biblioteca y la ciudad a la que sirve.

Por ese motivo, el edificio es extremadamente transparente y abierto hacia el exterior, lo que hace que sus usuarios descubran lo que este lugar recuperado tiene para ofrecer. El interior se mantiene bastante oscuro, lo que, por un lado, mejora el disfrute de las vistas exteriores; por otro, esa penumbra interior define una atmósfera tranquila que tiene un efecto interesante en el bajo nivel de ruido de los espacios. El techo está formado por láminas metálicas, lo que permite una excelente absorción acústica, pero es la suavidad de la luz lo que provoca una experiencia subjetiva de silencio.

En cuanto a la materialidad de la biblioteca Krook, hay que destacar su sobriedad, ya que se trata de un edificio despojado de cualquier ornamento, con un lenguaje prácticamente industrial. Los materiales de construcción, el metal y el hormigón, aparecen sin adornar y se les otorga libertad para desempeñar un papel protagonista en la apariencia final del conjunto. Pero optar por esta práctica de crudeza, donde los materiales de construcción se dejan expuestos, exige un acabado inmaculado, con un cuidado extremo en el detalle técnico y en la precisión constructiva. Al mismo tiempo, esta práctica beneficia la sostenibilidad y los costos de construcción, tanto en la obra en sí como en su mantenimiento a largo plazo.

El edificio fue totalmente construido mediante elementos metálicos prefabricados, que fueron transportados a la obra usando los canales de la ciudad, simulando el antiguo transporte fluvial que convirtió Gante en una importante urbe. De nuevo, una forma de recuperar el río Scheldt y su viejo meandro.