Sanitarios ejerciendo desde el privilegio
El precio de la cesta de la compra con algunos de los alimentos más recomendables, en muchos casos, está muy por encima de las posibilidades reales de sectores de la población, cuyos sueldos no alcanzan para algo tan básico. Un aspecto a tener en cuenta a la hora de efectuar recomendaciones sanitarias.

Las recomendaciones nutricionales han ido evolucionando de la mano del conocimiento científico basándose tanto en los aspectos fisiológicos y bioquímicos, así como en los relacionados con la conducta alimentaria actual. Sin embargo, esta evolución de las recomendaciones dietéticas dirigidas a la población no tiene en cuenta el aspecto socioeconómico actual.
Y esto es un problema, ya que la realidad es que en el Estado español el 45% de la población, es decir, prácticamente la mitad de la sociedad, no puede permitirse una alimentación saludable básica o, lo que es lo mismo, hacer el plato de Harvard o cumplir la pirámide nutricional de turno.
Esto es una falla en el sistema, ya que para la mitad de la población no sirven de nada las campañas de educación nutricional ni las recomendaciones de los sanitarios, porque no pueden llevarlas a la práctica.
Y es que puede que a más de uno/a le escueza oírlo, pero una de las razones de mayor peso relacionadas con la mala alimentación en nuestro entorno no es no saber qué tengo que comer y qué no, o con qué frecuencia debo preparar legumbres, pescado, fruta, etc; es el precio de la alimentación sana respecto a la insana y la posibilidad real de compra de estos alimentos.
Por eso, nosotros, los sanitarios (médicos, enfermeros, nutricionistas, etc), que desde nuestra consulta lanzamos recomendaciones e incluso, a veces, responsabilizamos al paciente por no alimentarse de forma adecuada, recordemos que nuestro trabajo no es tratar desde el privilegio; es ayudar al paciente a encontrarse mejor con las circunstancias y recursos que tiene. Y recordemos que comer fruta, pescados o huevos hoy en día significa ser un privilegiado.





