2016 OTS. 21 COPA 2016 - DOMINION BILBAO BASKET El fuelle se agota con el pase a la final a la vista Gran Canaria remontó una desventaja de 19 puntos, con Oliver, Salin y Eulis Báez como responsables. Arnaitz GORRITI DOMINION B. BASKET 71 GRAN CANARIA 81 Según parece, los rectores de RTVE estimaban que una película de Paco Martínez Soria tenía más glamour que la primera semifinal de Copa, de forma que la retransmisión programada para La1 se veía trasladada a Teledeporte. Ese es el respeto de una televisión pública estatal que no concibe otro mundo más allá de Madrid y Barcelona. Allá ellos, porque la remontada de Herbalife Gran Canaria sobre un bravísimo Dominion Bilbao Basket fue como para merecer mejores parrillas. En parte gracias a los hombres de negro, porque dominaron durante 25 minutos largos, llegando a situarse 19 puntos arriba: 55-36. Pero Albert Oliver aguantaba a los de Aíto; Sasu Salin y Aguilar pusieron las primeras piedras de la remontada, y fue el capitán Eulis Báez, con sus rebotes y sus triples, el que truncó el sueño de los hombres de negro. Los de Sito Alonso llegaron sin fuelle, encajando un parcial de 16-33 en el último cuarto. Brillante Bilbao Basket Una canasta de Mumbrú al poste, más un triple de Hannah significaban las intenciones bilbainas en pos de su primera final copera, mientras que un Gran Canaria poco agresivo aceptaba el intercambio de canastas. Los puntos subían con sencillez, y como los triples bilbainos entraban con mayor facilidad, los hombres de negro se asentaban en cabeza, con 16-11, y a la reacción grancanaria le respondía Raül López con un par de acciones repletas de clase, para asegurar el triunfo bilbaino al final del primer asalto: 22-15. El encuentro resultaba menos físico de lo esperado y los nervios y la desazón empezaban a hacer presa del Gran Canaria, mientras que Bilbao Basket, sin hacer nada del otro mundo, se veía con 10 puntos de ventaja, 28-18, gracias a que Bogris podía moverse en su franja preferida de intensidad. Por si faltaba algo, Bertans hacía sangre clavando un triplazo y provocando una falta en ataque a Báez. Después de su «apagón» anotador de cuartos –aunque aportó lo suyo en otras facetas–, el «cohete letón» entraba en combustión con 8 puntos seguidos, llegando a los 16 tantos la renta bilbaina, 36-20, una máxima que no se mantuvo en tiempo de descanso porque Oliver y Omic –zarandeado por un ataque de vergünza ajena– mantenían a los de Aíto. Un triple de Raül López –Bilbao Basket firmaba 7 de 15 desde la larga distancia, por 2 de 11 de Gran Canaria– dejaba el marcador en un esperanzador 46-34 en tiempo de descanso. Perdidos antes de perder Clevin Hannah anotaba el 55-36 mediado el tercer cuarto. Se veía a la legua que el fuelle bilbaino comenzaba a menguar, sobre todo porque el duelo por el rebote caía cada vez más a favor de los «pío, pío», pero la brega de Hervelle y la dirección de Hannah se bastaban para dejar el partido casi finiquitado. Casi. Oliver empezó a conectar con Aguilar, la defensa grancanaria, al fin, subió en intensidad, y Sasu Salin empezó a encontrar el camino al aro desde más allá de los 6,75 metros. Con 55-48 al final del tercer período, las tornas de la semifinal habían cambiado por completo. Nada cambió con el cambio de cuarto, y el 62-56 tras triple de Hannah quedaba empatado con otros de Pangos y Salin. Rabaseda adelantaba 62-64 y Eulis Báez apareció en los momentos culminantes, con varios rebotes, algunos tapones sobre Bogris y dos triples al final de la posesión. El ala-pívot dominicano sentenció el partido ante un Bilbao Basket que lo dio todo, pero que se quedó sin fuelle y sin el premio de la final. Sito: «No acepto la palabra decepción; me quedo con la palabra orgullo» Tanto Alex Mumbrú como Sito Alonso se negaban a aceptar el término «decepción» tras la dolorosa derrota ante Herbalife Gran Canaria, y preferían quedarse con el «orgullo» de haber disputado la semifinal, y tan bien, durante casi tres cuartos. «El juego que ha ejecutado Dominion Bilbao Basket durante 23 minutos ha sido espectacular», afirmaba un sito Alonso que iba un paso más allá, hasta definir como «irreal lo que pasaba en la pista». «Íbamos 19 puntos arriba por méritos propios porque no dependíamos de meter o fallar, sino porque encontrábamos cada situación perfecta, con un juego de equipo magnífico. Pero en este juego de cuartos es más fácil el cambio de dinámicas. Llevaban un porcentaje de tres paupérrimo, pero la dinámica cambió y han metido seis triples en los siete minutos finales, y nosotros no hemos tenido capacidad de respuesta. Pero no acepto la palabra decepción, sino orgullo», recalcaba el de Monzón. «Competimos hasta el final, luchamos hasta el último segundo. No hay ninguna decepción», remachaba Mumbrú.A. G.