2019/05/19

«The Big Bang Theory» y la comida
MIKEL SOTO
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Cuando se publique este artículo, hará tres días que habrá finalizado la telecomedia “The Big Bang Theory” (TBBT), supongo que en medio de una gran expectación y una mayor repercusión. Su impacto en la cultura popular, habiendo conseguido que millones de espectadores conozcan a sus personajes, tramas y chistes, es algo que buscan todas las series pero muy pocas consiguen. “TBBT” se retira victoriosa tras doce temporadas y sin claros signos de agotamiento. En un mundo en el que, como Sheldon Cooper recuerda, «se hizo una película de ‘Firefly’ después de que se cancelara; ‘Buffy Cazavampiros’ continuó como un cómic y ‘Héroes’ fue bajando lentamente la calidad de temporada en temporada hasta que los fans agradecimos que terminara». Despedir una sitcom en estas condiciones es toda una proeza.

En sesudos análisis en internet o, peor aún, en ininteligibles y mediocres papers universitarios, posmodernos escanciadores de vinagre nos habrán descubierto ya porqué no es una serie feminista interseccional a las y los millones de garrulos que la hemos disfrutado sin perder de vista qué era y los problemas que planteaba. Lo cierto es que, pese a lo subversivo del humor, la comedia suele ser un género fértil para el machismo, el clasismo, el racismo y demás deleznables ismos. “TBBT” ha tenido todos estos lastres pero creo que hay que destacar que la evolución de los personajes ha sido inteligente y todos se han convertido en mejores versiones de sí mismos sin perder la gracia. Asimismo, conforme las actrices han subvertido ese vacío avatar que escribieron para ellas, han conseguido crear unos personajes femeninos que han mutado el corazón de la serie.

Millones de personas agradecerán a “TBBT” su reivindicación de la menospreciada subcultura geek a la que pertenecían y, en este inquietante retorno de nuestra sociedad al Medievo con pseudociencias, magufos y terraplanistas, tenemos que aplaudir el amor y el humor de la serie por la ciencia y, en lo que respecta a esta sección, por la gastronomía. “TBBT” arranca cuando Leonard invita a comer a su nueva vecina Penny y, a partir de ahí, la comida actúa siempre como punto de encuentro de los personajes; en sus casas, en la universidad, en el trabajo de Penny y Bernadette, en las citas sentimentales, en las celebraciones… Llevo meses apuntando chistes sobre gastronomía y he parado al superar el medio centenar.

«Sheldon dixit». Sheldon nos ha enseñado que un tenedor tiene cuatro púas porque si tiene tres es un tridente «y sirve para gobernar los mares»; nos ha explicado que un sándwich de pavo y roast beef con queso suizo y lechuga en pan integral debe hacerse con «el queso siempre junto al pan como barrera para que no pase el agua de la lechuga», porque de lo contrario parecería que se hubiera caído en un charco; que la pizza es la mejor comida porque viene en cajas cuadradas, es redonda y tiene porciones triangulares; que su madre ama la cocina italiana, «porque es lo que los romanos hacían comer a Jesús»; y… algo que demasiados vascos y vascas suscribirían, que cocinar es la manera que tiene su madre de decirle que le quiere «y cocinar cuando está muy cansada es su manera de decirme que me quiere mucho». Como nosotras y nosotros, no paran de hablar de comida mientras comen y utilizan la comida para mostrarse amor. De hecho, uno de mis momentos favoritos se produce cuando, al morir la madre de Howard, el frigorífico se descongela fortuitamente y deciden juntarse a cenar, como si la señora Wolowitz cocinara para ellos una última vez. Y así los recordaremos, reunidos en torno a la comida, evolucionando como personas, amigos y parejas, haciéndonos reír. Por eso, les deseo «larga vida y prosperidad».