Iñaki Berazategi
ZUTIK EMAKUMEAK!

Viaje a la intrahistoria de «Zutik, emakumeak!»

Las protagonistas de la larga e inacabada lucha por la igualdad entre varones y mujeres han dejado tras ellas un rastro no siempre bien conocido, y a veces deliberadamente oculto, de canciones e himnos mediante los que se podría establecer un correlato de la historia del movimiento feminista. He escogido cuatro de estos himnos para intentar trazar con ellos una panorámica del feminismo dentro de un amplio arco cronológico que comienza con la Revolución Francesa y termina en nuestros días.

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La primera escala de este recorrido sonoro será “La Marseillaise des Cotillons”, una versión de “La Marsellesa” hecha en 1848, cuyo título podríamos traducir como “La Marsellesa de las enaguas”. Aunque la música es la misma que compuso Rouget de Lisle para “La Marsellesa”, esta versión del viejo himno revolucionario ofrece una particularidad interesante: es la primera vez que en la historia de esta canción –vale decir en la historia de la Revolución Francesa– se introducen elementos que, de forma explícita, abogan por el reconocimiento de los derechos políticos de las mujeres en un plano de absoluta igualdad con los hombres.

Las mujeres ya habían desempeñado antes un papel decisivo en muchos de los acontecimientos políticos que tuvieron lugar en Francia a partir del 14 de julio de 1789, fecha de la toma de la Bastilla e inicio del proceso revolucionario que alumbró el mundo moderno. Fueron protagonistas –por ejemplo– de la famosa Marcha de las Mujeres, en los primeros días de octubre de 1789, cuando una multitud de mujeres parisinas de toda condición, armadas de picas, fusiles y algún que otro cañón, marchó de París a la corte de Versalles y doblegó a Luis XVI, al que obligó a acatar las disposiciones aprobadas por los representantes del pueblo, entre ellas la crucial, aunque restrictiva, Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.

Restrictiva porque en esta Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano las mujeres carecían de ellos y, en su caso, la condición de “ciudadana” era un reconocimiento puramente nominal, ya que no tenían derechos políticos. De hecho, el sufragio femenino no se implantó en Francia hasta 1944. Por eso no es de extrañar que en 1848, cuando volvió a aflorar el caudal revolucionario que subyacía bajo la aparente tranquilidad de la sociedad francesa, también rebrotaron con él las reivindicaciones insatisfechas de las mujeres.

Así lo pone de manifiesto esta “Marseillaise des Cotillons / Marsellesa de las Enaguas”, escrita por la vesubiana Louise de Chaumont. Las vesubianas eran feministas radicales, seguidoras del utopismo igualitario de Saint-Simon, muy influyente en esa época.

De acuerdo con el ideal igualitario de las vesubianas, esta singular “Marsellesa” pone a escuadra a los varones, a los que tilda de «tiranos con pantalones», «maridos celosos» o «déspotas salvajes» y los acusa de no haberse preocupado de otra cosa en 1793, con la proclamación de la República, que de haberse asegurado sus derechos, olvidando los de sus compañeras:

(…)

Combien de nous furent vexées

Depuis le matin jusqu'au soir !

Nos pauvres paupières lassées

De pleurs étaient le réservoir

Prenons, prenons notre revanche

Que le sexe battu jadis

Aujourd'hui batte les maris

Ainsi, nous serons manche à manche. (1)

(…)

 

Aún hay otra estrofa muy curiosa, la última, en la que la autora rechaza la servidumbre de la moda, evocando la desnudez de la Madre Eva (que «…no tenía camisa ni camiseta») y la de las antiguas espartanas, que no vacilaban a la hora de mostrarse desnudas en público.

«The March of the Women». Del París de las barricadas de 1848 nos trasladamos a la convulsa Gran Bretaña de 1911, donde el statu quo victoriano comenzaba a mostrar los primeros y muy serios síntomas de desgaste interno, como atestiguaron las movilizaciones de las sufragistas británicas.

Agrupadas en la Unión Social y Política de Mujeres (WSPU), cuya principal dirigente era la célebre Emmelinne Pankhurst, las sufragistas británicas (llamadas despectivamente sufragettes) desarrollaron una durísima campaña de movilizaciones para conseguir el derecho al voto de las mujeres, lo que supuso la cárcel para muchas de ellas y hasta causó la muerte de alguna.

