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EXILIO VASCO, UN DRAMA AL FIN CONTADO

EN UN MOMENTO HISTÓRICO EN QUE EL NÚMERO DE REFUGIADOS POLÍTICOS EN EL MUNDO ALCANZA COTAS DESCONOCIDAS, EL EXILIO VASCO CUENTA AL FIN CON UN RELATO PROPIO, QUE PONE EL FOCO EN LOS ÚLTIMOS 50 AñOS. EN EL SIGLO XX 170.000 VASCOS DEBIERON DEJAR SU PAÍS, PERO MÁS LLAMATIVO AÚN ES QUE ESTE DRAMA HAYA SEGUIDO HASTA HOY.


El sábado fallecía en Baiona Sergio Yegorov, tras 30 años fuera de Portugalete. Le llamaban «Ruso» por un motivo más que justificado. Su madre fue una de aquellas «niñas de la guerra», enviada al refugio soviético mientras tres de sus hermanos y hermanas iban a parar a Bélgica. Lo citó ayer en la presentación de ‘‘Iheslariak-El exilio vasco’’ el historiador Iñaki Egaña, autor del último monográfico de Euskal Memoria. La misma cruda realidad reflejaba, sentada a su izquierda en la mesa, Ikerne Letamendi, nacida forzosamente en París, hija del capitán de gudaris Txomin Letamendi (muerto después por torturas en la cárcel de Guadalajara), y cuyo hijo también ha pasado por el exilio. Así que Egaña se preguntó cómo es posible fechar el inicio de esta tragedia de la huida y no halló respuesta clara. «El vasco es un pueblo de migrantes», concluyó, parafraseando lo que José Mujica destaca de Uruguay.

Las cifras hablan por sí solas. Se calcula que desde 1936 hasta la actualidad unos 170.000 hijos e hijas de este país han emigrado, en su mayoría por motivos políticos. La mayoría lo hizo durante la guerra de 1936, ciertamente para volver poco después, con el estallido de la II Guerra Mundial y el llamamiento al retorno del Gobierno vasco. Así que tanto o más sorprendente que la cifra global, y es aquí donde se fija especialmente Euskal Memoria, resulta que este fenómeno no acabara en los años duros del franquismo (con los 12.000 huidos entre 1936 y 1960), sino que haya seguido después, con otras 3.000 personas exiliadas. Hoy van volviendo a casa poco a poco, pero como recuerda el caso de Yegorov, aún existen.

Nunca hasta ahora se había escrito sobre el exilio vasco con tanto detalle y profusión. Euskal Memoria ha recopilado en cerca de 1.000 páginas la descripción de este realidad difícil de diagnosticar, el recorrido por los siglos, los datos... pero también detalles significativos, testimonios y los nombres de más de 2.000 exiliados de esta última época. El objetivo de la fundación resulta muy ambicioso: llegar a poner nombre, e incluso cara, a cada persona que tuvo que abandonar el país por persecución política, para incluirlo en su potente base de datos. Todo lo ya recopilado refleja una realidad muy dura, pero que habitualmente ha pasado desapercibida o ha sido poco valorada en Euskal Herria. Qué decir ya fuera de estas fronteras...

Ni conocido ni reconocido

Y, sin embargo, ha habido exiliados y exiliadas vascas en todo el mundo. A los destinos más conocidos (Estado francés, Rusia, Argentina o México) se les suman casi 60 estados más, que tienen sus propios epígrafes en este trabajo: Bulgaria, Noruega, Irlanda, Bolivia, Brasil, Túnez, China, Filipinas...

Eugenio Etxebeste Antton, por ejemplo, ha pasado por el Estado francés, Ecuador, Argelia o la República Dominicana. Estuvo ayer en la presentación para destacar que «nunca hemos tenido un reconocimiento de organismos como ACNUR. Cuando lo pedimos, jamás se nos dio una respuesta o esas conversaciones discretas acabaron filtradas a las autoridades competentes». Al hilo de ello, reconoció que siente cierta desazón al ver en qué terminos se habla de los actuales refugiados políticos: «El tema se aborda de una manera judeocristiana, desde la caridad, y habría que enfocarlo desde el no a la guerra, yendo a las causas. No a la guerra, ni fuera ni aquí; sí a la solución, al armisticio, a ir a la raíz de las cosas», planteó.

