2016 OTS. 22 No pasarán Iñaki LEKUONA Periodista Hace ahora un siglo, el ejército alemán lanzaba una potente ofensiva sobre Verdún. Tras diez meses de combates, el número de bajas, entre muertos, desaparecidos y heridos, llegó a 700.000 soldados de ambos bandos. Fue el combate más brutal de lo que se conoce como primera Guerra Mundial. Entre los militares destacados se encontraba Robert Nivelle, comandante francés que al grito de «no pasarán» dirigió la defensa de la plaza fuerte. Y fue tal su obstinación en contraatacar enviando a los soldados a morir bajo las balas de las ametralladoras, los gases tóxicos y, sobre todo, los obuses, que fue conocido como el carnicero. Aquella barbarie fue el resumen de una contienda por la hegemonía continental. Cien años después, los conflictos son otros, pero los intereses hegemónicos que los impulsan son muy parecidos. Y, sobre todo, aquellas personas que los padecen son del mismo estracto social humilde, aunque no sean europeas. Hoy, la carne de cañón sigue muriendo en las mismas guerras o ahogadas frente a las costas del Mediterráneo. O, si malvive, trabaja hasta la extenuación en fábricas del tercer mundo diseñadas para el primero, o se refugia en cientos de Calais mientras escucha a su alrededor un lema que hoy comparten Trump, Le Pen e incluso Cameron: no pasarán.