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DE REOJO

Pánico


Mundial. El mundo en pánico por una avería global de Twitter. Unas horas que dejaron al universo sin comunicaciones subjetivas, noticias banales retuiteadas, convocatorias y publicidades encapsuladas en ciento cuarenta caracteres. Una red que al fallar crea indefensión, sensación de apocalipsis. ¿Tanta dependencia es real, virtual, viral, profunda o propagandística? He escuchado a un funcionario del Ayuntamiento de Bilbo mostrando públicamente que en esas horas se vieron desbordados y sin recibir la información necesaria para mantener sus funciones. ¿De verdad?

Cuando suceden estos incidentes de origen desconocido, que nunca sabremos con seguridad qué es lo que ha pasado, ni dónde, ni a causa de qué avería o incidente o atentado menor, sentimos que vivimos en una ficción televisada. Que varios millones de ciudadanos del mundo entero se sientan perdidos, desnudos, desconectados por ese fallo en una de las múltiples redes existente, aunque sea predominante por su pajarito silbador, significa que vivimos en un estado patológico, que no es una broma comprobar cómo en todos los lugares la inmensa mayoría de los seres humanos vive mirando una pantalla que en sus manos se convierte en un cordón umbilical con el resto de sus coetáneos, con el amor, la paz, el dinero, la amistad, un remedio placebo contra la soledad de repercusiones cósmicas. ¿Esto es sostenible sicológicamente?

Un pánico que se extiende, que se inocula, que sirve para que recordemos que somos siervos de una tecnología que ni comprendemos ni podemos rectificar ni dominar. Existen unos dueños de esa tecnología y unos chamanes que la convierten en magia o en agresividad económica y hasta militar. Un informático tiene un valor simbólico hoy, similar a un médico en la primera industrialización. Consumimos tecnología con desconocimiento total de sus consecuencias y sus fuentes. Eso sí que produce auténtico pánico.