2019/07/21

«Untouchable»
MIKEL INSAUSTI
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La caída del imperio Weinstein es abordada por la documentalista británica Ursula MacFarlane en “Untouchable” (2019), película seleccionada para la sesión inaugural del Festival de Sundance. En su día, otro documental titulado “Biografía no autorizada de Harvey Weinstein” (2012) ya analizaba la figura del otrora todopoderoso productor de Hollywood, pero entonces el realizador Barry Avrich se centró única y exclusivamente en su ascensión dentro de la industria del cine hasta convertirse en uno de los hombres más influyentes del negocio. Faltaba, por lo tanto, incorporar al perfil de este oscuro personaje sus abusos de poder, y que concretamente en materia sexual han terminado por provocar su consideración dentro de la profesión y en la sociedad de persona non grata. Por sí solo ha sido quien ha desencadenado el movimiento feminista MeToo, al representar el tipo de abusador de mujeres que se aprovecha de su posición privilegiada para mantener oculto en la sombra un machismo secular, que definitivamente ha sido desentrañado y rechazado de raíz.

Son tantas y tantas las denuncias de víctimas de abusos que pesan sobre Harvey Weinstein que ya le es imposible llegar a arreglos económicos con todas ellas para evitar ir a juicio, como solía hacer con un cheque a la portadora y en privado. De todas las actrices que van engrosando la interminable lista es la veterana Rosanna Arquette la que toma la palabra en nombre de las muchas compañeras que han trabajado asiduamente en el cine y son mundialmente conocidas. Luego está la actriz de origen latino Paz de la Huerta, que encabeza a una generación reciente que se ha hecho popular gracias a la televisión, ya que ella tuvo su oportunidad con la serie “Boardwalk Empire”, detrás de la cual estaba Martin Scorsese, a quien Weinstein ha venido produciendo algunos de sus últimos largometrajes. Y en tercer lugar nos encontramos con la incipiente actriz Erika Rosenbaum, que sería el ejemplo de la chica de fuera (Quebec) que no consigue hacerse un sitio, debido a que su posible talento se malgastó en sesiones de casting que no iban a ninguna parte y terminaban en acoso puro y duro.

Son tres intervenciones que no ofrecen ninguna clase de duda, pero sobre el resto se cierne la sombra de la sospecha, ya que se trata de sus colaboradores más cercanos, ejecutivos de los estudios y hasta colegas de instituto. No pueden negar ante la cámara que conocieran la verdadera naturaleza enfermiza y obsesa de este productor, pero tal vez prefirieron mirar hacia otro lado en su momento, lo que nunca queda del todo claro en cuanto a complicidad se refiere.

Weinstein fue el mentor de Quentin Tarantino y se convirtió en el gran padrino del cine independiente comprando películas de jóvenes autores que triunfaban en Sundance, empezando con “Sexo, mentiras y cintas de video” (1989), de Steven Soderbergh, o “Clerks” (1984), de Kevin Smith. Era su estrategia para competir con su productora Miramax frente a las grandes majors. Su siguiente asalto al éxito consistió en adquirir los derechos para Hollywood de películas británicas de prestigio con las que conquistaría los Oscar, como “El paciente inglés” (1996), de An thony Minghella, o “Shakespeare enamorado” (1998), de John Madden.

Ursula MacFarlane no ha caído en el error de entrevistar a cineastas consagrados que estuvieron amparados bajo el paraguas de Weinstein Company, porque ya sabe la respuesta de antemano. Su propio hermano Bob, que solo sale en fotografías de archivo y en audio, actúa como el socio que no sabía nada de la vida íntima del jefe. La mayoría se limita a hablar de la relación contractual, e incluso Michael Moore tuvo un litigio monetario a cuenta de su documental “Fahrenheit 9/11” (2004).

Esta es la turbia historia de un empresario del mercado de arte, la cultura y el espectáculo que empezó su carrera organizando conciertos de rock en los años 70, allí en su ciudad natal de Buffalo.