2019/12/29

Inocente, inocente
BERTA GARCIA

Ahora que las campanadas están al caer para dar paso al nuevo año y, aunque 365 días dan para mucho, como personas consumidoras resaltaremos aquellos monigotes que, invariablemente, nos acompañan colgados a la espalda y que poco tienen que ver con el día de ayer. Y es que somos los engañados, los inocentes objeto de escarnio para quienes manejan el Mercado. Valemos lo que valemos mientras consumimos, si no pintamos tan poco como el monigote que nos cuelgan.

Ilustremos las parodias: Consumimos productos energéticos de primera necesidad (gas, luz, etc), que suponen un buen pellizco en la economía doméstica. Pero, ¿nuestros gobernantes nos cuidan tanto como a las grandes fortunas a las que rebajan los impuestos de sociedades o patrimoniales? Compruébalo. Si dejas de pagar la factura te cortan el suministro, pero al de la lista Forbes le condonan o rebajan la deuda en caso de evasión u olvido premeditado.

Potenciamos a la banca y sus negocios financieros con nuestras hipotecas, créditos al consumo y/o comisiones leoninas, porque mediante leyes ha desaparecido el dinero contante para usar el de plástico. O, peor aún, por impagos, la banca ha pasado a ser propietaria de medio parque de viviendas peninsulares. ¿Quién ha salido al rescate de quién? Los llamados «paganinis de todo y dueños de nada», es decir, nosotros.

Se nos cae el mundo encima con la emergencia climática. Grave, tremendo. Culpan a lo mucho que comemos, a las vacas y ahora apuestan por el veganismo. En contraposición, no tocan la industria multinacional textil (en manos de unos pocos millonarios), que aún quedan las rebajas de enero y algunos blackfriday que disfrutar.

Alguien dijo que «somos los empleadores de quienes nos dicen gobernar, pero no obtenemos renta de capital». ¿Por qué reparten dividendos como aguinaldos cuando se disuelven las Cámaras? O, por ejemplo, ¿les premian con jubilaciones generosas? ¡Ay pobres e inocentes pensionistas¡ Hoy como hace dos mil años: pan y circo mediático y a seguir celebrando las bacanales ajenas. ¿Ponemos cara de póker o cambiamos las tornas?