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La lucha del 76 agita la memoria


Tres de marzo de 1976. Han transcurrido 40 años y todavía el recuerdo sigue agitando la memoria. Nadie puede olvidar aquella jornada de huelga general ni la lucha obrera de los tres meses que le precedieron. Nadie puede olvidar las asambleas que fortalecieron, organizaron y empoderaron a la clase trabajadora. Nadie puede olvidar la solidaridad que unió al pueblo de Gasteiz y nadie quiere borrar de los recuerdos la masacre ante la iglesia de San Francisco de Zaramaga, ni a los cinco trabajadores asesinados por las Fuerzas de Seguridad del Estado español. Resulta imposible. La memoria colectiva, la que existe a partir de las vivencias y los anhelos, del dolor y las luchas de los pueblos, tiene por costumbre ser pertinaz y desafiante ante la amnesia y el descuido político. Solo cuando la memoria «se desboca y les galopa por encima» se empieza a escribir la verdad de la Historia. Eba Barroso, hermana de Romualdo, uno de los obreros asesinados, en una charla, se refirió con orgullo al barrio en el que vivían entonces y al modo solidario y participativo con que los vecinos organizaban la vida de Errekaleor. Al escucharle me di cuenta de que hablaba de esas historias, subsidiarias de otra gran historia, que remiendan la memoria colectiva y ayudan, como en este caso, a entender mejor por qué la lucha obrera del 3 de marzo del 76 ocurrió.