Mirando al cielo

Hacía ya nueve días que la familia de Ali, con sus 27 ovejas y seis camellos, avanzaba bajo el sol cuando, en junio pasado, se la encontró el fotógrafo. Nueve días persiguiendo nubes que parecían reirse de ellos. El termómetro superaba los 45 grados y hasta donde alcanzaba la vista la tierra estaba seca. «Dicen que las primeras lluvias han caído al norte. Allí es adonde vamos», explicaron. El camino era largo: procedían de Nigeria y su objetivo estaba a cien kilómetros, en Bermo, un pueblo situado en pleno Sahel donde pasan el invierno miles de pastores fulanis a su regreso de la trashumancia. Los fulanis forman uno de los principales grupos étnicos del África occidental. Nómadas, la mayoría vive en el Sahel y ven, día a día, como su vida se ve amenazada por la crisis climática. Porque Níger, donde más del 80% de la población vive de la agricultura y especialmente de la ganadería, es el país del Sahel más afectado por la crisis: según las estadísticas, cada año se pierden entre 100.000 y 120.000 hectáreas de tierras debido a la desertificación. Ubicada a las puertas del desierto, Bermo también sufre cada vez más sequías que diezman los rebaños. Y cuando llueve, son tormentas de arena o lluvias torrenciales que erosionan el suelo. En mayo pasado recibieron con alegría las primeras lluvias... pero, al cabo de unas semanas, cesaron y durante treinta días no cayó una gota de agua. Los nómadas siguen adelante, mirando al cielo.

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