Berta García
CONSUMO

Desperdicio de comidas

Compramos más de lo que comemos, al menos esto lo hacemos en los países que se denominan “más desarrollados”. Y así pasa lo que pasa después, que generamos anualmente un desperdicio monumental de alimentos (entre otros, claro está). Las cifras cantan y no precisamente para bien, pues los 448 millones de europeos hemos desperdiciado en 2023 más de 60 millones de toneladas, o sea unos 72 kgs per cápita/año, y provocado la emisión de 170 millones de toneladas de CO2 en la producción y eliminación de residuos alimentarios.

Esto resulta paradójico en una sociedad que se supone informada y formada sobre el impacto ambiental y económico del consumo. Ya que en la “otra sociedad menos desarrollada” hay 282 millones de personas que han sufrido hambre aguda en 2023, según el Informe Mundial sobre Crisis Alimentarias que reporta que más del 20% de la población en 59 países padeció ese lastre, pero que alcanza los 733 millones, por factores como un incremento de los conflictos armados o los desastres naturales derivados de la crisis climática.

Actualmente no es por escasez de alimentos en el mundo, sino porque nuestro sistema actual no es eficiente, ni justo, ni sostenible. Y, en lo que nos toca como ciudadanía, por el descontrol en los actos de compra. Son precisamente fechas en las que más despilfarramos en gastos de comidas y más desperdiciamos alimentos y, aunque la publicidad y patrones culturales nos llevan a pensar que las neveras deben de estar llenas (lo que produce desajustes entre lo que se compra y lo que se necesita), también está la falta de sensibilidad ante el impacto social y ambiental del desperdicio de alimentos y que es el freno de mano que habrá que pulsar para dar larga vida a las fiestas y calendarios futuros. (Fuentes: Euro EFE, secc.Consumo; Consumo responsable org)