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La nostalgia y Martín Beck


Seis horas más tarde, a las cinco menos dos minutos, se puso el sombrero y el abrigo, y empezó a odiar el vagón repleto del metro dirección sur. Seguía lloviendo y le pareció percibir el olor viciado a ropa mojada y a aquella sensación claustrofóbica de ir estrujado entre una masa compacta de cuerpos extraños». Leo esta parte de la primera novela que publicaron Maj Sjöwall y Per Wahlöö con el inspector Martin Beck como protagonista, “Roseanna”. Su lectura me inyecta una dosis de nostalgia que viaja paralela a esa imposibilidad de controlar el tiempo que gobierna nuestras existencias. Añoro los años en los que la gente terminaba de trabajar, se ponía un abrigo o una chaqueta y salía hacia sus casas. El metro, el autobús o el coche eran lugares donde se leían libros de papel, periódicos o, simplemente, se conversaba o se mirada por la ventana, pesando o sin pensar. Nadie te enviaba un e-mail con “asuntos” de última hora y hasta que llegabas a casa, no estabas localizable. Todo sucedía despacio... o eso creo recordar.

Las noticias las daba una voz en la radio y ansiábamos leer la prensa del día. Viajar era inalcanzable para la mayoría y sonaba a aventuras. La vida era tranquila, a pesar de que salíamos a las calles, nos reuníamos y nos divertíamos, trabajábamos, etc. Los «ningún tiempo pasado fue mejor» no volverán, así que las vacaciones quizás consistan en pasear, nostálgicas, por un modo de vida que está en vías de extinción.