Ante un auditorio en el que los periodistas se mezclaban con decenas de vascos que han conocido en sus carnes el exilio político, Etxebeste analizó otros problemas conceptuales. Por ejemplo, defendió que el término en euskara, iheslariak, es mucho más correcto que sus equivalentes castellanos: «La mayor parte no somos ‘exiliados’, porque nos hemos desplazado dentro de nuestro territorio; tampoco ‘asilados’, porque no nos han dado papeles; ni ‘refugiados’, porque en general hemos seguido viviendo en la clandestinidad o en situaciones de tolerancia», enumeró. Así que él prefiere hablar de personas huidas, porque «esta no es una situación voluntaria, sino forzada», y tampoco pasiva, sino activa.

Explicó Antton que el exilio «equivale a la cárcel y a la deportación, aunque no haya sido tenido en cuenta así». Por ello, indicó que genera «mártires», aunque también ha dado pie a «grandes logros». El trabajo de Euskal Memoria llega hasta la actualidad, así que incluye la iniciativa de Euskal Iheslari Politikoen Kolektiboa para volver a casa, a modo de aportación al proceso político actual.

Precisamente uno de sus portavoces, Jokin Aranalde, presente en el acto de ayer, abre el capítulo de testimonios, porque el trabajo no se limita a los fríos números sino que da la voz a las personas que lo han sufrido. Incluso a las que lo siguen padeciendo, como Joseba Sarrionandia o Alfonso Etxegarai; o están en prisión, como Mikel Albisu. Y también se recoge la opinión de quienes ya fallecieron pero dejaron escritas sus impresiones sobre lo vivido lejos de los suyos: Telesforo Monzón, Jokin Gorostidi, Jose Miguel Beñaran Argala, Pakito Arriaran, Kepa Ordoki, Federico Krutwig, Jesús María Leizaola...

 

Vieja ruta, ¿nuevo tiempo?

Explica Egaña en la introducción que en lo relativo al exilio vasco «no hay un catálogo uniforme que pueda aplicarse a todas las épocas, ni tampoco una tipología común». Lo innegable es que la necesidad de huir –de la cárcel, de la tortura, de la pobreza, de la falta de libertades...– ha sido algo continuo en Euskal Herria hasta el mismo día de hoy (se calculan unos 35.000 exiliados ya en las guerras carlistas del XIX). ‘‘Una nueva generación, una vieja ruta’’ se titula el capítulo que detalla lo ocurrido en los años 60, en coincidencia con el nacimiento de ETA.

Fue ahí donde surgió otro aspecto interesante de destacar: la solidaridad organizada. Del trabajo de Anai Artea dio cuenta ayer su actual presidente, Mitxel Mendiboure, que evocó aquellos inicios en que el grupo de Aita Larzabal y Telesforo Monzón daba acogida, ayuda médica e incluso acompañaba a la Prefectura a quienes pasaban la frontera huyendo de la Policía y de la tortura. Narró las dificultades posteriores, la ruptura de Txiberta, la sangría de los GAL, la razia del 3 de octubre de 1987, la posterior represión a quienes ayudaban a huir (incluso en Bretaña). los acuerdos hispanofranceses...

La historia llega hasta hoy, hasta la euroorden o la afirmación de Madrid de que apenas quedan unos 300 exiliados vascos. Sea o no el inicio de su fin, esta tragedia de décadas y décadas al menos se ha empezado a documentar y difundir.

 

Algunas de las miles de historias del exilio político vasco

DEPORTACIONES

Las deportaciones del Estado francés en los 80 tenían antecedente; entre 1834 y 1836, 2.232 detenidos fueron enviados a Cuba, Puerto Rico y Filipinas, entonces colonias españolas. Otro tanto ocurrió a inicios del XX, esta vez al Sahara.

LISTA DE AGUIRRE

En 1947, el Gobierno vasco en el exilio elaboró un listado de refugiados de la delegación de Baiona; con sus familias, sumaban 7.739 personas.

FILIPINAS

Al final de la Segunda Guerra Mundial, entre los fusilados en Filipinas por los japoneses había varios vecinos de Elantxobe, que estaban allá refugiados.

PANAMÁ

Deportados vascos fueron testigos de primera línea de la invasión de Panamá por parte de Estados Unidos en 1989. Acabaron saliendo a Venezuela en un avión privado.

TXILLARDEGI

Jose Luis Álvarez Enparantza es considerado como el primer exiliado de ETA. Cruzó la muga en 1960 por Dantxarinea en compañía de Eneko Irigarai y fue recibido por el sacerdote Pierres Xarriton y el exiliado del 36 Agustin Zumalabe.