2019/09/15

Erreportajea
UNA MIRADA AL MUNDO
Alessandra Korap, la guerrera viral desconocida
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«No os daremos la Amazonía!», exclamaba mientras golpeaba una y otra vez con sus manos la mesa alrededor de la que, con expresión incómoda, estaban sentados algunos de los congresistas del Parlamento brasileño. El vídeo que recogía el contundente discurso de aquella indígena de rostro y brazos decorados con tatuajes rituales, pequeña estatura y un enfado tan hiperbólico como la longitud del río Amazonas, se corrió este verano como la pólvora en las redes sociales, a raíz de que el pasado agosto se supiera que el llamado “pulmón del planeta” ardía otra vez... y ahora, con el apoyo decidido del presidente Bolsonaro a los grandes empresarios agrarios y a la actividad industrial agresiva, más que nunca. Según datos oficiales, desde principios de año hasta mediados de agosto se han registrado 72.000 incendios forestales, la mitad de ellos en la Amazonía: queman los árboles, y eso supone deforestar para vender la madera o aumentar las zonas para cosechar... o lo que sea. Explotar la selva, principalmente. En base a datos del Instituto de Medioambiente brasileño, se sabe que a finales de 2018 se contabilizaron 435 minas ilegales en la Amazonía. Cada minuto se corta el equivalente a cinco campos de fútbol. Y 22.000 indígenas han sido desplazados de sus tierras hasta el momento.

Grabado en abril pasado, durante la comparecencia de los representantes indígenas en el Parlamento, con motivo de la última edición del campamento indígena Terra Livre en Brasilia, no es extraño que meses después el vídeo saltase de las redes a los medios. No en vano, la denuncia de Alessandra Korap –así se llama esta líder del pueblo munduruku– cobraba plena actualidad: «No vamos a entregar nuestras tierras, ¡vamos a luchar! Los garimpeiros (mineros ilegales) invaden nuestras tierras, los madereros invaden nuestras tierras, los evangélicos están entrando en nuestras tierras para dividir a nuestro pueblo, acabando con nuestra cultura y hasta con nuestra alma. ¡Demarquen nuestras tierras, las tierras de la Amazonía! Algunos dicen: ‘El indio es incapaz, el indio es un animal’. No somos ningún animal, animales son los que están violando nuestros derechos, unos derechos garantizados. Y a Jair Bolsonaro y a ustedes, congresistas, les digo: respeten nuestra vida, respeten nuestro territorio, respeten nuestros derechos, respeten a nuestros antepasados. Llevamos resistiendo 519 años y, aunque nos corten las raíces, estas seguirán enterradas bajo tierra».

Coordinadora de la asociación Pariri, que reúne a 35 familias, Alessandra Korap es munduruku, uno de los 240 pueblos originarios de Brasil. Los munduruku viven en el norte del estado Pará, en los alrededores de Aldeia Praia do Indio (Itaituba) y a orillas del río Tapajoz, el principal afluente del río Amazonas, con sus 810 kilómetros de largo. Y los munduruku tienen varios frentes de lucha, porque han parado, de momento, el megaproyecto de una central hidroeléctrica y andan en pleitos contra el proyecto Ferrogrâo, una gran línea ferroviaria que atravesaría sus territorios y veinte zonas protegidas. Alessandra Korap saltó a primera línea, precisamente, por su pelea contra la hidroeléctrica. Ahora estudia Derecho en la facultad de Santarem, para poder pelear en los tribunales y conseguir que, con su reivindicación de que demarquen sus tierras, los pueblos originarios obtengan el poder de preservar la Amazonía no solo para ellos, también para todos nosotros.