2020/10/18

Enjaulando la complejidad
IBAI GANDIAGA PÉREZ DE ALBÉNIZ
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Xaveer De Geyter abandonó, tras 8 años de trabajo, el estudio Office for Metropolitan Architecture, OMA, para montar su propia firma. OMA, cuya cabeza visible es el arquitecto neerlandés Rem Koolhaas, ha supuesto la cabeza de lanza europea en cuanto a inventar una nueva arquitectura para el milenio se refiere, redefiniendo lo que significa diseñar edificios públicos para un mundo que en 20 años ha tenido que inventar edificios para nuevos usos que no existían. El estudio OMA también ha supuesto una gran cantera de talentos: Bjarke Ingels, Zaha Hadid, los fundadores de MVRDV Winy Maas y Jacob van Rijs, Alejandro Zaera, Ole Scheeren, Farshid Moussavi… nombres que componen un pequeño universo de estudios de vanguardia europeo.

De Geyter lleva 30 años de andadura en solitario, dentro de su obra se percibe una esencia compartida con su antiguo empleador: en la escuela Melopee, en Gante, se pone en práctica una máxima de su antiguo estudio, esto es, proponer soluciones a problemas que aún no se sabe que se tiene. Detengámonos un momento en esto.

Existe una máxima en ingeniería que dice que “si funciona, no lo toques”. Si una solución técnica solventa un problema, podremos mejorarla, pero no cambiarla. De Geyter plantea en la descripción que hace de su propio estudio que la arquitectura no va de solucionar problemas espaciales; la arquitectura, según el arquitecto belga, va de abrir posibilidades, de descubrir las posibilidades ocultas de un lugar, de un uso o de un edificio.

La anécdota que mejor ilustra esto nos la da el anteriormente citado Rem Koolhaas; en 2002, a rebufo de la tendencia a juntar pelotazo urbanístico y arquitectos “estrella” en lo que empezó a ser una lucha entre ciudades, el Ayuntamiento de Córdoba lanzó un concurso restringido para diseñar un palacio de congresos, idea que por aquel entonces todavía parecía un tractor económico de importancia. Koolhaas fue a explicar la propuesta de OMA, que ganó pese a incumplir las bases del concurso. Con una camisa blanca remangada, un botellín de agua y ese aurea que tienen los grandes, y sobre todo ante la atónita mirada de los responsables municipales, Koolhaas explicó por qué había decidido que el solar que planteaba no era el adecuado, y por qué su estudio había cambiado el sitio donde se suponía que debía de estar el palacio de congresos. Fue el único equipo invitado que hizo tal cosa, colocando un edificio de 300 metros que cruzaría de lado a lado la península de Miraflores, junto al río. OMA había buscado una solución a un problema que las bases del concurso no sabían que existía.

La escuela Melopee. De vuelta a 2020, De Geyter asumió en encargo de un centro educativo y deportivo en una zona del puerto de Gante, en el Flandes oriental belga, donde se desmanteló parte de la industria portuaria. Curiosamente, el Master Plan de Oude Dokken (Viejos Muelles), redactado en 2004, de la zona donde se construye la escuela Melopee parte de un diseño de OMA, que alterna espacios libre verdes con manzanas construidas, con un recorrido perpendicular al muelle que une los espacios.

En el caso de la escuela Melopee, la complejidad del edificio radica en todo lo que hay dentro: una escuela primaria, infantil, guardería, espacio público e instalaciones deportivas para la propia escuela, pero también para el barrio. Ante esa complejidad, la estrategia de De Geyter es crear una malla espacial de vigas de acero, cerrada con una malla ligera que en el futuro se cubrirá con planta trepadora, e ir rellenando y vaciando espacios a medida de la conveniencia particular. La primera decisión es cortar por la mitad el edificio, y dar al “barrio” una mitad, y dejar para la escuela la otra mitad. De ese modo, se da continuidad al paseo, permitiendo al público en general caminar por debajo.

De esta manera, tenemos un espacio exterior-interior que se enfrenta a los muelles viejos, mediante un parque infantil en altura. Este espacio, como si fuera el peristilo doble de los templos griegos, juega un papel de unión del exterior con el interior en la cara sur del solar.

En él, vemos una rampa con un camino sinuoso que atraviesa un jardín de plantas aromáticas, unas gradas, una cancha de deportiva, un enorme florero excavado en el piso que sirve como lugar de reunión de adolescentes, toboganes, areneros… Se aprovecha todo elemento arquitectónico para conseguir un lugar de juego donde no existan los tonos chillones y plasticosos de los juegos infantiles a los que estamos acostumbrados.