2015 ABU. 10 CRÍTICA «El secreto de Adaline» Los vampiros no son los únicos que viven eternamente Mikel INSAUSTI El melodrama romántico y el cine fantástico cada vez van más de la mano, aunque a veces se utilizan argumentos de ciencia-ficción como simple excusa para justificar la inmortalidad de alguno de los amantes. Es lo que sucede en “The Age of Adaline”, donde Blake Lively se mantiene durante toda la historia sin envejecer, una vez que su reloj biológico se detiene a la edad de 29 años. La pareja de guionistas compuesta por J. Mills Goodloe y Salvador Paskowitz busca una explicación supuestamente científica para el extraño fenómeno, apuntando que no se demostrará hasta el año 2035. Le echan tanta cara, que hasta me caen simpáticos con su descacharrante teoría, digna de una producción de serie “B”. Según ellos, cuando la protagonista se sumerge a resultas de un accidente de tráfico en las aguas heladas de un lago, sufre una hipotermia que viene a coincidir con la caída de un rayo, que provoca una reacción eléctrica que para si hubiera querido el Dr. Frankenstein. El resultado es que su organismo sufre un colapso genético de tal maginitud, que sus células se mantendrán a partir de ese instante inalterables. Pero la locura del planteamiento inicial también se corta de raíz en ese preciso punto, con lo que el posterior desarrollo narrativo va por otros derroteros bien distintos, olvidándose de cualquier derivación fantástica. El realizador Lee Toland Krieger apuesta por el clasicismo romántico de apariencia épica, intentando engrandecer y embellecer todo el relato, lo que logra a un nivel puramente formal, teniendo en cuenta el mérito que conlleva hacer algo así con unos ajustados 25 millones de dólares presupuestados. Dicho tratamiento elegante ha sido agradecido por el público, y no tanto por la crítica. En resumidas cuentas, se queda en la versión femenina de “El curioso caso de Benjamin Button” (2008), pero sin trascender dentro de sus aspiraciones a perdurar como Adaline.