Xandra  Romero
Nutricionista
SALUD

Menopausia, la transición fantasma

La dietista-nutricionista de 7K aborda en dos artículos, este y el de la próxima semana, el tema de la menopausia. Esa etapa en la vida de las mujeres en la que definitivamente desaparece la menstruación y provoca distintos cambios, aunque en muchos casos ni se tratan ni se tienen en cuenta.

(Getty)

Hemos abordado durante todo 2024 temas especialmente relacionados con la salud femenina y también cómo el sesgo de género en medicina e investigación sigue afectando a nuestra salud de manera directa. Y es que, como dice la investigadora Susana Carmona, «sabemos más sobre la alopecia masculina que sobre la menopausia». Y esto es curioso porque todas y cada una de las mujeres pasaremos por esta situación, en la que los cambios producidos son múltiples y muy significativos, pero aún hoy en día muy banalizados.

Hablamos de menopausia cuando la menstruación deja de presentarse en el plazo de un año desde la última regla. Esto suele ocurrir entre los 45 y los 55 años de edad, sin embargo, a esto suelen precederle irregularidades menstruales que pueden durar años y a lo que llamamos perimenopausia. De modo que los cambios hormonales que causan alteraciones tanto somáticas como psicológicas importantes, comienzan incluso antes de lo que es el período de cambio menopáusico. Pero, como venimos diciendo, muchas veces ni se tratan, ni se tienen en cuenta.

Pero, ¿cuántos y cuáles son estos cambios? Y, ¿por qué es importante que se traten? En primer lugar, debido a la falta de efecto de los estrógenos, el metabolismo basal del cuerpo femenino disminuye significativamente, es decir, las calorías que consumimos solo por el hecho de estar “vivas” o, como suele decirse coloquialmente, se “enlentece” el metabolismo. Además, los estrógenos que tienen un efecto supresor del hambre sobre nuestro sistema nervioso disminuyen, con lo que resulta en una mayor ingesta alimentaria. Asimismo, la composición corporal cambia en paralelo y, a medida que aumenta el peso corporal, la distribución de la grasa cambia a una mayor grasa visceral, es decir, la que rodea los órganos y se sitúa principalmente en la zona abdominal y es muy peligrosa.

Este exceso de grasa conduce a células grasas más grandes y a la remodelación a nivel del tejido de la grasa visceral, resultando en una producción excesiva de radicales libres de oxígeno, es decir, que se dañan las células y tejidos cercanos. Pero, por si no fuese poco, a esto también reacciona el sistema inmune, induciendo inflamación sistémica local y de bajo grado que juega un papel clave en la aceleración del daño a arterias y venas.

De modo que la perimenopausia y la menopausia se asocian a una mayor prevalencia de obesidad, síndrome metabólico, enfermedades cardiovasculares y osteoporosis. Pero también a alteraciones emocionales como depresión y ansiedad. Estas enfermedades, unidas a las alteraciones desfavorables en las analíticas, pueden y deben mejorarse, por ejemplo, eliminando y reduciendo los factores de riesgo dietéticos a través de intervenciones nutricionales específicas, y deben ofrecerse por parte de los ginecólogos desde el inicio. Pero nadie nos cuenta esto, que es vital para prevenir muchas enfermedades.