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3, 2, 1… Jazz!

Gasteiz recoge el testigo de Getxo como escaparate del mejor jazz. Jose James, el cuarteto liderado por Dave Holland o el dúo de leyendas formado por Herbie Hancock y Chick Corea, son algunos de los reclamos principales de un certamen que reinventa una fórmula conocida, con espacio para los aficionados exigentes, propuestas asequibles y sorpresas.


Es difícil ponerse de acuerdo sobre qué es el jazz en el año 2015, quizás sea más sencillo aclarar lo que no es, desterrando de paso algunos estereotipos irritantes: Desde luego, no es música para bailar… aunque a veces pueda bailarse. No es música para cenar con la parienta, quitarse la ropa o tomar un baño relajante... aunque haya discos que inviten a todo eso y mucho más. Es esencialmente una música donde la exploración, el riesgo, la interacción y la emotividad se cortejan en tiempo real. ¡No me digan que no suena apetecible!

Aclarémoslo ya: estas líneas no pretenden ser una panorámica completa de nada. Si desean una información exhaustiva de todo lo que ofrece el programa de esta 39ª edición del Festival de Jazz de Gasteiz, les invito a visitar www.jazzvitoria.com, donde encontrarán todo lo que necesitan. Pero si no saben por dónde empezar a buscar o prefieren un buffet libre, sigan leyendo y encontrarán algunas sugerencias interesantes.

Para perder el miedo

Anímense a probar sin traumas la noche góspel, en esta ocasión de la mano de Tina Brown y sus Gospel Messengers, un género extático, participativo y apto para todos los gustos. En el Teatro Principal tendrán la ocasión de arropar a un proyecto de aquí, al que deseamos una vida próspera: la recién nacida Euskadiko Ikasleen Jazz Orkestra ofrecerá un repertorio donde folklore vasco y swing se mezclan –con arreglos de músicos contrastados como Gorka Benítez o Gonzalo Tejada– y con la participación especial del saxofonista Jim Snidero. O, si lo prefieren, vayan a ver a la Jason Marsalis 21st Century Trad Band. El benjamín de la popular saga de músicos cambia su habitual set de batería por las mazas del vibráfono, para liderar un combo de jazz tradicional, distendido y lleno de swing.

Aromas del mundo

Hoy día, los festivales de jazz son un bazar donde puede encontrarse de todo. Incluso jazz. Pero también otros estilos más o menos próximos o exóticos, un buen reclamo para atraer a una audiencia más amplia. Es el caso de la música brasileña: la formidable clarinetista Anat Cohen y el dúo formado por Estrella Morente y el Niño Josele presentan sendos trabajos monográficos dedicados a esta cultura amable y sensual. Si recelan del flamenco no se preocupen, el sello distintivo de Fernando Trueba ha sacrificado la jondura en favor de una elegante sobriedad, y el resultado queda más cerca de las producciones de Martirio con Chano Domínguez que del perfil experimental del patriarca Enrique.

En las sesiones climatizadas de media tarde –cómo se agradecen el aire acondicionado y un asiento cómodo– también habrá sitio para propuestas donde el jazz se funde con aromas menos habituales: puede resultar chocante imaginar instrumentos a priori atípicos como el arpa o el acordeón en un contexto de improvisación, pero Edmar Castañeda y Vincent Peirani no son precisamente advenedizos. Música poderosa, intérpretes muy dotados y acompañados formidablemente. Sonidos de la vieja Europa y paisajes llenos de imaginación.

Cita con la ortodoxia

Los aficionados exigentes tampoco pueden quejarse. La cita doble con el trío de Brad Mehldau y el quinteto liderado por Dave Holland es una apuesta segura. El pianista de Texas jamás nos ha decepcionado en directo, aunque tampoco cabe esperar grandes novedades en un formato atemporal que domina, actualiza y exprime con una elegancia y sensibilidad características. En sus manos, Nick Drake o Soundgarden adquieren la misma estatura que Monk o Cole Porter, pretextos intercambiables para la emoción. Grenadier lleva con él media vida y parece ya parte del propio Mehldau, mientras que Ballard ha sabido insuflar al trío una energía distinta a la que proyectaba Jorge Rossy, pero igual de efectiva.