Las sufragistas comenzaron sus movilizaciones a los acordes de una versión de “La Marsellesa”, la “Women’s Marseillaise / Marsellesa de las Mujeres”, que puede considerarse el himno oficioso del movimiento hasta que en 1911 fue sustituido por “The March of the Women”:

Shout, shout, up with your song!

Cry with the wind, for the dawn is breaking;

March, march, swing you along,

Wide blows our banner, and hope is waking. (2)

(…)

 

Este nuevo himno de las sufragistas británicas había sido creado un año antes, en 1910, por la notable compositora y militante sufragista Ethel Smyth. El periódico de la Unión Social y Política de Mujeres, “Votes for Women”, dijo de esta “Marcha de las Mujeres” que era «a la vez un himno y un llamamiento a la batalla», palabras que indican lo enconado que era el combate entre las sufragistas y el gobierno británico.

Prueba de este encono es que tanto la compositora del himno, Ethel Smyth, como Emmelinne Pankhurst y centenares de dirigentes y activistas de la Unión Social y Política de Mujeres fueron encarceladas. Emmelinne Pankhurst protagonizó una durísima huelga de hambre. Ante el temor de que muriera, el gobierno británico ordenó que fuera alimentada a la fuerza.

Las prisiones se convirtieron en la mejor caja de resonancia y escuela de aprendizaje de la “Marcha de las Mujeres”. Un amigo que visitó a Ethel Smyth en la prisión de Holloway la recordaba dirigiendo con un cepillo de dientes a un coro formado por sus compañeras de cautiverio mientras cantaban “The March of the Women”.

Las mujeres británicas vieron satisfecha su aspiración al voto en 1918, algo que en el Estado español se hizo esperar hasta 1933, durante la II República. Por esos años, comenzaron a fraguar en los medios anarquistas distintos grupos de mujeres que, a despecho de la igualdad de género preconizada oficialmente por la CNT y otras organizaciones libertarias, proclamaban la necesidad de crear una organización autónoma y formada exclusivamente por mujeres. Surgió así, en abril de 1936, poco antes del estallido de la Guerra Civil, Mujeres Libres, que llegó a tener más de 20.000 militantes y se autodisolvió de facto en 1939 con la derrota republicana.

Aunque no se proclamaban feministas, ya que consideraban el feminismo una manifestación burguesa, los postulados de Mujeres Libres tenían más en común con los planteamientos del feminismo actual que con los de otras organizaciones de mujeres de su época, como la Unión de Mujeres Antifascistas, organización tutelada por el Partido Comunista de España que –al contrario de lo que pretendía Mujeres Libres– solo aspiraba a organizar a las mujeres para que desempeñaran un papel subsidiario en la lucha antifascista.

Mujeres Libres iba bastante más lejos e incluso en plena guerra siguió trabajando en su triple objetivo de emancipar a la mujer de la esclavitud, la ignorancia y la sumisión sexual.

Estos ideales aparecen reflejados en el himno de Mujeres Libres, obra de Lucía Sánchez Saornil, una de las fundadoras de la organización. Se publicó en octubre de 1937, en plena guerra, aunque no se conocía ninguna grabación del mismo hasta que hoy hace cuatro años, el 8 de marzo de 2011, lo grabaron en la capital navarra Iruña Abesbatza y la Fanfarre Libertaria de Navarra.

La letra era la original de Lucía Sánchez Saornil salvo por una pequeña modificación en el primer verso de la primera estrofa. Donde se decía originalmente «Puño en alto, mujeres de Iberia…» ahora se dice

Puño en alto mujeres del mundo

hacia horizontes preñados de luz

(…)

¡Que el pasado se hunda en la nada!

¡Qué nos importa el ayer!

Queremos escribir de nuevo

la palabra MUJER.

(…)

 

«Zutik, emakumeak!». Poco después de la muerte de Franco, durante la Transición, hacia finales de la década de los años 70 del siglo pasado, el movimiento feminista comenzó a hacerse visible y a tomar cuerpo en Euskal Herria. Sus primeros pasos estuvieron acompañados por las notas de una canción que tomó su título del primer verso de su cadencioso estribillo: “Zutik, emakumeak!”. Transcurridas casi cuatro décadas, esta canción de origen incierto y nada estridente se ha convertido en la banda sonora indispensable en las manifestaciones del 8 de marzo o en cualquier acto público relacionado con la vindicación de los derechos de la mujer.

