2015/01/04

Mucho más que una regata

Hace cuatro días que Aleix y Dídac, dos jóvenes catalanes, zarparon del puerto de Barcelona tripulando el velero One Planet One Ocean (OPOO), en la tercera edición de la Barcelona World Race. Si los vientos lo permiten, el OPOO, con una misión científica y medioambiental añadida, estará de regreso a finales de marzo junto a las otras siete embarcaciones.

Oriol Clavera
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En su quinto día de regata, es probable que hoy One Planet One Ocean, un velero de la clase IMOCA 60 de algo más de 18 m de eslora por 5,30 m de manga, esté entrando en el Océano Atlántico. O, quizás aún continúe navegando las últimas millas del Mediterráneo antes de cruzar el Estrecho de Gibraltar. Sin duda, este es uno de los pasos más complicados con los que se topará pocos días después del inicio de la tercera Barcelona World Race, allí donde las aguas del imprevisible Mediterráneo se mezclan con las del gran océano, antes de poner rumbo hacia el sur.

Aleix Gelabert (Girona, 1977) y Dídac Costa (Barcelona, 1980) tripulan este barco. Pero su aventura no empezó el pasado miércoles sino hace ya unos meses, cuando en febrero se pusieron manos a la obra junto a Toni Casas (responsable de sistemas y boat captain) y Bernat Ubía (responsable de maniobra y jarcia) en una nave del puerto de Barcelona. Desde entonces, Aleix y Dídac han estado trabajando codo con codo con el resto del equipo en la puesta a punto de este velero que ya lleva tres vueltas al mundo a sus espaldas: la Vendéee Globe 2000-2001 y las dos primeras ediciones de la Barcelona World Race, bajo los nombres de Educación Sin Fronteras y Fòrum Marítim Català. «Ha sido como un trabajo de arqueología», explica Dídac, «porque al principio no sabíamos en qué estado estaban la electrónica y los diferentes elementos. Más que grandes modificaciones, lo que hemos hecho es aprovechar un barco muy fiable. Hemos revisado, sustituido y puesto al día todo lo necesario, como la jarcia, las velas y los sistemas de energía», recalca Toni Casas, a quien se le nota el cansancio acumulado por treinta días sin descanso, en lo que es el último sprint para dejarlo todo a punto.

Tras diez meses de trabajo y después de las necesarias 2.800 millas de calificación para la regata, que cubrieron el pasado agosto en aguas atlánticas, a mediados de diciembre salieron a hacer las últimas maniobras de preparación y ajuste de sistemas y velas, acompañados por 7k. Frente a la costa catalana y con la previsión de un temporal de viento de hasta 45 nudos y olas de hasta cuatro metros, tan solo el “invitado” tuvo un amago de mareo al despertar, después de una noche de navegación. El interior, austero y con lo imprescindible para cocinar la comida liofilizada (un fogón para calentar agua), trazar la ruta en los numerosos aparejos electrónicos, guardar las velas en el interior del casco, en la proa, y descansar en unas literas, que a un servidor le supieron a poco.

Este barco es un Fórmula 1 de la navegación y, por eso, la comodidad no es en lo que destaca. En cambio, tanto para Dídac como para Aleix, los tres meses que tienen por delante son un sueño hecho realidad. Navegantes desde pequeños, con muchas travesías y títulos a sus espaldas, este bombero en excedencia y este arquitecto que dejó los planos para dedicarse profesionalmente al mundo de la navegación han alcanzado su objetivo. «Cuando supimos que teníamos opción de participar en la Barcelona World Race, nos hicimos extirpar el apéndice», dice, como si nada, Aleix. Esto fue en julio de 2013. Toda precaución es buena, pues les esperan por delante 23.000 millas náuticas sin escalas. Aunque seguramente serán más, debido a que serán los vientos quienes marquen su ruta. Sobre el mapa, buscarán las latitudes bajas del planeta. Se deslizarán hacia el sur hasta alcanzar los vientos alisios, pasadas las islas Canarias. Estos vientos, que soplan de nordeste a suroeste, les servirán para cruzar el Atlántico acercándose a las costas de Brasil. Allí, con la ayuda del anticiclón de Santa Helena, volverán a tomar rumbo hacia el este para superar África por el cabo de Buena Esperanza. Esto supondrá que han superado los «Cuarenta rugientes», los duros vientos que levantan enormes olas en el Atlántico sur. Pasado el cabo entrarán en el Océano Índico y circunnavegaran la Antártida evitando las zonas de navegación restringida por el peligro de hielo flotante y dejando los cabos de Leeuwin, en Australia, y el mítico Hornos, en Chile, a babor. De nuevo en el Atlántico, pondrán rumbo al norte hasta llegar de nuevo al Mediterráneo para alcanzar Barcelona.

Este es su principal objetivo. Completar la regata. «Nosotros lo daremos todo en el agua para acabar lo mejor posible, pero somos realistas y tenemos pocas posibilidades de hacer un buen resultado con los medios con los que hemos contado», confiesa Aleix, mientras Dídac asiente, mirando hacia proa, al mando del timón. Y es que ellos no solo tendrán que preocuparse de navegar bien y rápido, porque tras la vertiente competitiva del One Ocean One Planet se esconde mucho más.

La investigación científica y medioambiental. Hay cinco proyectos científicos y medioambientales que les ocuparán parte de su tiempo durante la navegación y «con los cuales estamos muy orgullosos y motivados, pues da un significado extra a nuestra participación. Será, sin duda, un esfuerzo extra, pero que nos compensa de sobra, ya que es nuestra manera de aportar nuestro grano de arena a estos estudios». Son, por ejemplo, un estudio liderado por Jordi Salat, de l’Institut de Ciències del Mar (perteneciente al CSIC), sobre la salinidad de los océanos. Su importancia radica en que irán recogiendo datos tanto de la salinidad como de la temperatura del agua superficial del mar de zonas de las que se tiene poca información al estar alejadas de la rutas de navegación.

Recogerán también datos de salinidad y temperatura del agua, pero en este caso de hasta 2.000 m de profundidad, mediante el lanzamiento de una boya Argo en algún punto del recorrido (esto lo harán también los demás barcos participantes). Por otro lado, el proyecto Citclops, liderado por Jaume Piera (del ICM, como Salat) analizará mediante las grabaciones de las cámaras del OPOO la transparencia, color y fluorescencia del agua del mar, para determinar tanto su calidad como los efectos sobre el plancton. El impacto en el ciclo biológico de muchas especies de la ingestión de los micro-plásticos que abundan en los océanos será, a su vez, objeto de estudio por parte del equipo dirigido por el ingeniero químico Salvador Borros (del Institut Químic de Sarrià, de Barcelona), con las muestras que el OPOO irá recogiendo y enviando vía satélite a lo largo del recorrido.

El quinto estudio se centrará en el sueño, o su falta, y sus efectos. Un sueño que sin duda tendrán que dosificar Aleix y Dídac en la interminable guardia rotativa que, durante tres meses, tendrán que llevar a cabo durante el recorrido. Todo ello mientras suben, bajan y ajustan las hasta diez velas que les permiten viajar a bordo del One Planet One Ocean, y se enfrentan a la dureza de una navegación alrededor del mundo. Un sueño hecho realidad.