2015 ABEN. 01 Inhabitable Josu MONTERO Escritor y crítico literario Ala vista de la clónica e hipercomercial cartelera cinematográfica actual, resulta milagroso que el cándido adolescente que yo era en 1977 pudiera pasmarse un sábado por la tarde en un cine de barrio con “Saló”, la más bestial película que he visto nunca. Pasolini entró pues en mi vida de una forma contundente. Y ahí ha seguido. No quería dejar pasar el 50 aniversario de su aún polémico asesinato sin escribir sobre este fascinante tipo tan lleno de aristas. Bolonia, Casarsa y el suburbio romano de Rebibbia conforman su geografía espiritual: el sueño de un mundo arcaico, primordial e inocente, de cuyo asesinato fue cronista privilegiado. Arremetió furibundo «contra ese proceso de homologación consumista que ha transformado irremediablemente el pueblo en masa», perpetrando así toda una mutación antropológica y existencial. Un verdadero genocidio cultural la de esa nueva barbarie –hoy ya omnipresente– que convierte el mundo en un lugar inhabitable. Sus novelas, sus poemas, sus películas, sus obras teatrales, sus ensayos: cualquiera de esas facetas le hubiera bastado para entrar en la historia del arte, para erigirse aún hoy en un tumor en el cuerpo del arte convencional, pleno de lacerante y magmático poder poético. En “Caro diario” (1994), Nanni Moretti recorría con su vespa la cutre carretera de la playa de Ostia hasta el lugar en el que fue asesinado Pasolini; ninguna palabra, solo el piano de Keith Jarret.