Holland es seguramente el mejor contrabajista que hay –sin desmerecer a Ron Carter y Christian McBride–, y viaja con Chris Potter, Lionel Loueke y Eric Harland, tres jóvenes estrellas bien asentadas entre los mejores de sus respectivos instrumentos, así que el protagonismo promete estar repartido y la calidad asegurada. Otro doble programa idóneo para los más jazzeros es el que completan José James y la pianista Hiromi. James es, con permiso de su compañero de escudería Gregory Porter, la nueva voz del jazz, aunque su inquietud y prolijidad propician encuentros con otras formas musicales –pop, hip-hop, electrónica o nu-soul– con resultados a veces algo irregulares. No obstante, su regreso a la fórmula más ortodoxa del jazz es superlativa, un sentido y elegante homenaje a Billie Holiday sin la menor autocomplacencia. Un discazo, vamos. No obstante, entre sus acompañantes de este verano no hay ni rastro de los músicos de relumbrón que colaboraron en ese proyecto, así que es imposible aventurar el repertorio final que puede ofrecer. Tanto da, el color de su voz lo justifica todo.

Al igual que el vocalista, Hiromi es otra reciente adopción del festival –favorita por méritos propios de muchos espectadores pianistas– que maneja un amplio abanico de argumentos con los que convencer: interpretaciones llenas de inventiva, actitud e intensidad, y una pasmosa facilidad para conectar con la audiencia. Siempre divertida.

Poco podemos desvelar acerca de Herbie Hancock y Chick Corea que no se haya dicho infinidad de veces: como tantos otros músicos inolvidables, maduraron trabajando con Miles Davis y su carrera e influencia llegan hasta nuestros días. Cada vez quedan menos leyendas vivas y ellos lo son, debemos felicitarnos de poder gozarlos una vez más. Aunque personalmente este no me parezca el formato más apetecible para ello, enfrentados cara a cara sin apoyo rítmico: a estos choques de cometas suelen sobrarles efectismo, pero de los maestros siempre cabe esperar momentos de magia. Esta quizás llegue cuando uno de ellos se quede solo bajo los focos y la música pueda respirar mejor. Lo comprobaremos.

Mención especial para la penúltima sensación del saxo tenor: James Brandon Lewis. Como otros músicos jóvenes de su generación, ha asimilado simultáneamente los lenguajes del jazz, el góspel o el hip-hop, incorporándolos a su discurso de un modo perfectamente natural. Al no contar con más apoyo que la propia sección rítmica, el formato de trío es el más exigente para un saxofonista, pero Lewis solventa el desafío como Sonny Rollins en sus mejores grabaciones o, más recientemente, Joshua Redman.

Para perderse en la ciudad

No me gustaría dar por concluida esta guía sui generis sin reseñar esa «otra realidad» del festival, más allá de los focos. Hablo de todas esas programaciones gratuitas diseminadas por la ciudad, donde músicos olvidados por los grandes promotores y artistas locales encuentran un espacio donde ofrecer su música a un público principalmente joven. Propuestas en ocasiones realmente poderosas, que uno puede disfrutar en un contexto más festivo e informal: los franceses Dab Rozer, los sospechosos habituales Steamboat Jazz Band, el cuarteto del violinista georgiano Nika Bitchiashvili o la guitarra avant-garde del catalán David Soler se dejarán oir en locales céntricos como el Man in the Moon o el Café Dublin.

No hay excusa para no disfrutar de música de altísimo nivel esta semana en Gasteiz. La alternativa es quedarse en casa enfrente de un ventilador. Disfruten, y no olviden seguir haciéndolo regularmente, a ser posible en vivo. Nuestros músicos se lo agradecerán.