La música de “Zutik, emakumeak!” era la de una vieja canción antifascista alemana que cantaron los brigadistas internacionales durante la Guerra Civil, “Moorsoldatenlied” (Canción de los soldados de la ciénaga). La compusieron en el verano de 1933 tres presos políticos del campo de concentración de Börgermoor, de ahí que también se conozca con el título de “Börgermoorlied” (Canción de Börgermoor). Este campo, situado en la Baja Sajonia, fue uno de los primeros que abrieron los nazis para encarcelar en ellos a socialistas, comunistas y otros disidentes políticos.

La canción llegó al Estado español en la voz de los antifascistas alemanes que combatieron en las Brigadas Internacionales. Brigadistas de otras procedencias la adaptaron tanto al inglés (“The Peat Bog Soldiers”) como al francés (“Le chant des marais”). Fue un brigadista alemán, el actor y cantante Ernst Busch, quien la grabó en marzo de 1938 en Barcelona, en los mismos estudios en los que unos meses más tarde se hizo la primera grabación conocida del “Eusko Gudariak”.

Durante la II Guerra Mundial “Borgemoorlied / Le chant des marais” se difundió a lo largo y ancho de los campos de deportación y exterminio nazis. Terminado el conflicto bélico, las víctimas francesas de la deportación hicieron de él su himno. Conocido también desde entonces como “Le chant des déportés” (El canto de los deportados), pasó a formar parte del rico patrimonio cultural antifascista del país vecino.

El Mouvement de Libération des Femmes (MLF) surgió en el Estado francés a finales de 1970, al calor de los acontecimientos de mayo del 68, en los que ya se hicieron presentes muchas de las reivindicaciones y tendencias que luego habrían de plasmarse de forma organizada en este movimiento.

Las feministas francesas organizadas en el MLF, procedentes en su mayoría de organizaciones de izquierdas y familiarizadas por tanto con el patrimonio sonoro antifascista, recurrieron a la cadenciosa música y a las pautas métricas de “Le chant des marais” a la hora de componer el himno de su movimiento:

Debout femmes esclaves

Et brisons nos entraves

Debout ! Debout ! (3)

(…)

Este “Hymne du MLF” o “Hymne des femmes” pasó a ser adaptado al euskara casi literalmente por el incipiente movimiento feminista vasco, que había comenzado a organizarse en 1976 y pondría de manifiesto su enorme potencial en las primeras Jornadas de la Mujer de Euskadi, que tuvieron lugar en Leioa entre el 8 y el 11 de diciembre de 1977.

Hacer un duplicado del himno del MLF puede ser visto hoy como una pequeña aberración creativa, pero hemos de tener en cuenta que era inevitable que al naciente feminismo vasco le sucediera lo mismo que a otras organizaciones políticas o sociales de su tiempo; que por una simple razón de proximidad encontraran en los movimientos u organizaciones homólogas del Estado francés el espejo en que mirarse, la referencia y el apoyo necesarios para comenzar a dar sus primeros y tímidos pasos tras la negra y larga noche del franquismo.

Estos primeros pasos incluían también aquellos aspectos relacionados con la liturgia que debía acompañar a estos movimientos. En el caso que nos ocupa, la traslación al euskara del himno del MLF francés:

Zutik, emakumeak!

Hautsi gure kateak!

Zutik! Zutik! Zutik!

 

Historia gabe, emazte

Denetan ahantziak

Mende guzietan, emazte

mundutik baztertuak.

 

Zutik, emakumeak!

 

 

(1) Cuántas de nosotras fuimos vejadas/ De la mañana a la noche./ Nuestros pobres párpados cansados/ Eran un depósito de llanto./ ¡Desquitémonos!/ Que el sexo golpeado antaño/ Golpee hoy a sus maridos./ Así estaremos empatadas.

 

(2) Grita, grita, alza tu canción/ Grita con el viento al alba naciente;/ En marcha, en marcha, corre/ despliega nuestro estandarte y despierta la esperanza

 

(3) ¡En pie, mujeres esclavas!/ Y rompamos nuestras ataduras/ ¡En pie! ¡En pie!