2019/05/12

Arquitectura de márgenes del capitalismo
IBAI GANDIAGA PÉREZ DE ALBENIZ
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El capitalismo de inicio de milenio ha creado un nuevo tipo de pobre, uno que sigue siéndolo pese a tener trabajo remunerado. Esa nueva clase social, el precariado, vive en los márgenes del discurso de riqueza y bienestar que impregna el Primer Mundo, y si bien el Tercer Mundo era percibido como un ente lejano geográficamente de los centros económicos principales definidos por los estados-nación, se descubre que en las sociedades más ricas lo comunitario pierde terreno frente a lo privado, y que ese ataque se centra en la persona. Esta que sigue a continuación es la historia de cómo la arquitectura se ve como una herramienta para luchar contra esa balanza descompensada, a través del trabajo de un grupo de arquitectos y arquitectas en Alabama.

En el sureste del país más poderoso del mundo se encuentra el pueblo de Newbern, en el condado de Hale. Este territorio es un margen en sí mismo: rural, alejado de la imagen tradicional de los Estados Unidos, organizado a lo largo de una carretera que recoge, diseminados, los pocos edificios que configuran la vida comunitaria, esto es, las tres iglesias (baptista, metodista y presbiteriana), la oficina de correos, el colmado, el bar… Entre todos ellos, destaca el de los bomberos, un cuerpo voluntario formado por los vecinos. Cuando se acabó de construir, hacía 110 años que el pueblo no veía un nuevo edificio público; tanto es así que, desde su construcción, incluso las reuniones y asambleas municipales se celebran en él.

Esta estación de bomberos es la obra más celebrada de Rural Studio, programa formativo de la Escuela de Arquitectura de Auburn, Alabama. Fundado por los arquitectos y profesores Samuel Sambo Mockbee y Dick Hudgens, el Auburn Rural Studio pone 233 kilómetros entre los talleres de la escuela y el lugar de enseñanza. La idea se resumía en la frase de Mockbee, «Proceed and be bold» (Adelante y sé valiente), y en la idea de que los alumnos debían de poder mancharse las manos (hands on) para poder diseñar arquitectura que contase.

La localidad elegida para hospedar el programa, Newbern, fue retratada por el fotógrafo de la Gran Depresión estadounidense, Walker Evans, captando la vida de tres familias de granjeros blancos muy pobres. La cría del pez-gato y una pequeña porción de agricultura cubren el territorio, donde la trama urbana es simplemente una carretera sobre la que se agolpan los inmuebles que definen un paisaje en el que la arquitectura no se vierte ni se fragua, sino que se clava y pega. La manera de construir proyectada por Rural Studio partía de esa base de construcción técnicamente sencilla, con un uso de piezas atornilladas, usando cerchas espaciales para cubrir grandes espacios, de manera que pequeños materiales puedan ser unidos entre sí por personas con poca cualificación profesional (como los estudiantes).

Junto con la estación de bomberos podemos encontrar otros proyectos interesantes, diseñados por estudiantes de segundo o último curso, entre los que destacan el programa 2K$, basado en el diseño y construcción, incluyendo la mano de obra, de una casa por menos de 20.000 dólares (unos 17.000 euros).

Mockbee, el ideólogo del programa, murió de leucemia en 2001, a tiempo de ver cómo Rural Studio de afianzaba y se convertía en una referencia para todo el mundo arquitectónico. El discurso de la arquitectura como catalizador de la vida comunitaria y la calidad de vida en los ambientes degradados lleva rondando más de dos décadas, y últimamente ha cobrado relevancia con ejemplos como el de Shigeru Ban, que utiliza elementos de cartón para erigir refugios en situaciones de desplazamiento por causas medioambientales, o el premio Pritzker Alejandro Aravena, que ha realizado proyectos de vivienda adaptativa.

En pleno corazón. Lo verdaderamente relevante del caso de Rural Studio es comprobar cómo este tipo de estrategias arquitectónicas se aplican no en zonas de desastres naturales en el océano Índico, o en bolsas de urbanizaciones irregulares de favelas, sino en pleno corazón del capitalismo. No hace ni sesenta años que el Ministerio de Vivienda franquista ponía en marcha la iniciativa de “Poblados Dirigidos”, en la que un grupo de técnicos dirigía a campesinos que acudían en masa a Madrid para trabajar y permitía un alto nivel de autoconstrucción en localidades como Entrevías, Fuencarral u Orcasitas, con la colaboración de arquitectos afines al régimen, pero modernos, como Francisco Sáenz o Alejandro de la Sota. Es una realidad que tal vez se han esforzado en hacernos olvidar, pero estamos a un brinco de esas realidades.