2015/01/11

EMAN MOHAMMED, CRONISTA DE GAZA
Mariasun Monzon
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Eman Mohammed es una mujer joven, apenas tiene 26 años. Su carrera profesional como fotoperiodista, sin embargo, goza ya de un largo recorrido y sus fotos se publican en periódicos como “The Guardian”, “Washington Post” o “Le Monde”. Sus instantáneas se han podido ver en museos de todo el mundo y ha sido nominada en cuatro ocasiones para participar en el Joop Swart Masterclass World Press Photo. Empezó con tan solo 19 años. Entonces, era la única mujer fotoperiodista en la zona y todavía hoy sigue siendo la única. Su trabajo no busca ocultar las cicatrices de guerra, sino mostrar la imagen completa de las historias no vistas en Gaza.

Hija de padre jordano con raíces palestinas y de madre palestina, nació en Arabia Saudí, en el exilio. Tenía 3 años cuando se trasladó a Gaza con su madre, y desde entonces su vida y su trabajo se han construido en dicha ciudad.

Ser mujer y fotógrafa en Gaza no es fácil. Eman Mohammed pudo hacer sus prácticas de periodismo en diversos medios, pero las dificultades llegaron cuando se planteó salir a la calle con una cámara de fotos. «Mi trabajo como fotógrafa era considerado como un grave insulto a las tradiciones locales, y creó un estigma para mí y mi familia», declaraba en una conferencia virtual en TED, organización dedicada a la difusión de ideas «dignas de difundir», en setiembre del pasado año. «Dejaron claro que una mujer no debe hacer el trabajo de un hombre», añadía. ¿Resultado? Las agencias de Gaza no le contrataban, sus colegas masculinos le rechazaban e incluso llegó a recibir amenazas de muerte y acosos sexuales. Pero su firmeza por ser la mujer que quería ser le hizo salir adelante. Empezó a trabajar como freelance justo tres semanas antes de la ofensiva israelí contra Gaza de 2008, la llamada “Operación Plomo Fundido”. Tenía 20 años y comenzaba su andadura en solitario, a pesar de que aún no era conocida internacionalmente y a nivel local «nadie me contrataba».

«No quería estar cerca de ninguno de mis colegas. Después de lo que había vivido con ellos, emocionalmente era demasiado abrumador. Así que decidí salir a trabajar sola. Pero no había sido entrenada para cubrir la guerra. Y aprendí tomando el camino difícil», señala en una entrevista también a TED, en la que relata cuál fue el momento decisivo que le hizo seguir adelante: paradójicamente, cuando se rompió la nariz con la cámara debido, precisamente, a su inexperiencia: «La presión cuando se produce un ataque es enorme. No conocía esa presión, y me rebotó la cámara en la cara, rompiéndome la nariz. No es lo mismo que ser alcanzada por un bloque o un misil, pero fue doloroso. Pero en ese momento, lo único que podía hacer era seguir disparando, quería dejar constancia de que había estado allí. Estaba tan asustada...! Podría haber decidido darme la vuelta, decirme ‘No, yo no puedo hacer esto’. Pero seguí sacando fotos. Cuando ves cerca la muerte, las cosas cambian. Y en mi caso, solo cambiaron para bien».

 

La guerra sigue ahí. “iWard” es uno de los proyectos más recientes de Eman Mohammed. Es un trabajo sobre las secuelas a largo plazo de la guerra, una serie de retratos que demuestran que la guerra «puede que haya pasado, pero todavía está ahí». Comenzó el proyecto en Gaza y ahora se ha extendido a otros países, «para mostrar los elementos comunes entre las personas que sufren, porque el dolor no tiene nación».

“Undercober” es también otro de sus últimos trabajos. En él trata de empoderar a las mujeres y tiene el mismo enfoque que “iWard”. Son retratos de mujeres en circunstancias muy especiales, en tareas que no son habituales en Gaza; por ejemplo, uno de ellos recoge a la única mujer que trabaja en la construcción. «No es normal ver fotos de mujeres en Oriente Medio, especialmente en Gaza», por eso, «estos retratos pueden ser alegres, de empoderamiento».

Las fotografías que se muestran en estas páginas pertenecen a varios de sus proyectos y todas dejan constancia de que la vida no se detiene, aunque el dolor permanezca.