2019/12/01

«Proxima»
MIKEL INSAUSTI
1201_proxima

La película es una coproducción francoalemana que recoge los distintos idiomas que se hablan en las misiones espaciales europeas, y el título de la versión original no lleva acento, así que lo escribimos tal como es. “Proxima” (2019) es de esas realizaciones a las que el tiempo le va a ir dando la razón, porque cuando se presentó en Donostia provocó algunas dudas y divisiones entre la crítica especializada, que se irán disipando a su favor de cara al estreno. De cualquier modo, el arranque fue positivo, porque se le concedió merecidamente el Premio Especial del Jurado, y se le escapó por los pelos la Concha de Mejor Actriz para Eva Green. En el festival de Toronto, dentro de la sección Discovery, gozó también de una buena acogida, así que se puede concluir que Alice Winocour ha logrado una justa repercusión internacional con su tercer largometraje.

A la joven cineasta le han interesado los temas científicos desde el principio, por eso en su ópera prima “Augustine” (2012), protagonizada por Vincent Lindon, Chiara Mastroianni y Soko (Premio a Mejor Actriz en el festival Mar del Plata), se hacía eco de la figura del profesor Charcot, que llevó a cabo investigaciones sobre la histeria durante la segunda mitad del siglo XIX. En su siguiente película, “Disorder” (2015), protagonizada por Matthias Schoenaerts y Diane Kruger, abordó el tan actual síndrome del estrés postraumático, aunque la progresión que parecía apuntar se vio interrumpida por la elección de un género tan violento y propicio a los equívocos como el de la home invasion. Debido a lo cual, “Proxima” (2019) supone toda una recuperación cargada de promesas para su futuro cinematográfico.

En un género como el de la ciencia-ficción no hay que dejarse engañar por la posible falta de espectacularidad, ya que desde hace bastante tiempo el cine independiente, también en el viejo continente, ha desarrollado una corriente intimista del mismo. En mi opinión, “Proxima” juega sin complejos en las grandes ligas y conecta profundamente con la obra maestra de James Gray “Ad Astra” (2019), en lo que se refiere a la traslación de las relaciones familiares a una odisea espacial. Ambas obras utilizan los lazos de sangre para hablar en un sentido más amplio del origen de la propia especie humana y su búsqueda en una carrera hacia el infinito que se desarrolla en un medio exterior que le es hostil, al no disponer de instinto natural para adaptarse a la vida lejos de la tierra. En la película de Gray, el actor Tommy Lee Jones era el padre y Brad Pitt el hijo, y esa relación paternofilial de ambiciosa significación encuentra su versión femenina en clave de relación maternofilial en la película de Winocour.

Los simbolismos y conceptos metafóricos que maneja nuestra cineasta parten de la referencia al planeta de la humanidad como la “madre tierra”, a la vez que utiliza las fases de separación por las que atraviesa un cohete con la designación astronáutica de “separación umbilical”. Alice Winocour acierta de pleno al poner el foco en el papel decisivo que juega la mujer en un momento en que se abre una lucha contra nuestra naturaleza misma, y nadie como una astronauta para representar el dilema que surge con las misiones a años luz del hogar, y que lleva el problema de la conciliación familiar y laboral a una dimensión superior a la hasta ahora conocida.

El título en sí de la película apunta hacia un futuro inmediato, dentro de una perspectiva que nace de una realidad constatable. Y su fiel realismo, en una época en la que la mujer puede aspirar a ser una heroína del cosmos, proviene de la documentación relativa a las localizaciones en las que se ha rodado: en la ESOC (Centro de Seguimiento y Control de las misiones de la Agencia Espacial Europea) en Darmstadt; en Star City (Centro de entrenamientos de astronautas en Rusia) y en el Cosmódromo de Baikonur (Kazajistán), desde donde despega el cohete.