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«Freeheld»

Oportunismo carroñero


A la industria hollywoodiense se le podrán recriminar muchas cosas (empezando por su obsesión por la pasta y terminando con su consiguiente desprecio hacia cualquier tipo de código ético y/o moral), pero siempre hay que besarle los pies cuando sale a relucir su inigualable don de la oportunidad. Y es que para estar al tanto de lo que se cuece ahora mismo en el mundo, nada mejor, aparte de la serie “South Park”, que seguir los movimientos tanto de las grandes como de las pequeñas productoras californianas. Y ríanse de los Trending Topic del Twitter. Por supuesto, no es casual que cuando el 2015 ya está pensando en pasarle el relevo al 2016, haya aparecido, como de la nada, un biopic estadounidense centrado en los últimos años de vida de Laurel Hestler, quien al poco tiempo de diagnosticársele un cáncer de pulmón, se convirtió en una de las figuras clave en la reivindicación de derechos de la comunidad LGBT. Con el matrimonio homosexual legalizándose (que ya era hora) de forma viral en los diversos estados de la nación yankee, este era sin duda el momento ideal para sacar el tema. A la ocasión manifiesta de gol le añadimos el factor de Julianne Moore, quien viene de adjudicarse el Óscar, recordemos, por dar vida a una enferma de alzheimer, y parece que la pelota va a terminar, sí o sí, en el fondo de la red.

Pues no. “Freeheld”, de Peter Sollett, no es que de momento sea, de largo, la peor película vista este año en el Zinemaldia (que también), es que su inclusión en la Competición por la Concha de Oro supone, ya de por sí, un descrédito absoluto al propio galardón.

En unos tres o cuatro años, cuando la veamos en su hábitat natural (emitida en la tele, durante una tarde de domingo cualquiera), tendremos que forzar la memoria para recordar en qué escenario la descubrimos. Entonces, podremos reírnos. Mientras no llega el momento, solo queda horripilarse ante el descarado aire y sensibilidad folletinesca del producto, ante su brocha gorda y gula por la fiebre sensible, ante la increíble ausencia de química entre la pareja Julianne Moore & Ellen Page y, sobre todo, ante el maldito sentido de la oportunidad de los peces gordos. La industria también tiene esto, que cuando ve al pueblo con hambre, lo mismo le da arrojarle caviar que carroña.