2019/09/08

Una casa a pedazos
IñIGO GARCIA ODIAGA
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Los terremotos del año 2017 de México arruinaron una gran cantidad de viviendas y, como es lógico, afectaron de forma irreparable a las más humildes, muchas de ellas desarrolladas por medio de la autoconstrucción. Tras los fuertes sismos que se produjeron en el mes de setiembre, gran número de iniciativas privadas y de ONG se pusieron en marcha espontáneamente para intentar paliar el problema de la vivienda de forma definitiva. Una de las acciones más exitosas fue la llevada a cabo por el colectivo PienZa Sostenible en varias comunidades y municipios de los estados de Morelos y México, con el apoyo de agentes locales que fueron los encargados de recaudar recursos privados para reconstruir las casas dañadas.

A diferencia de las iniciativas institucionales del propio Gobierno de la región, PienZa Sostenible lideró un proceso personalizado en el que se identificaron las casas dañadas sin derecho a apoyo gubernamental, presentando proyectos para cada una de esas viviendas. En primer lugar, se invitó a varios arquitectos a colaborar gratuitamente y, en segundo, se puso en marcha una fábrica móvil capaz de generar más de 2.500 bloques de hormigón de alta resistencia al día, material que se estableció de uso obligatorio en todos los proyectos.

Por un lado, esta industrialización y sistematización del proceso constructivo ahorraba costes y, por otro, garantizaba la resistencia estructural de las nuevas edificaciones frente a terremotos futuros. Además, se estableció un proceso en el que los arquitectos conocían a las familias afectadas, desarrollando un proyecto a partir de las necesidades específicas de cada una de ellas y, tras la aprobación del proyecto por los clientes, se procedía a su construcción a través de una empresa obligatoriamente local. De esta forma se garantizaba una mano de obra experta, al mismo tiempo que se reactivaba la economía de la región muy estancada tras los desastres naturales.

La Casa Rosario es un proyecto fruto de la colaboración de los estudios Dosa Studio y Rojkind Arquitectos para la familia Hernández. Los Hernández son agricultores, se dedican al cultivo de plantas y la familia está compuesta por tres miembros; la señora Rosario, su esposo Mayolo y su hijo Iker, de 4 años.

El contexto vegetal y paisajístico, así como el clima muy agradable donde que se encuentra la vivienda, determinaron la forma final del proyecto. La vivienda de Rosario se configura mediante cuatro piezas en el que las circulaciones entre ellas se encuentran al aire libre formando una cruz que, más que en un pasillo, se transforma en un espacio exterior que conecta los distintos espacios: sala, comedor, cocina, baño y dormitorios. Esas circulaciones al exterior se convieten en un espacio que amplía la vivienda en relación a la exuberante vegetación, generando una especie de paradoja, en la que un exterior opera como un interior más de la casa. Es un espacio central con cuatro fugas visuales que se rematan con los frondosos árboles que rodean la residencia y con las flores magentas de las buganvillas.

Por otro lado, este espacio central que articula todas las piezas mantiene la independencia de cada una de ellas, posibilitando que los cuatro cubos de bloque queden suficientemente conectados para presentar una realidad común, pero, al mismo tiempo, suficientemente distanciados como para mantener la privacidad de cada una de las estancias. Esta individualidad de las piezas permite además resolver de forma concreta la introducción de la luz en función de las necesidades de cada uno de los usos, permitiendo construir además un gran número de sombras que controlan una luz que en verano puede ser muy excesiva.

Por otro lado, la topografía juega un papel muy interesante en cuanto a la configuración de los espacios, al crear múltiples atmósferas y diferentes vivencias del espacio por medio de la contenció del espectador en distintos niveles. La vivienda para la familia Hernández puede, en ese sentido, entenderse como una serie de cubos enterrados en la topografía, donde cada elemento genera su propia identidad debido a la diferencia de alturas entre las piezas. Ninguno de los espacios resulta más protagonista que otro, ya que el valor del proyecto reside en el conjunto. Además, si ese papel protagonista existiese desaparecería al instante ya que le correspondería ejercerlo al vacío, al hueco central que actúa como un pegamento espacial que ata el conjunto, valorando más la suma que cada uno de los pedazos.