2020/08/02

Equilibrar la energía
IÑIGO GARCÍA ODIAGA
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C onstruido entre 2010 y 2014 por el estudio de arquitectura Brandlhuber junto a los ingenieros Pichler, el proyecto bautizado como Antivilla desarrolla un edificio que combina una vivienda con un estudio. Antivilla es la restauración de una antigua fábrica de lencería abandonada, la Ernst Lück, en el municipio de Krampnitzsee, al suroeste de Berlín. Pero este proyecto es también una especie de manifiesto que cuestiona la relación entre los reglamentos y las normas de construcción, la eficiencia energética y las ideas más vinculadas a la reutilización o la adaptación de antiguos edificios. La renovación de la vieja fábrica no se queda en una simple mejora física de la capa exterior, de su fachada o de la envolvente energética, sino que cuestiona los estándares obligatorios de las normas de construcción, al proponer un nuevo concepto de arquitectura y una nueva mirada sobre el medio ambiente.

El edificio original abandonado de algo más de 500 metros cuadrados no era atractivo para futuros inversores debido a los altos costos de su demolición. Además, un reglamento establecía que cualquier edificio demolido solo podría reconstruirse con 100 metros cuadrados de espacio habitable. Es decir, la demolición habría causado una pérdida masiva de energía en términos de mano de obra y material.

En lugar de aislar por el exterior la estructura existente, anulando cualquier expresión de su pasado, y para ahorrar costos, la fachada fue recubierta con hormigón proyectado que la estabilizó estructuralmente y mantuvo esa apariencia de ruina abandonada tan característica del edificio. Para generar un gran espacio diáfano interior se eliminaron todos los tabiques interiores. Aproximadamente en el centro del edificio se levantó un núcleo de 20 metros cuadrados en que se instalaron todos los espacios servidores, la escalera, un cuarto de baño, la cocina, la chimenea, así como una sauna. El resto del espacio únicamente puede ser dividido en zonas por simples cortinas transparentes de PVC de acuerdo con las necesidades reales del clima. En verano las cortinas se usan exclusivamente para formalizar un dormitorio de 10 metros cuadrados, mientras que en invierno la zona que se calienta se reduce a 60 metros cuadrados en la zona baja, que implica mover la cama hacia el ámbito cercano a la chimenea.

La cubierta original a dos aguas, construida con planchas de asbesto onduladas, fue retirada y reemplazada por una losa de hormigón plana que se apoya únicamente en el núcleo central de hormigón, lo que permitió estructuralmente realizar grandes aberturas en los muros. Las aberturas de las ventanas originales en los dos lados largos de la casa, este y oeste, se mantuvieron exactamente iguales, mientras que en las fachadas norte y sur se abrieron grandes ventanales de hasta cinco metros. Esos nuevos huecos son el resultado del trabajo colectivo de un grupo de amigos del propietario, que derribaron el muro aleatoriamente para crear aberturas grandes que proporcionan una vista panorámica sobre los paisajes cercanos.

Estas grandes aberturas expresan la presencia física de la estructura original, y le otorgan esa identidad de ruina industrial abandonada. Inspirados por la película experimental de Claude Faraldo, “Themroc” del año 1973, en la que el protagonista experimenta un cambio vital que le llevará maza en mano a derribar muros y abrir ventanas nuevas en su casa, se perforaron esos grandes agujeros en las paredes que dan al lago y al bosque, reemplazando las ventanas existentes en esas fachadas, para obtener la máxima apertura y exposición al paisaje.

Huellas del pasado. El espacio interior se caracteriza por las superficies monocromáticas. La estructura original de ladrillo, que había sido enlucida con un fino mortero gris, se conservó en el nuevo interior. Por lo tanto, las huellas del antiguo edificio permanecen en su nueva vida, visibles en los diferentes tonos de gris y texturas que construyen la casa.

El edificio no está aislado, a excepción de la nueva cubierta, que sí contiene una capa de aislamiento. Para cumplir con las regulaciones energéticas alemanas, el nivel superior se dividió en diferentes zonas climáticas que se calcularon por separado. Las tuberías geotérmicas en el suelo proporcionan una calefacción limpia que garantiza la temperatura mínima requerida. Además, la estufa de la sauna funciona como un punto de calentamiento suplementario del espacio, alrededor del cual se crean zonas más cálidas durante los meses más fríos.

Por lo tanto, las cortinas que crean esos espacios conservan la generosas dimensiones originales, la monumentalidad espacial de la antigua fábrica, y al mismo tiempo permiten condiciones climáticas flexibles, tal vez alejadas de lo que entendemos como estándar, pero sin duda válidas si en lugar de habitar una casa se disfruta de una Antivilla.