2020/01/12

¿Qué no es ser sano?
XANDRA ROMERO
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Ya sabemos qué hacer para cuidar nuestra salud y la del planeta, también que es importante no solo comer bien, si no dejar de hacerlo mal. Pero, ¿conocemos los riesgos de tratar de ser “súper-híper-mega” saludable? Lo cierto es que este último año ha sido clave para los nuevos conceptos.

Las empresas de moda se han dado cuenta de que un mayor sector de la población no consumía sus productos por razones de peso. Así surge la revolución de la moda curvy, pero cuidado, esto no es más que la mercantilización y uso con provecho comercial de un problema de salud. El sobrepeso y la obesidad no son saludables; un exceso de grasa corporal no es sano ni es fisiológico y provoca un grado de inflamación sistémica (todo el cuerpo) de bajo grado que no percibimos pero que afecta al funcionamiento de muchos órganos causando cardiopatías y otras enfermedades.

Es sano cuidar y mejorar la autoestima sea cual sea nuestro cuerpo, nuestro peso y nuestra talla, pero la infravaloración del riesgo de sufrir esta enfermedad no lo es. Curiosamente, al mismo tiempo que se establece el fenómeno curvy, también lo hace en parte de la sociedad, la situación contraria y extrema: la gordofobia. Así, existe una tendencia social en auge que afecta no solo a los/las adolescentes, si no también a las personas de mediana edad.

Ahora todos corremos triatlones, hacemos running y comemos real food. En definitiva, queremos ser súper sanos y es eso precisamente lo peligroso, pues parece que estemos en plena competición por ser los más saludables sin darnos cuenta de que, si buscar este objetivo se convierte en un dogma, ya ha dejado de ser saludable. Encontramos muchas personas obsesionadas con la salud sin darse cuenta de que saludable parece pero sano no es si tomamos alimentos saludables de manera restrictiva y exigente sin dejar lugar al disfrute.

Tampoco si usamos la comida saludable como forma de gestionar nuestras emociones; si nos prohibimos consumir ciertos alimentos y cuando lo hacemos sentimos culpabilidad por no ser disciplinados; si decimos que nos encanta comer sano pero en realidad, no disfrutamos de ello; si nos estresamos y angustiamos mucho si no podemos elegir comida suficientemente saludable; si nos limita socialmente; si necesitamos controlar y revisar continuamente el listado de ingredientes y tablas nutricionales de los alimentos; si tenemos pensamientos críticos hacia otras personas que no consumen alimentos saludables; si necesitamos pesarnos a diario para controlarnos y, por último, saludable parece pero sano no es si hacemos ejercicio a menudo de manera obligada para mantener el peso.

En ambas situaciones parecen haber tenido mucho peso, valga la redundancia, las redes sociales, como ya hemos comentado. Pero incluso, en ocasiones, las redes sociales pueden ayudarnos en esto. Así, en un estudio sobre el impacto de la adaptación y la autocompasión de las imágenes de Instagram en la imagen corporal, la autocompasión y el estado de ánimo de las mujeres, los resultados mostraron que las mujeres que vieron citas de autocompasión mostraron una mayor satisfacción corporal, apreciación corporal, autocompasión y un estado de ánimo negativo reducido en comparación con las mujeres que vieron imágenes neutrales e imágenes sobre el mundo fit (ejercicio, comida, cuerpo etc.).

De este modo, estos hallazgos sugieren que la autocompasión podría ofrecer una nueva vía para atenuar el impacto negativo de las redes sociales en la satisfacción corporal de las mujeres.

Pero, además de la autocompasión, tratar de comer conscientemente, ser flexible antes que rígido con la comida, buscar el disfrute y bienestar psicológico, así como NO utilizar el ejercicio físico como una herramienta de compensación con la que castigarnos, es lo realmente SALUDABLE y lo que nos llevará a una buena relación, con nosotros mismos, con nuestro cuerpo y con la comida.