2015 ABU. 22 ENEMIGOS SIRIOS COMPARTEN EN GRECIA UN MISMO BARCO PARA HUIR DE LA GUERRA El camino de un opositor sirio herido, de un joven kurdo y de un peluquero partidario de Bashar al-Assad convergen en el mismo barco de refugiados, en pleno mar Egeo, pero apenas hablan entre sí, pese a que realizan el mismo viaje hacia lo desconocido. Serene ASSIR AFP Oriundo de Deraa, Jalal, de 38 años de edad, fuma un cigarro en la cubierta del barco mientras cae la noche. Cuenta que se ha cruzado con partidarios del Gobierno durante el peligroso viaje que emprendió desde Turquía con destino a la isla griega de Kos, adonde a diario llegan miles de refugiados. «Intento no hablar de la situación en Siria con ellos, sé que no estaremos de acuerdo», comenta este hombre con los ojos rojos de cansancio. «Incluso si la guerra siria acabara ahora, creo que se necesitaríamos años antes de que las cosas vuelvan a la normalidad», añade. La guerra en Siria, que comenzó en marzo de 2011, se ha cobrado la vida de unas 250.000 personas y ha obligado a huir a cuatro millones de sirios. Jalal, que habla perfectamente el turco, espera llegar a Alemania y encontrar un trabajo dentro de la comunidad turca «hasta que consiga papeles». Sus ojos se llenan de lágrimas cuando se levanta la camisa para mostrar una cicatriz de una herida de bala en el abdomen. «Mi hermana fue asesinada por un francotirador del Ejército cuando intentaba evacuarla del barrio en el que vivía» en 2012. «También me dispararon, pero sobreviví», recuerda. «La guerra es como un barco. No puedo detenerlo y bajarme», añade, mientras la embarcación, que salió de Kos, se dirige hacia Atenas. Tony, un peluquero de 40 años y ojos azules, que viene de una zona de la ciudad de Homs bajo control del régimen, también espera llegar a Alemania y encontrar un trabajo. Él y Jamal seguramente ya se han cruzado, ya que saben que provienen de dos campos opuestos de esta guerra que ambos tratan de olvidar. Sus miradas se cruzan durante un instante, pero rápidamente las desvían hacia otro lado. «Mi esposa vivía aterrorizada, entre coches bomba, hombres armados (los rebeldes) que nos atacaban todo el tiempo», afirma Tony, que al igual que Al-Assad pertenece a la minoría alauí. Homs ha sido una de las ciudades más afectadas por la violencia. «Para mí, nunca hubo revolución», subraya Tony, haciéndose eco de la retórica del régimen. Jalal parece más dispuesto a escuchar a Nechirvan, un kurdo sirio de 20 años, de la ciudad de Qamishlo que huyó porque se negó a «convertirse en un peón de esta guerra. Mi vida vale más que eso», sostiene. «Cada bando buscar reclutar. O te recluta el Ejército o las Unidades de Protección del Pueblo (YPG, kurdas)», afirma este joven de cabello oscuro. Sin embargo, cuando abordan el tema kurdo, la tensión empieza a palparse. «Desde hace cientos de años nuestro sueño ha sido crear un Estado kurdo independiente», dice Nechirvan. «Está bien, pero ¿por qué no esperaron a que el régimen caiga antes de tratar de crear su Estado?», le responde Jalal. Pero en el ferry no solo hay conflictos: Rana, una joven de 26 años, oriunda de Damasco, se casó hace apenas unos días en la isla griega de Rodas con Mohamed, un palestino de Siria, de 38 años, que vive en Copenhague. La pareja, que se conoció en las redes sociales, apoyaba la revuelta en sus inicios, aunque ninguno de los dos hizo campaña. «Actualmente, no apoyo a ningún bando. Solo quiero un futuro», dice esta mujer rubia de ojos marrones, quien piensa que el levantamiento fracasó «porque la gente no estaba unida». Para ella, este viaje es una «inusual luna de miel. Les contaré a nuestros nietos nuestra historia», dice sonriendo. Poco después del amanecer, el barco atraca en Atenas, y los refugiados toman cada uno un camino distinto. A su llegada al puerto ateniense, los refugiados, en mayoría familias con niños y hombres jóvenes, son acogidos por voluntarios de organizaciones no gubernamentales, que les distribuyeron material informativo, La intención de la mayoría es obtener los documentos que les permitan continuar su viaje «hacia el norte de Europa». Su objetivo es atravesar los Balcanes antes de que Hungría finalice la construcción de una valla a lo largo de su frontera con Serbia. A diario, miles de refugiados sirios hacen cola en la estación de autobuses interurbanos de Salónica para dirigirse al paso fronterizo de Eidomeni, entre Grecia y Macedonia. Las islas del mar Egeo están desbordadas ante la llegada masiva de embarcaciones debido a su cercanía con la costa de Turquía. Según ACNUR, en lo que va de año han llegado a Grecia 160.000 refugiados. Granadas ensordecedoras contra refugiados en macedonia La Policía de Macedonia cerró ayer su frontera con Grecia y utilizó granadas ensordecedoras contra los refugiados, hiriendo a cinco personas. Los hechos se produjeron en una zona fronteriza entre la localidad griega de Eidomeni y la ciudad macedonia de Gevgelija. El Gobierno macedonio, país situado en la ruta balcánica utilizada por los refugiados, decretó el jueves el estado de emergencia, una medida que le permite desplegar a las Fuerzas Armadas en esta zona. Unos 250 refugiados sirios, entre ellos niños y mujeres, lograron cruzar la frontera y se agruparon en la estación de tren de Gevgelija, después de caminar por el bosque durante la noche.GARA